Geopolítica Oriente Próximo y Magreb

El poder de los militares en Oriente Próximo y el norte de África

El poder de los militares en Oriente Próximo y el norte de África
Tropas egipcias durante unas maniobras. Fuente: SRA D. Myles Cullen, USAF, (Wikipedia).

Los militares son actores clave en las estructuras de poder de los países de Oriente Próximo y el norte de África. A lo largo de los años, su influencia se han extendido a las esferas política, económica y social, en algunos casos han protagonizado golpes de Estado o sostenido dictaduras, y han forjado alianzas con potencias occidentales en materia de venta de armas y de lucha antiterrorista.

Desde el siglo XVI hasta el final de la Primera Guerra Mundial, gran parte de la región que hoy conocemos como Oriente Próximo y norte de África formó parte del Imperio otomano. Fue entonces cuando, tras perder la guerra, el imperio desapareció y se fundó la actual Turquía. La partición del resto de los territorios otomanos fue negociada entre Gran Bretaña y Francia en el Acuerdo de Sykes-Picot de 1916 y se convirtió en realidad tras las conferencias de San Remo, en 1920, y El Cairo, en 1921. De esta manera, se establecieron protectorados franceses en Siria y Líbano, y mandatos británicos en Palestina, Irak y Transjordania. Por su parte, los territorios del norte de África —la mayoría de los cuales habían dejado de pertenecer al Imperio otomano a finales del siglo XIX— se convirtieron en colonias europeas entre los siglo XVIII y el XIX. 

Estas incursiones occidentales y las esferas de influencia que desarrollaron en la región especialmente desde el siglo XIX contribuyeron al surgimiento de movimientos nacionalistas que tenían como objetivo la independencia de los territorios colonizados. Así, en los años posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial, nacieron los Estados modernos de Oriente Próximo y el norte de África. Para proteger sus intereses, las potencias europeas interfirieron en los nuevos Estados y apoyaron a aquellas figuras partidarias de promover y mantener los vínculos, especialmente económicos, entre sus países y las exmetrópolis. Estos regímenes eran mayoritariamente monárquicos, como es el caso de Libia, que fue un reino liderado por el monarca Idris I desde su independencia en 1951 hasta el golpe de Estado que dirigió Gadafi en 1969 y que convirtió al país en una república. 

La amenaza de revueltas en contra de las nuevas estructuras de poder propició el surgimiento de los grandes ejércitos que, aún teóricamente obedientes a dichas estructuras, en realidad albergaban grupos de oficiales que se oponían al régimen o estaban deseosos de ostentar el poder. Así, en la era de la posindependencia, nuevos líderes salieron de los ejércitos y en muchos casos protagonizaron golpes de Estado que proclamaron la construcción de repúblicas, incorporando a las Fuerzas Armadas como parte de las élites nacionales. El caso de Egipto es ilustrativo: en 1952 un grupo de jóvenes militares conocido como el Movimiento de Oficiales Libres, dirigidos por el coronel Gamal Abdel Náser, dio un golpe de Estado que terminó con la monarquía egipcia e inauguró la República. En otros casos, las monarquías resistieron e incorporaron a los militares como aliados fundamentales de sus regímenes. Aunque cada país tiene un modelo diferente de ejército, todos ellos tienen una característica común: sus influencias se extienden a los ámbitos político, económico y social.

Para ampliar: “La fabricación de Oriente Próximo”, Eduardo Saldaña en El Orden Mundial, 2016

Protagonistas en la esfera política

En los años posteriores a la independencia, se dieron varios golpes de Estado en Irak, Siria o Egipto. Los militares buscaban realizar una transformación o revolución social que no era posible llevar a cabo mediante cauces democráticos. Así, las poblaciones apoyaron al principio a los militares y vieron en ellos representantes capaces de ofrecer un liderazgo fuerte y de impulsar reformas sociales. Dichas reformas incluían propuestas respaldadas por la población, pero en la práctica faltaban planes concretos para su implementación. Según fueron pasando los años, Gobiernos militares que en un principio habían sido establecidos con carácter temporal se fueron asentando en el poder y dirigieron la política durante largos periodos de tiempo.

