24 de mayo de 1337

24 de mayo de 1337: comienza la guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra, la más larga de Europa

La guerra de los Cien Años enfrentó durante más de un siglo a Francia e Inglaterra por el control de la corona gala. Cinco reyes de cada monarquía y una campesina, Juana de Arco, heredaron el conflicto, hasta que los franceses vencieron en 1453.
24 de mayo de 1337: comienza la guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra, la más larga de Europa
Batalla de Crécy (1346), por Jean Froissart en el siglo XV. Fuente: Biblioteca Nacional de Francia (Wikimedia Commons)

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La guerra de los Cien Años, que duraría 116, fue un conflicto de origen feudal entre Francia e Inglaterra por el control de la corona y territorios franceses. La rivalidad entre ambos reinos se remontaba al siglo XII, cuando la dinastía francesa Capeto quiso ampliar sus posesiones. Para ello, el rey Luis VII se casó en 1137 con Leonor de Aquitania, heredera de este vasto territorio al sudoeste de Francia. Sin embargo, se separaron quince años después, y Leonor se desposó con Enrique II de Inglaterra, de la casa Plantagenet, por lo que Aquitania pasó a formar parte de la corona inglesa estando en territorio francés

Aquitania o el estallido de la guerra de los Cien Años

Las tensiones entre Francia e Inglaterra se recrudecieron en 1328, cuando el francés Carlos IV murió sin descendencia. Eduardo III de Inglaterra, duque de Aquitania y sobrino del difunto monarca, se apresuró a reclamar la corona, pero Felipe de Valois, primo también de Carlos IV, se hizo con ella. La guerra terminó de estallar el 24 de mayo de 1337, cuando el ya coronado Felipe VI sumó la Guyena a la confiscación del ducado de Aquitania a los ingleses.

La respuesta de Eduardo III no tardó en llegar, pues aprovechó su primera gran victoria en La Esclusa en 1340 para autoproclamarse rey de Francia. Desde entonces, los ingleses llevaron la ventaja en el conflicto, pues ganaron importantes batallas a través de cabalgadas con las que arrasaban cosechas y aldeas, como Crécy en 1346. Gracias a ello sitiaron Calais, que controlarían hasta el siglo XVI. Aquel año, sin embargo, el brote de peste negra que asoló a toda Europa paralizó la guerra.

La siguiente gran victoria de Inglaterra se produjo en la batalla de Poitiers, en 1356. Allí capturaron a Juan II, hijo de Felipe VI, y cuatro años después le obligaron a firmar el tratado de Brétigny. Eduardo III renunciaba así a la corona francesa a cambio de recibir el control de varios territorios en el norte y sudoeste de Francia, y comenzaba un periodo de paz que, no obstante, duraría poco.

Treguas, batallas y Juana de Arco

La tregua de Brétigny acabó en 1369, cuando Carlos V ascendió al trono francés y empezó a reconquistar gran parte de Aquitania y Bretaña, de forma que los ingleses solo se quedaron con Calais y Gascuña. Los años siguientes estuvieron marcados por la búsqueda de ayuda papal, pues el cisma de Occidente dividió en 1378 a la Iglesia católica entre los partidarios de Urbano VI, como Inglaterra, y Clemente VII, apoyado entre otros por Francia. A este periodo también le siguió una paz intermitente, cuando Ricardo II de Inglaterra, nieto de Eduardo III, se casó en 1389 con Isabel de Valois, hija del nuevo monarca Carlos VI.

La unión consolidó una tregua de dos décadas, pues además cada reino tenía sus problemas. Ricardo II fue destronado en 1399 por Enrique IV, primer rey de la casa Lancaster, y en Francia se desató una guerra civil entre borgoñones y armañacs en 1407 por controlar la regencia de Carlos VI, incapaz de gobernar por sus brotes psicóticos. No obstante, la situación cambió con Enrique V de Inglaterra, quien volvió a la ofensiva y ganó la batalla de Azincourt en 1415. Cinco años después obligó a Carlos VI a designarle regente y heredero de la corona gala.

Servida la victoria inglesa, sin embargo, una joven campesina francesa cambió el rumbo del conflicto. Juana de Arco creyó oír la voz de Dios instándole a ayudar al heredero al trono francés, Carlos VII, a derrotar a los ingleses. Así se lo hizo saber, y recibió el mando de un ejército en 1429. Juana y sus tropas liberaron Orléans y obtuvieron una victoria decisiva en Patay. La guerra entonces dio un vuelco, también por el predominio borgoñón desde 1435, y Francia empezó a recuperar los territorios perdidos, hasta que asestó el golpe final en la batalla de Castillon de 1453. Tras la guerra de los Cien Años, Inglaterra no volvió a reclamar la corona gala, mientras que la monarquía francesa salió reforzada gracias al haber centralizado el poder para ganar la guerra más larga de Europa.

Ana Raya

Madrid, 1998. Graduada en Relaciones Internacionales (UCM) y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos (UC3M). Interesada en conflictos espaciales, fronteras, mapas y geopolítica crítica.

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