ASEAN: una visión, una identidad y una comunidad para el sudeste asiático

La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) incluye diez países de una región dispar en muchos aspectos y con un pasado fraguado de conflictos, algunos aún vigentes. En su medio siglo, la ASEAN ha sabido navegar estas dificultades y consolidar una comunidad más segura, económicamente más resiliente y más comprometida con el bienestar de su sociedad pese a las disonancias entre sus Gobiernos.
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ASEAN: una visión, una identidad y una comunidad para el sudeste asiático
Bandera de ASEAN con los países que la conforman de trasfondo. Fuente: elaboración propia

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El sudeste asiático cubre una región conocida no solo por sus hoteles idílicos y playas paradisíacas, sino también por su gran diversidad de gentes, religiones y sistemas gubernamentales. Diez países de la región conforman la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés). La ASEAN posee una extensión que supera los cuatro millones de kilómetros cuadrados y queda en tercera posición en número de habitantes en Asia —después de China e India— con 643 millones de personas. De estos, la mitad tiene menos de treinta años

Con más de cincuenta años a sus espaldas, la ASEAN ha sido capaz de desarrollarse, proporcionar mayor estabilidad regional y dar más peso internacional a una región dispar y recelosa de su soberanía. Pese a caracterizarse por una toma de decisiones gradual y consensual, la asociación ha permitido una mayor cooperación y estabilidad entre sus Estados miembros. De hecho, entre los objetivos marcados ya en su fundación en 1967 se encuentran acelerar sus economías, el desarrollo social y cultural y promover una paz y estabilidad regional mediante la cooperación de sus miembros.

Una alianza para estabilizar la región 

Los años sesenta fueron una década que vio un creciente número de excolonias ganar su independencia alrededor del mundo, así como el auge de revueltas sociales, movimientos nacionalistas y fuerzas comunistas. El sudeste asiático no fue una excepción. Los países de la región, excepto Tailandia, compartían un pasado subyugado a fuerzas imperialistas y un deseo de crear países soberanos, blindados ante influencias extranjeras y en los que poder desarrollar su economía. Sin embargo, conflictos como la larga y costosa guerra de Vietnam solo podían traer inestabilidad a una región desunida y por desarrollar.

La ASEAN fue fundada en 1967 por Filipinas, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia. La mayoría de estos países contaban con pocos años de autogobierno y esto se sumaba a la precaria condición económica, la amenaza latente del comunismo y a los enfrentamientos internos por el establecimiento de fronteras. De hecho, conflictos como la konfrontasi (1963-1966) entre Malasia e Indonesia y la breve aventura federal entre Malasia y la entonces región de Singapur (1963-1965) retrasaron su creación e incluso pusieron fin a dos intentos previos de regionalismo en 1961 y 1963.  Finalmente, fue la pugna entre el comunismo y el capitalismo en la región lo que motivó en gran medida la creación de ASEAN.

La pugna constante entre fuerzas comunistas y capitalistas trajo mucha inestabilidad a la región. Entre otros, fomentó conflictos externos como la guerra de Vietnam (1955-1975) entre el sur, apoyado por Estados Unidos, y el régimen comunista del Vietcong al norte. Asimismo, ocasionó guerras lideradas por comunistas en Laos (1959-1975) y Camboya (1967-1975). Estos conflictos perduraron incluso después de la fundación de la ASEAN. Prueba de ello son el régimen comunista camboyano de los Jemeres Rojos, que perpetró el genocidio jemer (1975-1979), y la invasión vietnamita de Camboya (1979-1991).

Los inicios de ASEAN fueron turbulentos debido a la alta conflictividad de la zona. Sabiendo que esta ponía en riesgo sus objetivos, los países miembros priorizaron afianzar sus fundamentos en materia de seguridad y desarrollo económico, así como sus relaciones y la cooperación entre Gobiernos. Con este objetivo en mente, en 1971 firmaron la declaración de Kuala Lumpur, que consideraba la organización como Zona de Paz, Libertad y Neutralidad, independiente de fuerzas extranjeras y con una mayor cooperación a nivel interno. Fueron los Acuerdos de Bali de 1976, sin embargo, los que marcarían un antes y un después en la ASEAN. Con la guerra de Vietnam concluida, estos acuerdos significaron un paso decisivo en el camino a una mayor integración con la firma del Tratado de Amistad y Cooperación (TAC), la Declaración del Acuerdo de ASEAN y la creación del Secretariado de ASEAN. 