Un ejemplo es Siria, que tras el periodo como mandato francés logró la independencia en 1946. Tras años de Gobierno civil y descontento general en las décadas de los años cincuenta y sesenta, causado principalmente por el dominio egipcio de la entonces República Árabe Unida —Estado que nació de la unión de Egipto y Siria y que existió entre los años 1958 y 1961 como parte del proyecto panarabista de Náser—, un grupo de oficiales militares del partido nacionalista Baaz dieron un golpe y tomaron el poder del país en 1963. Tras una serie de golpes y enfrentamientos por el poder entre 1966 y 1970, finalmente Hafez al Asad se hizo con el poder del país y gobernó hasta su muerte en el año 2000, cuando fue sucedido por su hijo Bashar al Asad. 

Prácticamente todos los países de la región han sufrido golpes de Estado exitosos en la era posindependencia. Especialmente graves son los casos de Mauritania, Turquía, Yemen, Irak y Siria. Fuente: Pew Research Center

También es importante aquí señalar el caso de Turquía, cuyo Ejército se fundó junto con la República en 1923, tras el final de la Primera Guerra Mundial y la caída del Imperio otomano. Mustafá Kemal Atatürk, militar y fundador de la Turquía moderna, fue un importante defensor del laicismo y el republicanismo, valores que el Ejército ha defendido desde su creación. Las Fuerzas Armadas turcas han protagonizado golpes de Estado en 1960, 1971 y 1980 pero, al contrario que en otros países, la población turca tradicionalmente ha tenido en alta estima a sus militares, ya que son vistos como un freno para las ambiciones dictatoriales del poder político. 

Para ampliar: “El Ejército turco, el dique secular”, Eduardo Saldaña en El Orden Mundial, 2015

Otro aspecto importante en este contexto es la política de identidad: el compartir unos rasgos religiosos, étnicos o sectarios acercan a gobernantes y figuras clave de las Fuerzas Armadas, fortaleciendo sus relaciones y, por tanto, la estructura de poder. Quizás el caso de Siria sea el más ilustrativo de esta política, ya que reúne una mezcla de confesiones y etnias: el 75% de la población es musulmana suní y tan solo un 10%, alauí. Sin embargo, la familia Al Asad es alauí y parte de su estrategia para mantenerse en el poder se ha basado en repartir puestos clave de los servicios secretos y las unidades militares entre miembros de esta minoría. En 2011, el año de inicio de las revueltas árabes, se estimaba que el 80% de los oficiales del Ejército eran alauíes

Las monarquías actuales de la región, a diferencia de las repúblicas, lograron evitar los golpes de Estado y los Gobiernos militares adoptando unas estrategias muy diferentes. Las monarquías del Golfo han recurrido tradicionalmente a las rentas obtenidas a partir del petróleo y otros recursos naturales para financiar y mantener la lealtad de las cúpulas militares. Además, tienden a establecer instituciones militares paralelas para que se vigilen entre sí y sirvan a los intereses de la familia real. Así, los mandos militares y las cúpulas de otras instituciones son dirigidas, generalmente, por miembros de la realeza. 

Un ejemplo de esto es Arabia Saudí, donde el príncipe heredero Mohamed bin Salmán ostenta el puesto de ministro de Defensa. Además, en 2017 se llevó a cabo una purga de príncipes y mandos militares que podrían haber mostrado su oposición hacia él. En las monarquías que carecen de recursos naturales se ha mantenido el recelo hacia los militares. Sin embargo, esto ha cambiado en las últimas décadas, y los militares cada vez logran más peso en la política. Marruecos ilustra esta situación: la desconfianza del rey Hasán II en las fuerzas de seguridad se basaba, en parte, en los dos intentos golpistas a manos de militares en los años setenta. Desde que Mohamed VI llegó al poder en 1999, en cambio, el Ejército ha recuperado poder político en el país y puestos clave en defensa y espionaje han sido asignados a militares. 

Los presupuestos militares en Oriente Próximo y el norte de África son especialmente altos. https://elordenmundial.com/mapas/el-gasto-militar-en-el-mundo/

De esta manera, la consecuencia política más notable tanto en las repúblicas como en las monarquías de la región es que las distintas dictaduras se han mantenido en el poder en gran medida gracias al apoyo de aparatos militares y fuerzas de seguridad robustos. Este es el caso de Argelia, que logró la independencia en 1962 y desde entonces ha estado gobernada por militares de manera prácticamente ininterrumpida. Abdelaziz Buteflika, que fue elegido presidente en 1999 y dimitió en abril de 2019 debido a las presiones y protestas ciudadanas, ha sido, tras casi 20 años de mandato, la persona que más tiempo ha ocupado el cargo de jefe de Estado. Sin embargo, el futuro de Argelia es incierto, y aunque miles de personas siguen protestando a favor de la democracia y en contra del “sistema”, controlado por políticos, militares y empresarios de élite, se desconoce si la situación cambiará en la era pos-Buteflika. 

