18 de abril de 1955

18 de abril de 1955: muere Albert Einstein, el físico más célebre del siglo XX

Albert Einstein falleció en Princeton, Estados Unidos, a los 76 años. Su teoría de la relatividad y la explicación cuántica del espectro fotoeléctrico lo encumbraron en la academia. También contribuyó al desarrollo de la bomba atómica, aunque después se opondría al uso de armas nucleares.
18 de abril de 1955: muere Albert Einstein, el físico más célebre del siglo XX
Albert Einstein en 1947, por Orren Jack Turner. Fuente: Biblioteca del Congreso de Estados Unidos (Wikimedia Commons)

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Nacido en Ulm, Alemania, en 1879, Albert Einstein creció en una familia judía de clase media. Poco después se mudarían a Múnich, donde él comenzó sus estudios marcado por la inquietud hacia la física y las matemáticas. El hundimiento posterior de la compañía eléctrica de su padre le obligó a trasladarse a Italia y a Suiza, donde se graduó en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich en 1900.

Desde adolescente, Einstein se preguntaba por cuestiones como la apariencia de un rayo de luz para una persona que viaja a su lado a la misma velocidad, y dedicó su vida a encontrar respuestas. Muchas llegaron en 1905 con la teoría de la relatividad especial, que junto con su explicación del efecto fotoeléctrico le otorgaría reconocimiento mundial. Tras morir el 18 de abril de 1955 en Princeton a los 76 años, el médico en la autopsia extrajo y robó su cerebro para entender mejor su genialidad: la parte relacionada con la capacidad matemática era más grande de lo normal.

E = mc²

El primer gran punto de inflexión en la carrera de Albert Einstein llegó en 1903, cuando consiguió trabajo en la Oficina de Patentes en Berna. Con la estabilidad financiera que le daba, pudo escribir cinco artículos en la revista Annalen der Physik que revolucionarían la física. El primero, la explicación cuántica del efecto fotoeléctrico, le valdría el Premio Nobel de Física en 1921. Para ello, Einstein aplicó la idea de Max Planck de que la luz podía emitirse o absorberse en conjuntos pequeños de energía llamados “cuantos”. Al trasladar este planteamiento al efecto fotoeléctrico, demostró que la luz no era solo una onda, sino que estaba compuesta por partículas conocidas como “fotones”.

La segunda publicación, donde mide el tamaño y la masa de las moléculas, le valió el doctorado en la Universidad de Zúrich, y la tercera describió el movimiento browniano, según el cual las partículas de polvo en el agua se mueven más a medida que el calor aumenta. Pero el cuarto artículo, en 1905, marcó un antes y un después: con la teoría de la relatividad especial, Einstein planteó que la luz viaja en el vacío a 300.000 kilómetros por segundo. Además, justificó la relatividad del espacio y del tiempo, afirmando que este transcurre distinto para quien viaja a una velocidad elevada que para quien está en reposo. Después completó esta teoría con la equivalencia entre masa y energía, que junto a la gravedad y la aceleración dieron pie a la relatividad general de 1915 (E = mc²), fundamental para comprender el universo.

Albert Einstein, del descrédito nazi a la bomba atómica

Aparte de su pasión por la física y las matemáticas, Albert Einstein se interesó por la política. En la Primera Guerra Mundial defendió al pueblo judío, aunque después se opuso a la creación del Estado de Israel, abogando por uno binacional con los palestinos, e incluso rechazaría la propuesta de presidir el nuevo país. Sin embargo, los nazis le desacreditaron por su origen. Ya en 1931 se publicó el libro Cien autores contra Einstein, y el físico fue incluido en la lista de personas peligrosas para el nazismo. Al ver que corría peligro, partió a Estados Unidos en 1932 y se instaló en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton.

En plenos albores de la Segunda Guerra Mundial en 1939, los físicos alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann descubrieron que podían crear una bomba atómica mediante la fisión de un átomo de uranio, pero el físico húngaro Leó Szilárd intervino para evitar que los nazis consiguieran el arma. Junto a otros científicos, redactó una carta dirigida al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt y consiguió que Einstein firmara a sabiendas de que empujaría al mandatario a actuar. Una semana después, Roosevelt organizaba el Comité Consultivo de Uranio para estudiar la fabricación de la bomba atómica.

Sin embargo, tras comprobar que los alemanes no habían podido desarrollar el arma, Einstein se arrepintió de su decisión. Fiel a su pacifismo, y con las explosiones en Hiroshima y Nagasaki en 1945, pasó a promover con otra decena de científicos el Manifiesto Russell-Einstein contra las armas nucleares, que se publicaría tres meses después de su muerte, en julio de 1955.

Sara Delgado

Madrid, 1999. Doble grado en Relaciones Internacionales y Periodismo. Interesada en temas sociales, derechos humanos y estudios de género.

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