La principal característica que define ASEAN es su estilo diplomático: la llamada ASEAN way también fue concebida en los Acuerdos de Bali. Este método promulga una diplomacia silenciosa basada en el consenso, la implementación gradual de medidas y, sobre todo, la no intervención en los asuntos internos de los Estados miembros. Por una parte, la no intervención permitió el ingreso de Laos y Vietnam, países con regímenes comunistas. Por otra, el consenso ha dado pie a un lenguaje ambiguo y abierto a la interpretación que permite a sus miembros llegar a acuerdos. Este consenso hizo posible la declaración de la ASEAN de Derechos Humanos en 2012, firmada por Singapur, Laos y Vietnam, países con una fuerte represión en la libertad de prensa, y por Brunéi y Myanmar, en la cola en los índices de libertad individual. Con todo, esta diplomacia silenciosa ha aumentado la confianza entre los miembros de la asociación.

Consolidando una comunidad

La ASEAN empezó un período de creciente optimismo en los años ochenta. Con la Guerra Fría finalizada entró en vigor el tratado de libre comercio entre los miembros de ASEAN, y la economía regional creció durante la primera mitad de los años noventa. Asimismo, en 1997 se anunció el proyecto Vision 2020, que apuntaba a un sudeste asiático más pacífico, con mayor integración económica y cohesión social. Plataformas internacionales como el Foro Regional de la ASEAN —que cuenta con veintiséis países de todo el mundo y la Unión Europea— y la ASEAN+3 también surgieron durante este período de bonanza. Estas medidas propiciaron la gran y última expansión de la asociación: Brunéi en 1984, Vietnam en 1995, Laos y Myanmar en 1997, y Camboya en 1999.

En 1997, con la crisis financiera asiática originada en Tailandia y que afectó la economía de todos los Estados miembros, la ASEAN pasó por uno de sus momentos más delicados. Pese al duro golpe que se llevaron Indonesia y Tailandia —con la depreciación de sus divisas y caídas del PIB de casi el 14% en 1998—, sus efectos no mermaron la integridad de una asociación resuelta en conseguir más unidad.

Entrado el nuevo milenio, la ASEAN dio un giro a sus políticas elitistas —más centradas en la economía y las relaciones intergubernamentales— y priorizó el desarrollo y bienestar de sus sociedades con proyectos como Vision 2020. La confianza generada por una diplomacia silenciosa durante más de treinta años permitió a la ASEAN establecerse en la sociedad internacional. Siguiendo el camino iniciado en 1997, en 2003 se implementaron tres pilares para organizar sus áreas de cooperación: el de seguridad y política, el económico y el sociocultural. 

A estos primeros pasos de organización interna le siguieron la obtención de estatus de observador en la ONU en 2006 y la firma de la Declaración sobre Derechos Humanos en 2012, pese a las quejas sobre su redacción. La entrada en vigor de su acta constitutiva en 2008 formalizó los acuerdos anteriores y encaminó a la organización hacia un modelo parecido al de la Unión Europea. La creación de la Comunidad ASEAN pasó a fomentar el concepto de una asociación más investida en crear oportunidades para su población y en armonía con su lema: “Una visión, una identidad y una comunidad”. En su camino para desarrollar una comunidad más unida, segura y que ofrezca más oportunidades a su población, el próximo reto comunitario de la ASEAN es el proyecto ASEAN Community Vision 2025.