Para ampliar: “Mohamed bin Salmán, el rey del desierto”, David Hernández en El Orden Mundial, 2017 

Economía, industria y corrupción

Oriente Próximo es una de las regiones más conflictivas del mundo y desde hace años se ve sumida en distintas guerras y tensiones regionales que no parecen tener fin a corto plazo. Uno de los factores que posibilita la perpetuidad de dichas tensiones es el poder económico que poseen los militares, que no solo afecta a los conflictos sino también a la vida cotidiana y a la economía del país. Egipto es un caso muy claro de esta situación, donde a diario sus ciudadanos consumen productos y servicios manufacturados en las fábricas del Ejército. Las Fuerzas Armadas administran sus negocios a través de otras entidades que están vinculadas a los Ministerios de Producción Militar y Defensa, gracias a los cuales aumentan sus ganancias. Aunque esta red de empresas comenzó a desarrollarse en la era de Náser, ha sido en los últimos años, ya bajo el mando del presidente Al Sisi, cuando se ha diversificado y ha terminado de florecer. El papel de los militares en la economía interna es tratado como un secreto de Estado, y aunque Al Sisi asegura que el Ejército no controla más del 1,5% del PIB nacional, varios expertos afirman que en realidad controla hasta el 40%

Por otro lado, los conflictos en la región son tan duraderos debido al elevado gasto militar de los países que la componen. El objetivo de estos es forzar una carrera armamentística en la zona, ya sea promocionando su propia industria militar o abasteciéndose en el mercado internacional de armas. Según datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés), las importaciones de armas en Oriente Próximo han aumentado un 87% entre los períodos 2009-2013 y 2014-2018, y representaron el 35% del total de armas importadas en el mundo en el período 2014-2018. Arabia Saudí fue el mayor importador de armas en el mundo en ese intervalo de tiempo, aumentando en un 192%. Otros países de la región que también han incrementado sus importaciones de armas de manera considerable son Egipto, Israel, Qatar e Irak. En el top 15 de países del mundo con mayor gasto militar en 2018, dos son países de Oriente Próximo: Arabia Saudí y Turquía. La consecuencia más inmediata de un gasto tan elevado en defensa es el fortalecimiento y el crecimiento de las fuerzas armadas, que están cada vez más capacitados y equipados. 

Principales ejércitos en Oriente Próximo es una región militarizada, con diversas potencias involucradas en la carrera armamentística. 

Otro ejemplo claro de esto es Irán, que desde la revolución islámica de 1979 ha dado pasos de gigante en la fabricación de una gran gama de equipamiento militar, lo que ha convertido al país en autosuficiente en la industria de las armas. Además, el caso iraní es especialmente interesante debido al protagonismo de la Guardia Revolucionaria, una institución militar creada por el ayatolá Jomeini en 1979 y cuyo objetivo principal es la preservación de la revolución islámica, y no la defensa del país. La Guardia Revolucionaria es la fuerza armada más poderosa del país, y cuenta con una organización y equipamiento distintos del Ejército iraní, además de una partida presupuestaria propia; en los últimos años ha llegado a estar compuesta por aproximadamente 150.000 hombres. Como tal, se ha convertido en un actor imprescindible en el país y de toda la región, no solo obedeciendo órdenes del ayatolá sino también influyendo en las decisiones del Gobierno

Para ampliar: “La Guardia Revolucionaria de Irán, defensora de la república islámica”, David Hernández en El Orden Mundial, 2018 

Por otro lado, directamente relacionado con los incrementos en los gastos de defensa está el problema de la corrupción en la región. En un informe de 2015, Transparencia Internacional denuncia que el gasto no controlado y las transferencias ilícitas de armas debilitan la capacidad de las Fuerzas Armadas de responder ante los conflictos y proteger a sus poblaciones. Esto, a su vez, contribuye a la fragilidad de los Gobiernos y a la inestabilidad general de la región. De acuerdo con el informe, el gasto en defensa en la región va en aumento, pero la falta de transparencia en los procesos de inversión y estrategia de los ejércitos hace que en muchas ocasiones esta inversión no se haga en base al interés nacional. En estos países el elevado gasto en defensa no se traduce en la compra de armas y equipo militar que de verdad cubran las necesidades estratégicas del país en cuestión.

