India quiere ser una potencia global. 2023 es clave para conseguirlo

India es ya la quinta economía y pronto superará a China como país más poblado del planeta. En 2023 buscará impulsarse como nueva fábrica del mundo y ganar peso internacional presidiendo el G20. Sin embargo, la desigualdad interna o el equilibrismo geopolítico amenazan sus expectativas.
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India quiere ser una potencia global. 2023 es clave para conseguirlo
Modi durante una reunión de los BRICS. Fuente: Wikimedia

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India sobrepasó en septiembre al Reino Unido como quinta economía mundial y desde entonces se han acumulado los titulares sobre su enorme potencial para este 2023. El país superará en población a China, sus perspectivas de crecimiento aventajan a las de sus vecinos y su liderazgo político se extenderá a muchos frentes. Presidirá el G20 y la Organización de Cooperación de Shanghái, lanzará su tercera misión lunar y organizará el Mundial de Críquet, que arrastra inversiones y a millones de seguidores. 

Pero no solo eso. India quiere reemplazar a China como fábrica del mundo, siguiendo su modelo económico de exportar bienes manufacturados, para lo que está cambiando su industria. El estancamiento chino supone una oportunidad para impulsar este proyecto. Sin embargo, 2023 también será para India un año de obstáculos, desde tensiones geopolíticas hasta desequilibrios económicos e inestabilidad regional.

Crecimiento, amistades y liderazgo internacional

India ha demostrado en las últimas décadas una enorme capacidad de crecimiento económico. Además de ser la quinta economía mundial, es líder en industrias tecnológicas punteras. Para ello cuenta con varias fortalezas: tiene una población joven, un espíritu empresarial extendido por todo el país y una creciente conectividad gracias a la construcción de infraestructuras y a la digitalización de su sociedad. En el último año, la economía de India ha sido la más estable entre sus vecinos, incluyendo a China.

También es un país con enorme potencial geopolítico. En 2022 superó con equilibrismo el contexto de la guerra en Ucrania y la tensión entre China y Estados Unidos. El Gobierno de Narendra Modi ha apostado por el multilateralismo y mantiene relaciones con Moscú, Pekín o Washington. Su peso económico y su posición estratégica le dan entrada en numerosos foros y le convierten en un amigo deseado: desde el Quad y el I2U2, impulsados por Estados Unidos y sus socios, hasta los BRICS, que incluyen a Rusia y China. El liderazgo indio se verá en 2023 presidiendo el G20, que reúne a las potencias económicas mundiales, y la Organización de Cooperación de Shanghái, que comparte con China, Rusia y los Estados de Asia Central. India buscará reforzar su agenda, su cooperación económica y su liderazgo desde ambas organizaciones.

Estas fortalezas coinciden con el momento difícil que atraviesa China: su economía está estancada por una desaceleración y el bloqueo comercial, el fin de la política “covid cero” ha hecho repuntar el virus y pierde población por primera vez en décadas. El pasado septiembre, Apple anunció el traslado de parte de la producción de los iPhone 14 de China a India. Puede ser el inicio de un crecimiento respecto a su vecino.

India quiere ser la nueva fábrica del mundo

El Gobierno indio lleva años apostando por ser la nueva “fábrica del mundo”, una realidad que explica el crecimiento chino de las últimas décadas. India quiere imitar a su vecino para solucionar el desequilibrio de su balanza de pagos: sus importaciones superan a sus exportaciones. Para ello, Modi ha impulsado el plan Make in India, una serie de medidas para atraer inversión y hacer crecer su sector manufacturero. 

El primer ministro ha ofrecido incentivos a la producción para aumentar el empleo en sectores industriales, y reducir las importaciones mediante subsidios a productos fabricados en India y ayudas legales para las grandes empresas nacionales. Esta última es una práctica generalizada del Gobierno del Partido Popular Indio: favorecer con exenciones normativas a los grandes conglomerados industriales. Desde que Modi gobierna, el millonario Mukesh Ambani se ha convertido en el cuarto hombre más rico del mundo, y el Grupo Adani ha pasado a ser el mayor gestor aeroportuario y el líder en la industria verde del país.

Otros países asiáticos han emprendido este tipo de reforma estructural, pero con más éxito, pues la economía india tiene aún enormes debilidades. Muchos trabajadores siguen en la informalidad, las exportaciones no han crecido en los últimos años y el crecimiento del empleo se ha desacelerado. Aunque India ha tenido éxito en sectores cualificados, como el automovilístico, el farmacéutico o en servicios financieros y de software, más del 40% de su fuerza de trabajo sigue en la agricultura.

Algunos indicadores respaldan esta sensación de fracaso de las reformas: India tiene unos ingresos fiscales muy bajos comparados con otras democracias, la inflación era alta incluso antes de la pandemia, su balanza de pagos sigue desequilibrada y tiene una de las tasas de participación de la población activa más bajas del mundo. Junto con la protección del Gobierno a las oligarquías nacionales, esto puede incentivar a muchas empresas a trasladarse al Sudeste asiático, donde sus oportunidades podrían mejorar. Apple, Amazon y Google ya han llevado parte de su producción de China a Vietnam.

No está preparada para reemplazar a China

En sus intentos por imitar a China, algunos obstáculos pueden ensombrecer el potencial indio. Mientras que su vecino ha eliminado la extrema pobreza, en India el 1% más rico posee el 33% de la riqueza y la desigualdad es de clase, género y casta. Un país con su extensión también necesita desarrollar infraestructuras: carreteras, ferrocarriles, conexión a internet o suministro energético. India ha avanzado mucho en este aspecto, pero sigue lejos de Pekín. Además, es muy vulnerable a la degradación medioambiental, pues agota sus recursos muy rápido, registra catorce de las veinte ciudades más contaminadas del mundo y está al borde de una crisis hídrica.

A pesar de su estancamiento, China sigue siendo el gigante asiático y está mucho más conectada al mundo a través de rutas, puertos, ferrocarriles y acuerdos comerciales. Aunque India es puntera en el sector digital y está especializándose en tecnología verde, China le lleva años de ventaja como líder mundial en ambos. Construye redes enteras de cables submarinos e infraestructura 5G, y controla las tierras raras y la industria energética verde a nivel global.

En clave geopolítica, India cuenta con fortalezas respecto a su vecino. Su estrategia multilateral aprovecha las relaciones con Occidente, Rusia y el Sudeste asiático, mientras China sufre una guerra comercial y tecnológica con Estados Unidos. No obstante, en un horizonte polarizado entre China y Estados Unidos, su resistencia a apostar por un bloque puede salirle caro. Washington quiere atraer a India, mientras que la relación con Pekín sigue siendo inestable pero dependiente. Con todo, India tiene potencial. Apunta a ser la segunda economía mundial para 2050 y uno de los países que decidirá el futuro de la región, pero en 2023 enfrenta obstáculos para crecer como potencia que Modi buscará superar.

Rodrigo Castellanos

Madrid, 1998. Graduado en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. Interesado en geopolítica, conflictos y análisis político, especialmente en Asia-Pacífico y Europa