La relación entre Kosovo y Serbia ha estado plagada de controversias. El nacionalismo serbio afirma que Kosovo es la cuna de su pueblo, pues allí se instalaron los Nemanjić en el siglo XIII. Esta dinastía unificó los territorios de serbios eslavos y fundó su Iglesia ortodoxa. Durante ese tiempo, las ciudades kosovares de Prizren y Peć se convirtieron en las sedes del poder político y religioso de Serbia.
El dominio serbio terminó con la derrota frente a los otomanos en la batalla de Kosovo de 1389. Durante cinco siglos, las autoridades otomanas islamizaron los Balcanes. La religión musulmana se extendió especialmente entre las comunidades albanesas, que aprovecharon las ventajas fiscales que ofrecía el Imperio a cambio de su conversión. En este período, los albaneses aumentaron su presencia en Kosovo.
Ese asentamiento también ha generado disputas históricas. Serbia considera que la población albanesa usurpó sus tierras sagradas a raíz de la invasión otomana. Los albanokosovares, por el contrario, defienden su procedencia de los ilirios, un pueblo indoeuropeo que surgió en los Balcanes en torno al siglo V a. C. Por ello sostienen que son los ocupantes legítimos de Kosovo, ya que los eslavos serbios no llegaron a la región hasta el siglo VII.
Entre el dominio de serbios y albaneses
La primera guerra de los Balcanes puso fin a la hegemonía otomana en 1913. En el final del Imperio, Kosovo ya contaba con una mayoría albanesa. Este crecimiento demográfico se había intensificado en el siglo XIX, en especial con la emigración de turcos y albaneses procedentes de Serbia durante la guerra serbo-turca (1876-1878). Kosovo quedó entonces sometida al Gobierno centralista de Alejandro I (1929-1934), rey de Yugoslavia. La presencia de albaneses en territorio kosovar se redujo debido a las persecuciones de soldados serbios y el asentamiento masivo de eslavos ortodoxos.
La invasión italiana de Albania en 1939 integró la mayor parte de Kosovo en la órbita albanesa, pero tras la Segunda Guerra Mundial el territorio se convirtió en una provincia autónoma serbia, dentro de la República Federal Socialista de Yugoslavia. Sin embargo, el encaje de la población albanesa en esa federación de repúblicas eslavas era complejo. La muerte del mariscal Tito en 1980 exacerbó las tensiones entre serbios y albanokosovares, y el temor del presidente serbio Slobodan Milosević a la independencia de Kosovo le llevó a suspender su autonomía en 1989. Los dirigentes albanokosovares respondieron proclamando la República de Kosovo en 1991, en los albores de las guerras yugoslavas.
La guerra de Kosovo
Para defender su autonomía de Serbia, los separatistas albanokosovares crearon el Ejército de Liberación de Kosovo (ELK). Considerado por Belgrado como una organización terrorista, el ELK rechazaba la senda pacifista de Ibrahim Rugova. Sus enfrentamientos con las fuerzas de seguridad yugoslavas estallaron en la guerra de Kosovo en 1998.
Las tropas de Milosević emprendieron una ofensiva contra el ELK que causó el fallecimiento de miles de civiles y el éxodo de las comunidades albanokosovares. Ante el fracaso de las negociaciones en Rambouillet, Francia, la OTAN decretó su intervención en el conflicto sin la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Entre marzo y junio de 1999, los bombardeos de la Alianza Atlántica a las posiciones serbias causaron al menos 1.200 muertes. El resultado fue la retirada del Ejército yugoslavo y la instauración de la Misión de Administración Provisional de la ONU en Kosovo.
Una independencia controvertida
La implantación del régimen transitorio impulsó las negociaciones entre las partes para definir el estatus de Kosovo, que comenzaron en Viena en 2006 mediadas por el expresidente finlandés Martti Ahtisaari. El plan Ahtisaari consideraba a Kosovo un ente soberano, algo inaceptable para Serbia y Rusia, su aliado en el Consejo de Seguridad.
La amenaza de veto ruso impidió la aprobación de la propuesta y precipitó la declaración unilateral de independencia por parte del Parlamento kosovar el 17 de febrero de 2008. La Corte Internacional de Justicia sostiene que la declaración no vulneró el derecho internacional, pero aún así Kosovo no cuenta con el reconocimiento de Rusia, China, Serbia o España. Por ello no es miembro ni de la ONU ni de la Unión Europea, aunque sí del Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.