Los BRICS son quizás el único foro u organización internacional que nace de una propuesta académica. El término “BRICs” fue acuñado en 2001 por el analista de Goldman Sachs Jim O’Neill en un informe en el que preveía un aumento del PIB mundial en la primera década del siglo XXI derivado principalmente del crecimiento económico de Brasil, Rusia, India y China, con Sudáfrica excluida en aquel entonces. Dada su creciente relevancia, O’Neill proponía incluir a estos cuatro países en estructuras de gobernanza económica global, argumentando que si, por ejemplo, el G7 fuera realmente el foro de los siete países con mayor peso económico, India y China deberían sustituir a Italia y Canadá.
Inspirado por la propuesta de O’Neill, el BRICs se concibió inicialmente como un foro informal donde discutir sobre la gobernanza global y el protagonismo que sus cuatro países miembros deberían tener en él. La primera reunión ocurrió en los márgenes de la Asamblea General de la ONU de 2006 y la primera cumbre oficial de líderes tuvo lugar en 2009 en la ciudad rusa de Ekaterimburgo, reuniéndose a partir de entonces cada año de forma permanente. Sudáfrica fue invitada en 2010, con lo que el grupo pasó a denominarse BRICS. Su principal cometido es promover el multilateralismo y la democratización de la gobernanza económica global, lo que hace del BRICS, al menos originalmente, una especie de grupo de presión de la periferia mundial. Así, su relevancia no se deriva tanto de las proyecciones de crecimiento económico que disfrutaban sus países miembros, sino de los cambios estructurales en la gobernanza económica global que dicho crecimiento produciría.
Sin embargo, el BRICS no se limitaría a un mero foro de discusión de asuntos globales, sino que apostaría por la creación de nuevas instituciones económicas globales, como el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) o el Acuerdo de Reserva de Contingencias (CRA). El primero financia proyectos de desarrollo en mercados emergentes mediante préstamos, garantías y otros instrumentos financieros, como una especie de Banco Mundial por y para países emergentes; el segundo es un fondo de reserva para paliar contingencias financieras de similar forma a lo que ya hace el FMI. Estas instituciones han consagrado un nuevo paradigma de gobernanza financiera global cuyas principales características son la equidad en los derechos de voto de sus participantes y una menor dependencia del dólar a favor de divisas locales. Aunque esta apuesta no pasa por sustituir al FMI o el Banco Mundial —y, en efecto, eso no ha ocurrido—, sí supone, junto con otras iniciativas como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura impulsado por China, la institucionalización de una gobernanza económica liderada por países no occidentales y alternativa al sistema de Bretton Woods, bajo el que se crearon el Banco Mundial y el FMI.
Suscríbete a EOM para seguir leyendo este artículo
Lo que pasa en el mundo te afecta. Comprenderlo es más necesario que nunca
Continuar
Anual · Cancela en cualquier momento