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Rusia y Japón están en guerra. Al menos oficialmente, pues nunca firmaron un tratado de paz después de la Segunda Guerra Mundial. La causa son las islas Kuriles, un archipiélago que Moscú controla y que Tokio reclama. En 2018, el entonces primer ministro japonés, Shinzo Abe, acordó acelerar las negociaciones, pero su dimisión en 2020 enfrió el proceso y paralizó otros proyectos con Rusia. Por si fuera poco, ese año el Parlamento ruso había declarado inconstitucional ceder su territorio a potencias extranjeras.
La invasión de Ucrania y el asesinato de Abe en 2022 evaporaron lo que quedaba del acercamiento. Rusia se ofrece a tratar la cuestión territorial, pero sostiene que su propiedad sobre las Kuriles es indiscutible. El actual primer ministro japonés, Fumio Kishida, también ha optado por un tono más duro, declarando incluso que las islas del sur del archipiélago están “ilegalmente ocupadas por Rusia”. Ahora que la tensión internacional en torno a Moscú alcanza su cota más alta desde la Guerra Fría, un frente en el este es otra preocupación para el Kremlin: las Kuriles son un enclave estratégico, y Japón un aliado de Estados Unidos.
Un archipiélago clave para dos países
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