Corea del Norte ya es una potencia nuclear y quiere que el mundo lo sepa

Pionyang ha aprobado una ley que le permite lanzar un ataque nuclear sin previo aviso y este año ha lanzado decenas de misiles balísticos para mostrarlo. El arsenal es clave para la supervivencia del régimen norcoreano, y Kim Jong-un ha asegurado que no se deshará de él.
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Corea del Norte ya es una potencia nuclear y quiere que el mundo lo sepa
Fuente: elaboración propia con imágenes de Wikimedia

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De intentar transmitir una imagen conciliadora a lanzar misiles balísticos. Si en años anteriores Corea del Norte había intentado facilitar un acuerdo con Estados Unidos y el levantamiento de sanciones, en 2022 lo ha revertido casi por completo. Frente a los ocho tests de misiles que realizó en 2021, este año lleva medio centenar, el último el 18 de noviembre, que suman casi noventa misiles. Uno de ellos, en octubre, sobrevoló Japón antes de caer al mar, obligando a las autoridades niponas a recomendar a los ciudadanos del norte del país que buscaran refugio.

La última vez que los norcoreanos habían lanzado un misil que sobrevoló territorio japonés, en 2017, realizaron un ensayo nuclear a los pocos días. Por tanto, la prueba reciente confirmaba una nueva etapa: Pionyang había aprobado en septiembre una ley con su doctrina nuclear y los casos defensivos y ofensivos en los que utilizaría sus misiles en combate. En un discurso posterior, el líder supremo Kim Jong-un aseguró que el arsenal nuclear estaba para quedarse, dejando claro que el estatus de Corea del Norte como potencia nuclear es irreversible.

Disuasión y cinco escenarios de uso

La ley de 2022 actualiza una de 2013 que ya ofrecía algunos detalles sobre la doctrina nuclear norcoreana, pero la nueva es mucho más completa. Ofrece argumentos para justificar que el país tenga armas nucleares y cuándo se reserva el derecho a utilizarlas. Según el texto, el arsenal nuclear existe principalmente como elemento de disuasión. Es la excusa que más usan los Estados que poseen estas armas, pues suponen que un potencial agresor evitará escalar un conflicto si el agredido puede responder con misiles nucleares. En el caso de Corea del Norte, la ley especifica que solo utilizará estas armas contra Estados que también las posean, pero también contra un Estado no nuclear que esté aliado con uno de ellos. Una advertencia al binomio Corea del Sur-Estados Unidos.

El texto contempla cinco escenarios para el uso de armas nucleares. El primero sería como respuesta a otro ataque nuclear o cuando sea inminente, pero en el resto Corea del Norte se abre a atacar sin siquiera esperar esa amenaza. Así, la ley contempla un ataque nuclear si otro país pone en peligro la vida de sus altos dirigentes o de la cadena de mando a cargo del arsenal. También frente a un ataque militar contra infraestructura estratégica o cuando sea inminente, para prevenir el estancamiento de un conflicto u obtener ventaja decisiva sobre el enemigo si no hubiera alternativa. Por último, Pionyang se reserva el derecho a lanzar un misil nuclear ante una crisis que amenace la existencia del Estado y la seguridad de su población.

Varios de estos escenarios son deliberadamente ambiguos. Por ejemplo, Pionyang evita describir qué entiende por una crisis de gran calibre, o qué elementos de su infraestructura considera tan críticos como para que un ataque contra ellos merezca la represalia atómica. Así evita ponérselo fácil a sus enemigos, que deberán calibrar sus acciones ante la incertidumbre de si los norcoreanos las consideran tan graves como para responder con el arma nuclear.

Por otra parte, no es raro que un país se permita utilizar primero sus misiles nucleares. De todos los que tienen estas armas, solo India y China se han comprometido a no ser los primeros en utilizarlas en una guerra. Los demás, como Corea del Norte, prefieren dejar la duda sobre cómo reaccionarían si les agreden. Así, mientras que en teoría sería posible atacar China o India con la seguridad de que no emplearán armas nucleares mientras no se usen contra ellos, habrá que pensárselo dos veces antes de atacar a los otros.

Corea del Norte: de Estado gamberro a potencia nuclear

Tras aprobar el texto, Kim Jong-un subrayó que Corea del Norte no se desharía de su arsenal “ni aunque se enfrente a cien años de sanciones”. Por tanto, se cerraba a volver a considerar cualquier iniciativa en este sentido, como hizo en 2018. Para reforzar su postura, con esta ley el país insiste en ser reconocido como una potencia nuclear responsable para participar con normalidad en las relaciones internacionales. India, Pakistán e Israel ya obtuvieron la bomba sin el beneplácito de la comunidad internacional.

Al hacer públicos los casos en los que utilizaría misiles atómicos, Corea del Norte pretende evitar malentendidos y alejarse de la imagen de “Estado gamberro” que le acompaña desde que probó su primera bomba nuclear en 2006. De hecho, el texto compromete a Pionyang a no desplegar armas nucleares en otros países, ni a transferirles tecnología que pueda ayudarlos a desarrollar armas de destrucción masiva.

Al mismo tiempo, Corea del Norte responde a la escalada de tensiones y armamento con Corea del Sur. Ambos países han realizado ensayos militares en los últimos meses, llegando a enviar a sus respectivos cazas a sobrevolar la frontera. La relación ha vuelto a empeorar tras la elección en 2022 de un presidente surcoreano no tan dispuesto como su predecesor a tender puentes con Pionyang. De hecho, el nuevo Gobierno ha resucitado el “kill chain”, un antiguo plan para lanzar bombardeos preventivos y eliminar a Kim Jong-un y su círculo si hubiera indicios creíbles de que fueran a lanzar un ataque contra Seúl. La respuesta al plan surcoreano está codificada en un supuesto de la ley de Corea del Norte, que permitiría a Pionyang atacar con armas nucleares a otro país si este pusiera en peligro la vida de sus líderes. 

En el fondo, la nueva ley norcoreana demuestra que el país sigue fiel al principio del songun. Es decir, poner el desarrollo militar por encima de todo lo demás, incluso cuando suponga sacrificar el bienestar económico y social. Es la enésima muestra de que el régimen norcoreano no va a dar su brazo a torcer por mucho que se mantengan o aumenten las sanciones contra el país. Para la dinastía Kim, el arma nuclear se ha convertido en el garante último de la existencia del Estado, por lo que renunciar a ella significaría entregar Corea del Norte a sus enemigos.

Alberto Ballesteros

Madrid, 1996. Especializado en sanciones internacionales, controles de exportación y las redes de proliferación de armas de destrucción masiva. Máster en Inteligencia y Seguridad Internacional por el King's College de Londres. Me interesa lo relacionado con la estrategia, seguridad y política internacional, sobre todo en las regiones de Asia-Pacífico y el sudeste asiático.