Diversos países de la región, incluidos Libia, Siria, Irak, Irán, Yemen y Líbano, están sometidos a embargos de armas a nivel internacional. https://elordenmundial.com/mapas/los-embargos-de-armas-en-el-mundo/

Es el caso de Libia, clasificado como uno de los países más corruptos de la región por el Índice de Percepción de Corrupción 2018, solo por delante de Yemen y Siria. El Estado libio, en plena fragmentación y conflicto desde el derrocamiento del coronel Gadafi en 2011, ha solicitado durante los últimos años la suspensión del embargo de armas que pesa sobre Libia desde ese mismo año. Su demanda se ha basado en la necesidad de adquirir equipamiento y armamento para adiestrar al Ejército y combatir el terrorismo en la zona. Aunque el embargo ha sido parcialmente levantado y diversos países han proporcionado material a Libia con el citado objetivo, quedan en duda la transparencia y la rendición de cuentas alrededor del proceso. 

Para ampliar: “Libia, tres gobiernos en desgobierno”, Juan Bautista Cartes en El Orden Mundial, 2018

Alianzas internacionales y lucha antiterrorista

A lo largo de la historia, diferentes causas han hecho de Oriente Próximo y el norte de África una región clave para las potencias occidentales. Entre las más importantes cabe destacar la necesidad de frenar la expansión soviética en tiempos de la Guerra Fría, la explotación de recursos naturales una vez se descubrió el petróleo y, más recientemente, ambas regiones se han visto sumidas en la lucha antiterrorista. Tradicionalmente, estas alianzas han implicado grandes dotaciones de ayudas económicas y de equipamiento militar que han fortalecido los ejércitos de los países involucrados.

En el ámbito de la lucha antiterrorista, los ejércitos de la región han utilizado las políticas contraterroristas para justificar una progresiva militarización, a través de la creación de unidades especiales, la compraventa de armamento pesado, etcétera. Sin embargo, queda en duda si la incrementada militarización se traduce en resultados positivos o si se ajusta de verdad a las necesidades de estos países en su tarea de hacer frente a la amenaza. Egipto ilustra esta situación a través de su campaña antiterrorista en la península del Sinaí. Durante años, los sucesivos Gobiernos egipcios han lanzado operaciones militares contra Wilayat Sinai, la filial egipcia de Dáesh. Esta lucha está siendo en parte posible gracias a los acuerdos millonarios que Egipto está firmando con otros países, como los contratos armamentísticos con Francia entre 2015 y 2017 por valor de 6.000 millones de dólares, o los 2 millones de libras que Reino Unido le ha dado en ayudas y fondos de defensa a proyectos de seguridad entre 2015 y 2016. 

Sin embargo, Egipto está perdiendo esta batalla y el Gobierno de Al Sisi no parece capaz de controlar la situación. Han sido varias las ocasiones en las que el Gobierno ha manipulado datos y ha asegurado haber eliminado a muchos más terroristas de los que había eliminado en realidad. ¿Dónde están yendo el dinero y las armas destinadas a la lucha contra Dáesh? Son muchos los que argumentan que el régimen está más preocupado en mantener el statu quo y acallar a sus opositores que en acabar con el terrorismo en su territorio. 

Esto está relacionado directamente con la participación de los militares en la esfera política y su apoyo a Gobiernos autocráticos de la región, que a menudo están más interesados en aplacar a la oposición que en hacer frente a las amenazas reales para sus poblaciones civiles. Aunque las revueltas árabes sacaron a miles de personas a la calle para protestar por la falta de democracia, oportunidades económicas, empleo, derechos y libertades generales, no parece que la región vaya a ver grandes cambios en el corto plazo. Los militares han demostrado ser actores clave en los sistemas y estructuras de poder, manteniendo unas influencias que se extienden a las esferas política, socioeconómica e internacional. 

Para ampliar: “El Sinaí, oasis del yihadismo”, Clara R. Venzalá en El Orden Mundial, 2018 

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