Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu, nació en 1689 en el castillo de La Brède, cerca de la ciudad francesa de Burdeos. Su familia formaba parte de la nobleza gala durante el reinado de Luis XIV. Montesquieu creció y estudió Derecho durante el mandato del Rey Sol, punto álgido del absolutismo en Francia. En 1714, un año antes de la muerte del monarca, el barón entró en el Parlamento de Burdeos como consejero. Allí comenzó a impregnarse de los valores liberales que caracterizaron el pensamiento de la Ilustración.
Durante ese tiempo, Montesquieu viajó por Europa y conoció los principales sistemas políticos de su época. Le fascinó en especial la monarquía constitucional implantada en Inglaterra tras la caída de Jacobo II en la Revolución Gloriosa de 1688. Esta forma de gobierno limitaba el poder del rey a las decisiones de un parlamento elegido mediante sufragio censitario. El ejemplo británico inspiró a Montesquieu, que empezó a erigirse como uno de los principales críticos del régimen absolutista francés.
Su figura se dio a conocer en 1721 con la publicación de Cartas persas. En esta obra, el autor refleja de forma satírica las contradicciones de la sociedad francesa de entonces. Montesquieu cuestionaba las bases del Antiguo Régimen, que mantenía el absolutismo frente a una sociedad cada vez más hastiada por la situación económica y más consciente de su poder político. El éxito que adquirió con este libro le valió un puesto en la Academia Francesa en 1727.
La separación de poderes como alternativa al absolutismo
Reconocido como una eminencia de las letras francesas, Montesquieu se consolidó con su obra magna El espíritu de las Leyes en 1748. En este libro, el pensador bordelés desarrolló la teoría de la separación de poderes que había esbozado el empirista británico John Locke. El barón propugnaba un modelo político en el que cada uno de los tres poderes del Estado —ejecutivo, legislativo y judicial— estaría dirigido por un órgano autónomo y diverso. Estos poderes, a su vez, controlarían la acción de los otros para evitar cualquier práctica despótica.
El equilibrio de poderes pretendía acabar con la idea hobbesiana de que el poder debía concentrarse en una única autoridad, tal y como sucedía en la Francia ya de Luis XV. En el Estado de Montesquieu, la ley imperaba sobre la arbitrariedad de las autoridades estatales. Asimismo, el filósofo francés también enarbolaba la noción de soberanía nacional. Montesquieu consideraba que la base de su sistema político era la elección de los representantes políticos a través del voto emitido por ciudadanos libres y legalmente iguales. Los parlamentarios escogidos en las urnas no ostentaban un mandato imperativo, sino representativo. Esto significaba que los integrantes de la Asamblea Nacional debían obedecer a los intereses del conjunto de la sociedad y no solo a los de sus votantes.
Montesquieu, precursor de la democracia liberal
La teoría de la separación de poderes se convirtió en un pilar esencial de la filosofía política de la Ilustración. En apenas dos años, El espíritu de las Leyes alcanzó veintidós ediciones, causando revuelo entre los círculos religiosos más influyentes de Francia. Tanto es así, que la Iglesia católica lo incluyó dentro de su Índice de libros prohibidos en 1751. Sin embargo, la obra de Montesquieu caló entre los revolucionarios liberales de la época y el eco de sus ideas resonó en el mundo anglosajón, sobre todo en las colonias británicas de América. Después de alcanzar la independencia en 1776, los padres fundadores de Estados Unidos utilizarían la doctrina de Montesquieu como la base de su nuevo sistema político.
Montesquieu falleció el 10 de febrero de 1755 en París aquejado por una intensa ceguera. Tras su muerte, la teoría de la separación de poderes se convirtió en el principal fundamento de los regímenes constitucionales liberales. Su obra tuvo influencia directa en autores como Jean-Jacques Rousseau, Alexander Hamilton o Alexis de Tocqueville, y su modelo de democracia representativa ha trascendido hasta ser el sistema político imperante en Occidente. Por todo ello, Montesquieu está considerado como uno de los referentes intelectuales de la Revolución francesa y uno de los padres de la filosofía política moderna.






