23 de marzo de 1933

23 de marzo de 1933: Hitler asume todo el poder en Alemania con la ley habilitante

La transición del régimen democrático de la República de Weimar a la dictadura nazi arrancó con la ley habilitante de 1933. El Parlamento alemán firmó su propia sentencia de muerte al otorgar plenas facultades a Adolf Hitler.
23 de marzo de 1933: Hitler asume todo el poder en Alemania con la ley habilitante
Discurso de Hitler en el Reichstag el día en que se aprobó la ley habilitante. Fuente: Archivo Federal Alemán (Wikimedia Commons)

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Tras la derrota en la Primera Guerra Mundial, el Imperio alemán dio paso a la República de Weimar. El país empezaba a depender en gran medida de la economía estadounidense, que pronto se vio ante el crac del 29 en la Bolsa de Nueva York. La Gran Depresión se extendió por Europa, y en Alemania, la más golpeada, se agravó una crisis política y de legitimidad. Todo ese caldo de cultivo impulsó hasta lo más alto del poder a Adolf Hitler, que ya había intentado dar un golpe en Múnich, y al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP). Una vez nombrado canciller, su instrumento para conseguirlo fue la ley habilitante de 1933.

El ascenso al poder

Con una izquierda dividida entre comunistas y socialistas, el NSDAP fue el partido más votado de Alemania en 1932 a base de violencia, propaganda y un discurso de cambio. El presidente Paul von Hindenburg nombró canciller a Hitler el 30 de enero siguiente. Ese nuevo gabinete había contado con la connivencia de las élites alemanas, seguras de poder controlar a su líder. Sin embargo, Hitler consiguió engañar a Hindenburg y a los líderes de otros partidos para celebrar otras elecciones ante la supuesta falta de acuerdos. 

En plena campaña, las llamas devoraron el Reichstag el 27 de febrero. Un comunista holandés fue acusado de estar detrás del incendio y Hitler utilizó el incidente para presionar a Hindenburg por una ley que reducía los derechos fundamentales. Con esa base legal, se llevaron a cabo numerosos arrestos para desarticular a la oposición comunista, que le allanaron el terreno al nuevo líder alemán para la toma definitiva del poder.

Pese a la violencia contra los opositores y a la situación favorable, las elecciones del 5 de marzo no arrojaron los resultados que Hitler esperaba. Entonces de inmediato se anularon los escaños comunistas, por lo que de repente lograba la mayoría. Sin embargo, Hitler todavía estaba lejos de los dos tercios necesarios para aprobar una ley habilitante que le daría al Gobierno poderes plenos y excepcionales. Por eso era necesario convencer a los católicos y a las demás fuerzas conservadoras.

Persuasión y represión: la votación de la ley habilitante

Hitler primero se retrató como el garante de la herencia prusiana. Para ello, el 21 de marzo se celebró el Día de Potsdam, una ceremonia en la que se inclinó ante Hindenburg, demostrando la unión entre el NSDAP y los conservadores. En segundo lugar, Hitler persuadió a los católicos, divididos en el Partido de Centro, al garantizarles libertades y la enseñanza de la religión, que serviría como base para el tratado entre la Alemania nazi y la Santa Sede. Por último, la persecución contra los comunistas y algunos socialdemócratas evitó que abortaran el proyecto de ley habilitante. Incluso el 22 de marzo se abrió el primer campo de concentración contra opositores políticos, en Dachau.

En el Reichstag, la presencia de milicias paramilitares nazis de las SA apuntaló la votación, de modo que la apoyaron todos los partidos menos el socialdemócrata. Mediante la Ley para el remedio de las necesidades del Pueblo y del Reich, o ley habilitante del 23 de marzo de 1933, el Gobierno de Hitler podía empezar a aprobar leyes sin contar con el Reichstag y contrarias a la Constitución. Era la apariencia legal al comienzo de la dictadura nazi.

Hitler o el poder absoluto

El Gobierno de Hitler ya consolidaba el Tercer Reich en apenas unos meses: suprimó los parlamentos regionales, desaparecieron los sindicatos libres, integrados en el Frente Alemán del Trabajo, y solo permitió el Partido Nazi. Estas medidas, como la campaña contra los judíos, se enmarcaban en la política de nazificación de Hitler, que gran parte de la población recibió con entusiasmo. Ese mismo año Alemania salía de la Sociedad de Naciones.

Puertas para dentro, Hitler organizó en 1934 una purga contra los líderes de las SA, que se habían radicalizado y amenazaban con escapar a su control. Era la noche de los cuchillos largos del 30 de junio al 1 de julio y supuso su consolidación definitiva en el poder. Cuando el presidente Hindenburg falleció un mes después, Hitler asumió su cargo: había logrado unir al Estado y al Gobierno en su persona.

Julen Kenk

Madrid, 1999. Graduado en Historia por la Universidad Complutense. Máster en Diplomacia y Relaciones Internacionales por la Escuela Diplomática. Apasionado de las conexiones entre el deporte, la política y la historia.

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