Un golpe de Estado es la toma del poder de forma ilegal mediante la violencia o la coerción para desplazar a la persona que lo ostenta o cambiar el sistema político vigente. Son independientes de la ideología y los ha habido tanto de izquierdas como de derechas. Los términos “pronunciamiento”, putsch, “cuartelazo” o “levantamiento” también se refieren a un cambio repentino y violento en el poder político.
Aunque los golpes de Estado se remontan a la Antigüedad, con casos en Grecia o Roma, empezaron a llamarse así en el siglo XVII en Francia. El término original, coup d’État, se utilizó para describir una serie de acciones violentas y repentinas llevadas a cabo por el rey para deshacerse de sus enemigos. Desde el siglo XIX evolucionó con casos sobre todo en América Latina hasta convertirse en el concepto actual.
¿Cómo funcionan?
Los golpistas se proponen adueñarse de los altos cargos de la maquinaria estatal para poder controlarla. Hay quienes sostienen que el golpe de Estado implica siempre apartar de sus puestos al jefe del Gobierno o a su gabinete, que pueden ser relegados a un segundo plano o mantenidos en el puesto pero despojados de poder efectivo. También pueden correr peor suerte y ser forzados al exilio, juzgados —a menudo de manera sumaria— y encarcelados, o ejecutados. Con todo, el golpe también puede venir también de las más altas esferas del Estado: es lo que se conoce como “golpe palaciego”, por el cual personas muy cercanas al líder conspiran contra él para derribarle. Por ejemplo, el dictador de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, llegó al poder en 1979 después de derrocar a su tío, el también dictador Macías Nguema.
Una de las condiciones fundamentales para el éxito de un golpe de Estado es el apoyo dentro de la administración pública. Sin el apoyo o, al menos, la connivencia de la burocracia, las fuerzas armadas o la policía es probable que un intento golpista fracase o no perdure mucho tiempo. El fallido golpe de Hitler en 1923, conocido como putsch de Múnich, es un buen ejemplo: fue detenido al no contar con el apoyo sustancial de ninguna rama de la administración. Hay autores que consideran incluso que la participación de las fuerzas armadas es indispensable para tomar el poder. Los golpistas se servirían así de la capacidad militar o la amenaza de usarla para hacerse con el control. Un ejemplo en el que las fuerzas armadas jugaron un papel crucial fue el reciente golpe contra Omar al Bashir en Sudán.
Golpe de Estado “pacífico” o “democrático”
No obstante, la violencia no es necesaria para llevar a cabo un golpe de Estado: cualquier proceso ilegal empleado para apartar a la autoridad vigente mediante la coerción lo sería. Esto implica que el golpe puede venir también de alguien que ya esté en un alto cargo y se sirva de formas inconstitucionales para aumentar su poder. Es el llamado “autogolpe”, como el del presidente peruano Alberto Fujimori en 1992, cuando asumió plenos poderes, disolvió el Congreso y suspendió la Constitución.
Por otro lado, también se puede hablar de golpes de Estado “democráticos”. Esta aparente paradoja se refiere a cuando el golpe se da con la intención de transitar a un régimen democrático. Este sería el caso de la Revolución de los Claveles de 1974 en Portugal, en la que un golpe militar derrocó la dictadura de Salazar. También lo sería la caída de Hosni Mubarak en Egipto en 2011, en la que el Ejército apoyó a los manifestantes y forzó la salida del dictador, permitiendo la celebración de elecciones democráticas. Sin embargo, el mismo Ejército llevaría a cabo otro golpe de Estado dos años después, dando paso a la dictadura militar liderada por el general Al Sisi.






También hay golpes de estado transversales, como el que dieron los nacionalistas catalanes (de izquierdas y de derechas) en 2017.
me parece interesante ….
Si tienes razón , saludos 。◕‿◕。