Thomas Hobbes nació el 15 de abril de 1588 en Westport, un pueblo al sudoeste de Inglaterra. Desde muy pequeño mostró interés por las letras y los clásicos, lo que en 1608 le convirtió en tutor del joven William Cavendish, por aquel entonces futuro segundo conde de Devonshire. Durante los veinte años que acompañó a su pupilo, Hobbes estudió la historia de Inglaterra, Grecia y Roma, tradujo la Historia de la guerra del Peloponeso de Tucídides y viajó por Francia e Italia, donde conoció al filósofo René Descartes y al científico Galileo Galilei. Estas experiencias marcaron la filosofía del británico, ya que el republicanismo que había conocido en Venecia y las ideas de miedo, poder y fuerza que descubrió en la obra de Tucídides le lanzaron a los brazos del absolutismo.
El pensamiento de Hobbes está muy influido por el momento histórico en el que vivió. Durante sus años como tutor de Cavendish tenía lugar en Europa la guerra de los Treinta Años (1618-1648), un conflicto que enfrentó a las principales potencias europeas por motivos religiosos y políticos. Aunque la guerra afectó sobre todo al continente, sus efectos también llegaron a las islas británicas, así que el rey Carlos I de Inglaterra obligó a sus súbditos a pagar más impuestos para financiar la contienda. El Parlamento, sin embargo, desaprobó la medida. Surgió entonces una escisión entre los defensores de Carlos I, que abogaban por una monarquía absoluta, y los partidarios del propio Parlamento, que querían limitar el poder real. Este fue el germen de la revolución inglesa, que dio lugar a tres guerras civiles entre 1642 y 1688. Hobbes vivió así la mayor parte de su vida con conflictos bélicos de fondo hasta su muerte el 4 de diciembre de 1679.
El Leviatán como producto de la guerra
Como Hobbes vivió dos guerras, su principal preocupación fue la consecución de la paz. El filósofo reflexionó acerca de la naturaleza del hombre y de las razones que lo llevan a enfrentarse, pero sus ideas no contribuyeron a calmar los ánimos en Inglaterra, sino más bien lo contrario: le valieron el exilio. Desde 1640 circulaba entre los ingleses Elementos del derecho natural y político, una obra donde Hobbes defendía la monarquía de Carlos I y abogaba por el absolutismo, pero rechazaba el poder divino del rey. Sus ideas políticas, filosóficas y religiosas lo forzaron así a exiliarse a Francia desde 1642 hasta 1652, aunque estos diez años fuera le sirvieron para escribir Leviatán, su obra más famosa.
En Leviatán, Hobbes explica que la única manera de evitar la guerra y conseguir la paz es que los hombres renuncien a su derecho de ejercer la violencia en favor de una entidad política superior: el Estado absoluto. Para el filósofo, la presencia de un Estado fuerte y soberano que posea el monopolio de la violencia y controle la vida de sus súbditos es la única forma de salvar al hombre de su estado natural, la guerra de todos contra todos. Hobbes fue así el primero en hablar de contrato social: los hombres renuncian al conflicto a cambio de que el Estado les garantice su derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad, para lo que, según el filósofo, su poder tiene que ser absoluto. De ahí que comparase al Estado con el monstruo bíblico Leviatán, una criatura artificial e invencible, pero destinada a proteger a la humanidad.
Hobbes, del absolutismo a la dictadura tecnológica
Se suele decir que Hobbes es el padre del Estado moderno porque su Leviatán habla por primera vez del Estado como forma de organización política y justifica que posea el monopolio de la fuerza. Sus ideas, sin embargo, contribuyeron sobre todo a la consolidación del absolutismo en Europa durante los siglos XVII y XVIII. La filosofía hobbesiana apuntaló las monarquías absolutas en Francia, España, Prusia y Rusia, que no dejaron de concentrar poder hasta 1789, cuando estalló la Revolución francesa.
En cualquier caso, las ideas de Hobbes trascendieron su contexto histórico. De hecho, la visión realista de las relaciones internacionales bebe de su pensamiento. Según esta doctrina, las relaciones entre Estados son una lucha de poder constante donde tan solo los más fuertes pueden ganar. Esta guerra de todos contra todos es igual al estado natural del hombre que defiende Hobbes: sin una figura política superior que los controle, los Estados solo compiten entre sí. Por eso los realistas creen que el sistema internacional es una anarquía donde prevalece la ley del ejército o la economía más grande.
Por otro lado, el pensamiento de Hobbes también se ha utilizado en los últimos años para denunciar el poder que la inteligencia artificial, los algoritmos, la robótica y los datos no dejan de acumular. El “Ciberleviatán” sería así una dictadura tecnológica que utiliza los avances en la esfera digital para controlar a sus ciudadanos, y se insinuaría bajo dos modelos distintos: los de Estados Unidos y China.