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La importancia de Kosovo en la política española

La importancia de Kosovo en la política española
El político austríaco Erwin Pröll da la bienvenida a Hashim Thaçi, ex primer ministro y actual presidente de Kosovo. Fuente: Georges Schneider

Nueve años después del conflicto armado en Kosovo, la antigua provincia serbia declaraba de manera unilateral su independencia. Días más tarde, el apoyo de Occidente era total. Decenas de Estados se volcaban con el país más joven de Europa defendiendo de manera inequívoca su independencia. España no sería uno de ellos.

El interés de España en los Balcanes Occidentales siempre ha sido insignificante, en el sentido de que carece en líneas generales de una agenda política para la región. De hecho, los Gobiernos que se han sucedido en España a lo largo de los últimos 20 años siempre han seguido el guion de la política exterior europea, principalmente marcado por otros países con mayor interés estratégico en la región, como Austria o Alemania. Así, de acuerdo con las exigencias de la Alianza Atlántica, España aportó contingentes militares a las misiones de la OTAN en Mostar —Bosnia— e Istok —Kosovo— y participó de igual manera en las misiones de mantenimiento de la paz de la ONU en ambos países. Estas misiones fraguaron una buena reputación española en las comunidades de ambos países.

Kosovo y los Gobiernos de España

La política española sobre los Balcanes rompió con el consenso de la UE en política exterior tras la declaración unilateral de independencia (DUI) de Kosovo en 2008. El Gobierno socialista de Zapatero, con Miguel Ángel Moratinos a la cabeza de la cartera de Exteriores, anunció un día después de la declaración que España no reconocería su independencia, puesto que vulneraba la legalidad internacional. Al mismo tiempo, Moratinos se apresuró a indicar que esta postura poco tenía que ver con la situación territorial en España, y disipó así los fantasmas entre el posible paralelismo de lo que ocurría en los Balcanes y la situación en Cataluña y el País Vasco.

La elección de Mariano Rajoy, del Partido Popular, como presidente del Gobierno a finales de 2011 no se tradujo en un cambio de postura política respecto al no reconocimiento de Kosovo. De hecho, como consecuencia del empeoramiento de la situación política en Cataluña en los últimos años, la postura negativa de España terminó de exacerbarse. El Gobierno de Rajoy no solo continuó rechazando las mociones presentadas por grupos nacionalistas para reconocer la independencia de Kosovo, sino que también votó en contra de la adhesión de Kosovo a organismos internacionales como la Unesco y la UEFA. Asimismo, a principios de 2018 el mismo Gobierno cuestionó la participación de Kosovo en el proceso de ampliación de la UE y el aún presidente Rajoy se ausentó, ante la presencia de la máxima autoridad kosovar, de la Cumbre UE-Balcanes Occidentales que tuvo lugar en mayo de 2018 en Bulgaria.

Hasta la fecha, 111 Estados miembros de Naciones Unidas y cuatro territorios no miembros —incluido Taiwán— han reconocido la soberanía kosovar. Entre los Estados que se oponen oficialmente a su independencia se encuentran gigantes como los BRICS. Burundi y Surinam retiraron su reconocimiento en el último año. Fuente: Wikimedia

La llegada del socialista Pedro Sánchez al Palacio de la Moncloa en junio de 2018 no ha cambiado la postura oficial. Aunque hasta la fecha su Gobierno no ha llevado a cabo ninguna intervención pública que denote cambios en este aspecto, el actual presidente español —por aquel entonces diputado en el Congreso— defendió en 2010 la posición de su partido en la Comisión de Asuntos Exteriores y votó en contra de una proposición no de ley presentada por Esquerra Republicana en la que se instaba al Gobierno a reconocer a Kosovo.

Sin embargo, la postura de España podría cambiar en un futuro cercano si se llegase a un acuerdo de normalización de las relaciones entre Belgrado y Pristina por el cual Serbia reconociese a Kosovo como Estado independiente. Aunque hace meses dicha opción parecía lejana, el resonado y arriesgado intercambio de territorios entre los dos países podría desembocar en dicho reconocimiento.

Kosovo y el procés catalán: ¿un espejo donde mirarse?

Desde la DUI de Kosovo el 17 de febrero de 2008, los líderes nacionalistas catalanes han sido los defensores más fervientes de un Kosovo independiente. Este apoyo se ha mostrado principalmente mediante valoraciones públicas, proposiciones no de ley en el Congreso de los Diputados y mociones en el Senado.

El encaje político de Kosovo en el proceso soberanista catalán radica en la importancia de la decisión de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en julio de 2010 sobre la legalidad de la DUI kosovar. El histórico dictamen señaló que la DUI no suponía una violación del Derecho internacional, puesto que esta rama jurídica no contiene ninguna prohibición al respecto. La decisión, en palabras del actual presidente de la Generalitat catalana y del anterior presidente de Esquerra, significó un antes y un después para el futuro de una supuesta Cataluña independiente.

Esta lectura por parte de los partidos nacionalistas catalanes supone una interpretación rígida e interesada del dictamen. La decisión de la CIJ señala la singularidad del caso de Kosovo al destacar que la declaración no puede entenderse fuera del contexto de conflicto armado y de la posterior catástrofe humanitaria a finales de la década de los 90. Además, el dictamen apunta la relevancia de que se hubieran agotado las vías bilaterales para llegar a una solución con Belgrado.

“Cataluña no es Kosovo”

Tanto el Gobierno español como algunos de los partidos nacionalistas catalanes han repetido esta frase a lo largo de los últimos años, lo que no ha hecho más que reforzar la comparación entre los dos casos. La cita célebre “Una acción vale más que mil palabras” bien se podría aplicar al problema de estudio del triángulo entre Kosovo, España y Cataluña.

De un lado, el Gobierno español no ha hecho más que reforzar la analogía agravando las relaciones con Kosovo a medida que el proceso soberanista catalán avanzaba. De no haber llevado a cabo una política tan beligerante y haber reconocido a Kosovo como Estado, podría haber disipado la comparativa con Cataluña.

Por otro lado, el Govern catalán ha instrumentalizado el dictamen de la CIJ para fortalecer la vía unilateral para la independencia de Cataluña y se ha olvidado de las particularidades que presentaba la situación político-territorial de Kosovo en dicho dictamen. De hecho, parece difícil que Cataluña pueda encajar en el mismo supuesto; ninguna de las partes debería querer que la situación de conflicto de Kosovo se replique en Cataluña.