7 de junio de 1954

Alan Turing, el padre de la computación moderna

Considerado precursor de la computación y la inteligencia artificial, Alan Turing fue una de las mentes más brillantes del siglo XX. Su ingenio matemático fue clave en la derrota nazi durante la Segunda Guerra Mundial, pero cayó en desgracia al cometer el crimen de ser homosexual.
Alan Turing, el padre de la computación moderna
Retrato de Alan Turing con unos y ceros, base del sistema computacional binario. Fuente: parameter_bond (Flickr)

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Alan Turing murió el 7 de junio de 1954 a los 41 años. Al día siguiente, la escena que la policía de Manchester encontró en su casa fue la del cadáver junto a una manzana mordida impregnada con cianuro. Ya fuera suicidio o un accidente, con su fallecimiento desapareció una de las mentes más brillantes del siglo XX.

Turing, un hombre tímido y desaliñado, había descifrado los códigos encriptados que los nazis usaban para comunicarse en la Segunda Guerra Mundial. Los submarinos alemanes causaban estragos en la flota británica y ponían en peligro la ruta atlántica de suministros, por lo que la hazaña salvó millones de vidas y aceleró el fin de la guerra. Sin embargo, convertido en héroe nacional, Turing sería sometido al ostracismo por ser homosexual.

El padre de la computación

Alan Turing nació en Londres en 1912 en una familia acomodada, y desde niño mostró una capacidad especial para las ciencias y las matemáticas. Durante su etapa escolar no destacó como estudiante, sino que prefería aprender de forma autodidacta. Con apenas diecisiete años, por ejemplo, ya comprendía el trabajo de Albert Einstein.

En 1931 Alan Turing ingresó en la Universidad de Cambridge, donde continuó sus estudios de lógica y matemáticas. Tras graduarse publicó el artículo Sobre los números computables, con una aplicación al problema de decisión, en el que expuso los principios teóricos de su “máquina universal”, un dispositivo que podría resolver cualquier operación matemática resoluble con un algoritmo. Con ello sentaba las bases de la computación, en un logro que le permitió realizar una estancia en Princeton para escribir su tesis doctoral. En 1938, ya de regreso en Cambridge, Turing despertó el interés del Gobierno británico, que le ofreció trabajar en Bletchley Park, el centro de criptografía más importante del país.

Descifrando Enigma

En los albores de la Segunda Guerra Mundial, Alan Turing fue reclutado junto a otros profesores para tratar de descifrar las comunicaciones secretas de los alemanes. Para ello los nazis empleaban una máquina, Enigma, que encriptaba los mensajes con un sistema de codificación. Si conseguían descifrarla, el Ejército británico podría localizar los submarinos alemanes antes que atacaran en el mar del Norte y así salvar muchas vidas.

Enigma funcionaba como una máquina de escribir, pero sustituía cada letra del mensaje por otra con ayuda de rotores que los alemanes reconfiguraban cada noche, de modo que en Bletchley Park trabajaban a contrarreloj. Turing vio entonces que solo otra máquina podría derrotar a Enigma. Así, a principios de 1940 creó Bombe, que obedecía a un algoritmo de probabilidad. Las máquinas Bombe llegaron a descifrar dos mensajes por minuto de sus pares Enigma, lo que permitió acortar la guerra por lo menos dos años. Por su contribución a la derrota nazi, Turing fue condecorado con la Orden del Imperio Británico. 

Alan Turing, del ostracismo al reconocimiento póstumo

Finalizada la guerra, Alan Turing se incorporó al National Physical Laboratory para diseñar el ordenador ACE, el más veloz de la época, pero ante la falta de financiación y el secretismo sobre los avances de Bletchley Park en la computación regresó a Cambridge. En 1948 consiguió una plaza en la Universidad de Manchester, donde profundizó sus estudios sobre inteligencia artificial, continuó diseñando ordenadores y se interesó por la morfogénesis, la formación de patrones en la naturaleza. 

Sin embargo, la vida de Alan Turing se truncó en 1952 con un robo en su domicilio. En los interrogatorios que siguieron a la denuncia, Turing reconoció su homosexualidad, lo que entonces era un crimen en el Reino Unido. Fue entonces condenado por “indecencia grave y perversión sexual”, y para evitar la cárcel se sometió a un tratamiento de castración química con el fin de reducir su libido. Esto le sumió en una depresión que arrastró hasta que murió en su cama el 7 de junio de 1954.

Al día siguiente, la policía fue alertada y encontró una manzana mordida con restos de cianuro, con la que se habría suicidado, aunque su familia lo consideró un accidente. Tras su muerte, Alan Turing pasó al olvido hasta comienzos del siglo XXI, cuando recibió el reconocimiento público en pleno auge de la inteligencia artificial, así como una disculpa posterior del Gobierno y la corona británica.

Julen Kenk

Madrid, 1999. Graduado en Historia por la Universidad Complutense. Máster en Diplomacia y Relaciones Internacionales por la Escuela Diplomática. Apasionado de las conexiones entre el deporte, la política y la historia.

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