El interés de España en los Balcanes Occidentales siempre ha sido insignificante, en el sentido de que carece en líneas generales de una agenda política para la región. De hecho, los Gobiernos que se han sucedido en España a lo largo de los últimos 20 años siempre han seguido el guion de la política exterior europea, principalmente marcado por otros países con mayor interés estratégico en la región, como Austria o Alemania. Así, de acuerdo con las exigencias de la Alianza Atlántica, España aportó contingentes militares a las misiones de la OTAN en Mostar —Bosnia— e Istok —Kosovo— y participó de igual manera en las misiones de mantenimiento de la paz de la ONU en ambos países. Estas misiones fraguaron una buena reputación española en las comunidades de ambos países.
Kosovo y los Gobiernos de España
La política española sobre los Balcanes rompió con el consenso de la UE en política exterior tras la declaración unilateral de independencia (DUI) de Kosovo en 2008. El Gobierno socialista de Zapatero, con Miguel Ángel Moratinos a la cabeza de la cartera de Exteriores, anunció un día después de la declaración que España no reconocería su independencia, puesto que vulneraba la legalidad internacional. Al mismo tiempo, Moratinos se apresuró a indicar que esta postura poco tenía que ver con la situación territorial en España, y disipó así los fantasmas entre el posible paralelismo de lo que ocurría en los Balcanes y la situación en Cataluña y el País Vasco.
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