A escala internacional también hubo avances. En temas comerciales se firmaron tratados de libre comercio con Corea del Sur, Japón, India, Australia, Nueva Zelanda y China. Asimismo, la ASEAN es observadora en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), que promueve el libre comercio en la zona del Pacífico. Es líder de la Cumbre de Asia Oriental, cuyo objetivo es promover la paz y la estabilidad regional. Además, es miembro de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés), tratado de libre comercio en proceso de negociación que incluye todos los países con los que ASEAN tiene estos acuerdos excepto India, y que supondría casi un 30% del PIB mundial. Sacando provecho de su papel como potencia media regional, la ASEAN también se ha presentado como mediadora entre Estados Unidos y Corea del Norte.

¿Una futura ASEAN con más miembros?

A medida que la ASEAN se cohesiona y su economía y comercio interno crecen, en los últimos veinte años se ha barajado una posible segunda expansión. Los candidatos son Timor Oriental y Papúa Nueva Guinea. Desde su solicitud a principios de siglo, Timor Oriental ha tenido más papeletas para ser el undécimo miembro, más aún cuando Indonesia —país del que se independizó en 2002— dio su aprobación en 2011. Sin embargo, la fecha de adhesión a ASEAN aún está por confirmarse. Este retraso se debe en parte a la gran brecha económica y de desarrollo, ya que podría suponer un lastre para  la asociación. 

Lo mismo se puede decir de Papúa Nueva Guinea. Pese a ser el único país con estatus de observador, al ser un Estado inestable políticamente y estar entre los países con un menor índice de desarrollo humano del mundo, sus posibilidades de adhesión son pocas. Otros argumentos señalan la preocupación de los Estados miembro a que más países se unan mientras que ASEAN sigue enzarzada en construir una comunidad.

Pese a no estar en el sudeste asiático y por ende no cumplir con los requisitos para formar parte de la ASEAN, Bangladés y Sri Lanka también han mostrado su interés en ingresar. Como miembros del Foro Regional de la ASEAN, formar parte de la propia organización les daría acceso a, entre otros, un provechoso mercado libre de aranceles que representa el 7,2% del comercio mundial

Por una parte, Bangladés se sitúa en una zona cuestionable según el artículo 6 del acta constitutiva, entre Asia meridional y el sudeste asiático. Sin embargo, la crisis de los rohinyás en Myanmar actúa como principal medida disuasoria. Los países de la ASEAN se han mantenido al margen de la crisis migratoria desatada a raíz del genocidio de la minoría musulmana nativa de Myanmar, de acuerdo con el principio de no intervención de su acta constitutiva. Con Bangladés en la asociación, la ASEAN tendría que asumir más responsabilidad frente a la ingente cantidad de refugiados que malviven en ese país y arriesgan sus vidas para llegar a Malasia.

Por otro lado, el camino hacia la membresía ha sido más largo para Sri Lanka. En 1967 y en 1981 lo intentó sin éxito, y permaneció bajo la esfera de influencia de India. Pese a todo, Sri Lanka sigue mirando hacia el sudeste asiático para diversificar sus socios regionales. Por ejemplo, en 2018 su estrategia de “mirada a oriente” logró la firma de un tratado de libre comercio con Singapur. Sin embargo, su aspiración a ser miembro de la ASEAN queda descartada principalmente por razones geográficas.

Los retos de una asociación dispar

En esta disparidad de Gobiernos, sociedades y religiones también se encuentran los retos principales de  la ASEAN. Empezando por sus Ejecutivos, la asociación acoge repúblicas constitucionales, caso de Indonesia y Filipinas; repúblicas socialistas de cariz comunista, como Vietnam y Laos; o monarquías constitucionalistas y absolutistas, véase Tailandia y Brunéi, respectivamente. Por otro lado, Myanmar y Camboya tienen una historia reciente de inestabilidad política, mientras que Singapur y Malasia están entre los países con mayor libertad económica.

La religión también es otro foco de disparidad. Tres de las cuatro principales religiones se encuentran representadas en ASEAN. El cristianismo es mayoritario en Filipinas, mientras que el islam es la religión predominante en Indonesia, Malasia y Brunéi, y el budismo rige en Myanmar, Tailandia, Laos y Camboya. Por último el crisol cultural lo completan Vietnam, en su mayoría país no religioso, y Singapur, que se caracteriza por la gran cantidad de minorías religiosas.

