Un Estado se define por cuatro características: una población estable y permanente, un territorio delimitado y un Gobierno soberano que actúe sobre su territorio y población con independencia y poseyendo el monopolio de la violencia. Por último, en la práctica, el Estado debe contar con el reconocimiento internacional de otros.
El término “Estado” proviene del latín status y, a su vez, del verbo stare (‘estar parado’). De ahí pasó a utilizarse con fines políticos en la Antigua Roma para referirse al estado de la situación pública, con el término status reipublicae, que aludía al de la República. Los Estados modernos y democráticos, en cambio, cuentan con tres poderes independientes: el poder legislativo, encargado de elaborar las leyes; el ejecutivo, que ejerce la administración del Estado y, el judicial, cuya función es hacer cumplir la ley.
De Estados primarios a modernos
En las primeras civilizaciones, el auge del poder político estaba determinado por un entorno favorable, marcado a su vez por la disponibilidad de agua dulce, tierras fértiles o climas suaves. Los Estados primarios, aquellos que nacieron cuando no existían desarrollos previos ni contacto con otras organizaciones políticas, aparecieron antes del año 3.000 a. C. en Mesopotamia, con los sumerios, y en Egipto, en el período de Uruk.
A partir de entonces, el mundo empezó a estructurarse y dividirse acorde a Estados constituidos en ciudades-Estado, reinos, imperios y sus colonizaciones. Así aparecieron Grecia, Roma, el Imperio persa, los reinos medios de la India o la China antigua. También las civilizaciones americanas, los reinos medievales en Europa, la Edad de Oro islámica o el Imperio español con la conquista de América.
Sin embargo, se considera que el Estado moderno nació con la Paz de Westfalia en 1648, que puso fin al enfrentamiento entre potencias europeas de la guerra de los Treinta Años. Este tratado instauró el conocido como “sistema westfaliano”, un equilibrio entre Estados en el que cada uno era independiente del resto y todos reconocían elementos comunes y unas reglas básicas para sus relaciones mutuas. Desde entonces, el sistema internacional se ha basado en la soberanía de los Estados, definidos por sus territorios, poblaciones, Gobiernos y el reconocimiento de sus iguales. Desde los siglos XVIII y XIX empezaron a consolidarse con la separación gradual de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
Existentes pero no reconocidos
No obstante, muchos otros territorios en el último siglo pueden definirse como cuasi-Estados, ya que reúnen parte de los requisitos o todos ellos pero con deficiencias. Palestina es el ejemplo por antonomasia, ya que solo una mayoría de los Estados lo reconocen como tal, carece de fronteras estables y su Gobierno no tiene plenas capacidades sobre su territorio y población. Otros territorios, como el Sáhara Occidental, reivindican el estatus de Estado pese a que no reúnen los cuatro requisitos.
Con todo, hay entidades políticas que gozan de territorio, población y un Gobierno independiente, pero no son reconocidos por un gran número de países, por lo que están excluidos de la Organización de Naciones Unidas, como Kosovo o Taiwán. España, por ejemplo, es uno de los cinco países de la Unión Europea que no reconoce a Kosovo ya que califica de “unilateral” su declaración de independencia en 2008. Taiwán, por su parte, solo es reconocido por quince países y va perdiendo apoyos que se adhieren a la República Popular China.
Ni siquiera todos los 193 miembros de la ONU cumplen los requisitos para ser Estados. Hay países miembros que no son reconocidos por todos los demás, como la propia China por una decena de Estados, o Corea del Norte, que no es reconocida por sus vecinos de Corea del Sur y Japón.
Muy buen resumen. Estaría bien un artículo sobre la Historia del Estado: cómo va consolidándose a finales de la Edad Media y durante el Renacimiento, después de siglos de extrema debilidad y reparto policéntrico del poder; cómo se culmina en Westfalia, cómo queda justificado ideológicamente (gracias a intelectuales como Hobbes, Bodin o los nacionalistas contemporáneos), cómo fue el paso del estado de derecho al estado social (pasamos de la igualdad ante la ley a la igualdad de oportunidades) y cómo su existencia está quedando cada vez más relativizada ante el auge de poderes oficiales y fácticos de índole internacional.