Duterte y su guerra contra las drogas en Filipinas

Nada más llegar a la presidencia en junio de 2016, Rodrigo Duterte lanzó una campaña antidroga para acabar contra la adicción a la metanfetamina en Filipinas. Casi cuatro años y docenas de miles de asesinatos extrajudiciales después, la campaña se ha convertido en una guerra cuyas víctimas son los filipinos más pobres y en la que policías corruptos y justicieros permanecen impunes bajo la protección del Gobierno.
Política y eleccionesAsia-Pacífico
Duterte y su guerra contra las drogas en Filipinas
Rodrigo Duterte revisa una serie de armas incautadas por la policía. Fuente: Oficina de Presidencia (Wikipedia)

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La conocida como “guerra contra las drogas” fue lanzada por Rodrigo Duterte nada más alcanzar la presidencia de Filipinas en junio de 2016. No se trataba de una política nueva: el discurso que promueve los ajusticiamientos entre los propios ciudadanos ya se había convertido en norma durante los veintidós años en los que fue alcalde de la ciudad sureña de Davao, y Duterte alcanzó la presidencia prometiendo que aplicaría el mismo método política a nivel nacional. Pero lo que inicialmente se concibió como una campaña de tan solo seis meses se ha convertido en una contienda de casi cuatro años que está dejando tras de sí decenas de miles de muertos y empujando a sus familias aún más a la pobreza.
La campaña viene motivada por el alarmante consumo de metanfetamina en Filipinas, donde se la conoce como shabu. No se conoce la cifra exacta de consumidores, y los números varían desde los 1.800.000, según la Junta de Drogas Peligrosas —un 2,3% de la población—, a entre cuatro y ocho millones según el propio Duterte. El presidente, por cierto, despidió al director de la Junta en 2017 por contradecir sus estimaciones. Lo que es seguro es que para 2017 1.180.000 consumidores se habían rendido voluntariamente a las fuerzas del orden ante el temor a perder la vida por estar en las listas policiales de consumidores o traficantes. Estas listas, de las que no hay manera de desaparecer, son el pilar de la guerra de Duterte. Excepto por víctimas colaterales o errores de identificación, el grueso de los fallecidos aparecían en ellas y en su mayoría eran residentes de las barriadas urbanas más pobres.
A diferencia de otros países, como México o Colombia, el tráfico local de droga no es llevado a cabo por grandes bandas criminales, sino que consiste en una actividad de menudeo como fuente de ingresos secundaria para pequeños vendedores. Aunque se han establecido laboratorios clandestinos en el país, la mayor parte del suministro procede del extranjero, organizado por grupos chinos y sinof...

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Teresa Romero

Córdoba, 1995. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid y estudiante del Máster en Economía Política Internacional por el King's College de Londres. Interesada en asuntos de medio ambiente, seguridad y geopolítica, especialmente en la región de Asia.