Sin embargo, la mayor fuente de tensiones entre los diez países miembros de la ASEAN son las disputas territoriales y la falta de coordinación en los diferendos con Pekín en el mar de la China Meridional. Sin ir más lejos, en 2012 ASEAN fue incapaz de publicar una declaración conjunta sobre las disputas en esta zona, pues sus Estados miembros están divididos entre opositores y simpatizantes de China. La división es entre quienes rechazan la postura de la República Popular y son los más afectados por sus demandas marítimas, en especial Vietnam, Filipinas e Indonesia; aquellos que permanecen neutrales, como Brunéi; y los que disfrutan de buenas relaciones y grandes inversiones chinas, como Myanmar, Camboya y Laos. 

Por último, entre los conflictos internos también hay movimientos secesionistas, los conflictos por la producción y consumo de droga y los ocasionados por el cambio climático. Entre los movimientos secesionistas están los presentes en el sur de Tailandia contra el Barisan Revolusi Nasional, en Myanmar contra las guerrillas separatistas y en Filipinas contra las guerrillas del Partido Comunista y el conflicto moro en la región de Mindanao. En cuanto a la droga, cabe destacar la guerra contra la droga del presidente Rodrigo Duterte en Filipinas y la gran producción de opio y drogas sintéticas en el Triángulo de Oro, cuya región abarca Myanmar, Tailandia y Laos. Por otro lado, la nube de polución permanente en ciudades como Bangkok y Yakarta, la alarmante deforestación para la obtención de aceite de palma, así como la dependencia en fuentes de energía no renovables como el carbón o la construcción masiva de presas en el Mekong, muestran las limitaciones de la efectividad de la diplomacia silenciosa de ASEAN.

La diplomacia de la ASEAN, a prueba

En 1967 la ASEAN se embarcaba en la difícil tarea de establecer una paz duradera en un trasfondo bélico, acelerar el crecimiento económico y social en una de las regiones más subdesarrolladas del mundo y una cooperación activa entre miembros recelosos. Después de celebrar su quincuagésimo aniversario en 2017, tiene razones de peso para ser considerada como “uno de los ejemplos más exitosos del regionalismo” junto con la Unión Europea. Considerada la quinta economía mundial según datos de 2018, la ASEAN ha permitido proporcionar una mejora sustancial en la economía de sus Estados miembros y la libre circulación de bienes, servicios y trabajadores cualificados. Asimismo, ha sabido jugar sus cartas y aprovecharse de su papel como potencia media en uno de los puntos clave del comercio mundial.

Otro factor que suma a su presencia internacional es su participación y liderazgo en otras organizaciones internacionales en Asia oriental (ASEAN+3) y a escala asiática (APEC) y mundial (Foro Regional de la ASEAN). Además, la Comunidad ASEAN ha puesto el foco en el desarrollo de la población en riesgo de pobreza o exclusión social, la asistencia a comunidades afectadas por fenómenos climatológicos, así como la promoción de su patrimonio cultural y protección de su biodiversidad. Estos buenos resultados se deben a su estilo diplomático, que ha permitido a largo plazo cambios impensables en sus inicios.

Este estilo diplomático plantea a su vez incertidumbre de cara a su futuro: la ASEAN se compromete cada vez a proyectos ambiciosos en temas de derechos humanos y se enfrenta al desacuerdo en temas clave como el mar de la China Meridional. Pese a que hasta la fecha ha podido salvar la distancia entre sus miembros más opuestos gracias a la no intervención en asuntos internos, ¿podrá ASEAN mantener su visión de comunidad unida de cara a los próximos cincuenta años?

Marta Nuevo

Barcelona, 1994. Investigadora en el International Institute for Global Strategic Analysis (IIGSA). Graduada en Traducción e Interpretación (inglés y japonés) por la UAB. Máster en Relaciones Internacionales por la Universitat Ramón Llull-Blanquerna y diploma en Conflictos Internacionales por la Utrecht University. Interesada en política exterior, conflictos y sociedad en Asia-Pacífico.