8 de noviembre de 1923

8 de noviembre de 1923: Hitler encabeza el putsch de Múnich

El putsch de Múnich fue un intento de golpe de Estado en la Alemania de 1923 liderado por Adolf Hitler. Su objetivo era instaurar un nuevo Gobierno en Baviera desde donde avanzar hacia Berlín. El fracaso, sin embargo, impulsó al Partido Nazi, que se benefició de la crisis de posguerra.
8 de noviembre de 1923: Hitler encabeza el putsch de Múnich
Adolf Hitler en una gira propagandística en 1923. Fuente: Archivos Federales de Alemania (Wikimedia)

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La derrota en la Primera Guerra Mundial supuso un duro golpe para los alemanes. La República de Weimar, el régimen político que adoptó Alemania tras el conflicto, vivía un ambiente de inestabilidad y descontento social por la crisis económica y la humillación a causa de las condiciones impuestas en el Tratado de Versalles de 1919. Este tratado consideraba a Alemania responsable de la guerra y la obligaba a pagar las reparaciones por los daños generados, lo que la condenaba a una deuda que no podía asumir.

El nacionalsocialismo, una doctrina política totalitaria y nacionalista que defendía la superioridad de la raza aria y el papel del Estado como guía, se expandió como reacción a ese panorama, oponiéndose tanto al liberalismo como al marxismo. Fue adoptado en 1920 por el Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores, abreviado como Partido Nazi, que pronto lideraría Adolf Hitler. Aunque apenas tenía influencia estatal, cada vez era más popular en la región de Baviera, con capital en Múnich. 

La ocupación franco-belga del Ruhr en enero de 1923 por el impago de las reparaciones bélicas reforzó el nacionalismo alemán. El Partido Nazi, que rechazaba el Tratado de Versalles, consiguió miles de afiliados ese año. Pero no fue ese aumento de seguidores lo que le convirtió en la principal fuerza política de Baviera en 1923, sino su capacidad de movilización. Influenciados por la marcha sobre Roma con la que el líder fascista de Italia, Benito Mussolini, había tomado el poder en octubre de 1922, Hitler preparó un golpe de Estado en Múnich para hacerse con el Gobierno de Baviera. Desde ahí, avanzaría hacia Berlín y al Gobierno federal.

El putsch de Múnich o de la cervecería

La ocupación del Ruhr provocó que Alemania aceptase de nuevo cumplir el Tratado de Versalles, lo que radicalizó aún más a la región de Baviera. Algunos líderes del Gobierno bávaro también defendían un cambio en Berlín y comenzaron a negociar con grupos nacionalistas para derrocar al Gobierno federal. Pero el plan que proponía Hitler sobre el golpe en Múnich el 9 de noviembre no les convencía, pues preferían que fuese en Berlín.

Cuando Hitler se enteró de que los líderes bávaros no le habían invitado a una reunión el 8 de noviembre en la cervecería Bürgerbräukeller, decidió irrumpir en ella para acabar con el Gobierno regional, en lo que sería llamado el putsch o golpe de Múnich. Respaldado por la Liga de Combate, una coalición de grupos nacionalistas radicales que contaba con milicias paramilitares, Hitler entró anunciando el estallido de la revolución nacional y la formación de un gabinete provisional. Él mismo asumiría la presidencia con el objetivo de preparar la marcha sobre Berlín. Mientras tanto, los seguidores del golpe ocuparon los cuarteles de la policía y el ejército de la República de Weimar. Sin embargo, no tomaron las oficinas estatales y los centros de comunicación, lo que permitió a las autoridades solicitar auxilio. 

A pesar de la desorganización, Hitler siguió adelante y a la mañana siguiente lideró una marcha hacia el Ayuntamiento de Múnich. Pero la policía, en vez de apoyar el golpe, frenó a los manifestantes. Tres días después fue detenido y sometido a un proceso judicial que la prensa internacional calificó como una burla. Aunque podría haber sido condenado a muerte, los jueces durante la República de Weimar solían considerar los casos de alta traición de la derecha como actos patrióticos, nobles y desinteresados. Así, Hitler solo recibió una pena mínima de cinco años.

La condena como nuevo punto de partida

Adolf Hitler cumplió apenas ocho meses de condena en una cárcel de mínima seguridad, donde podía relacionarse con otros presos y comunicarse con el exterior. Utilizó su periodo en prisión para reflexionar sobre los errores del golpe y planear sus siguientes movimientos. Esto le llevó a escribir el libro Mein Kampf (‘Mi lucha’), donde relata cómo aprovechó su juicio para reforzar su liderazgo y promocionar el nazismo. 

Al ser liberado en diciembre de 1924, Hitler ya era consciente de que no conseguiría el poder por la fuerza, sino que debía usar los beneficios de la democracia de Weimar, como la libertad de expresión y de reunión, y llegar al poder mediante el voto. Consiguió entonces reorganizar el Partido Nazi y que levantasen su prohibición en 1925, pues había sido ilegalizado tras el putsch de Múnich. La desconfianza popular hacia la República de Weimar y las dificultades económicas, potenciadas tras el crac de 1929, permitieron al Partido Nazi un gran avance electoral en las elecciones de 1930. El discurso de Hitler continuó calando entre los alemanes y, tras una sucesión de gobiernos débiles, fue nombrado canciller en 1933. El Partido Nazi comenzaba a transformar Alemania en una dictadura unipartidista.

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Cristina Bermejo

Aranda de Duero, 1999. Graduada en Sociología, Relaciones Internacionales, y Experta en Desarrollo. Interesada en conflictos sociales, derechos humanos y migraciones, así como en temas de género y cultura.

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