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¿Qué ha sido de los BRICS?

¿Qué ha sido de los BRICS?
Reunión de los líderes de los BRICS. Fuente: Alan Santos / Palácio do Planalto

A principios de la década, parecía incuestionable que el mundo avanzaba hacia la multipolaridad, con una gobernanza global más democrática y en el que la voz de los países periféricos resonara con más fuerza. Esa tendencia estaría protagonizada por los BRICS, un grupo de países emergentes cuyo crecimiento económico les destinaba a la primera línea de los asuntos globales: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Diez años más tarde, el globo de los BRICS se ha desinflado y, aunque algunos de los países que lo componen siguen siendo relevantes, el foro ha perdido influencia e incluso parece haberse quedado obsoleto.

Los BRICS son quizás el único foro u organización internacional que nace de una propuesta académica. El término “BRICs” fue acuñado en 2001 por el analista de Goldman Sachs Jim O’Neill en un informe en el que preveía un aumento del PIB mundial en la primera década del siglo XXI derivado principalmente del crecimiento económico de Brasil, Rusia, India y China, con Sudáfrica excluida en aquel entonces. Dada su creciente relevancia, O’Neill proponía incluir a estos cuatro países en estructuras de gobernanza económica global, argumentando que si, por ejemplo, el G7 fuera realmente el foro de los siete países con mayor peso económico, India y China deberían sustituir a Italia y Canadá. 

Inspirado por la propuesta de O’Neill, el BRICs se concibió inicialmente como un foro informal donde discutir sobre la gobernanza global y el protagonismo que sus cuatro países miembros deberían tener en él. La primera reunión ocurrió en los márgenes de la Asamblea General de la ONU de 2006 y la primera cumbre oficial de líderes tuvo lugar en 2009 en la ciudad rusa de Ekaterimburgo, reuniéndose a partir de entonces cada año de forma permanente. Sudáfrica fue invitada en 2010, con lo que el grupo pasó a denominarse BRICS. Su principal cometido es promover el multilateralismo y la democratización de la gobernanza económica global, lo que hace del BRICS, al menos originalmente, una especie de grupo de presión de la periferia mundial. Así, su relevancia no se deriva tanto de las proyecciones de crecimiento económico que disfrutaban sus países miembros, sino de los cambios estructurales en la gobernanza económica global que dicho crecimiento produciría.

Sin embargo, el BRICS no se limitaría a un mero foro de discusión de asuntos globales, sino que apostaría por la creación de nuevas instituciones económicas globales, como el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) o el Acuerdo de Reserva de Contingencias (CRA). El primero financia proyectos de desarrollo en mercados emergentes mediante préstamos, garantías y otros instrumentos financieros, como una especie de Banco Mundial por y para países emergentes; el segundo es un fondo de reserva para paliar contingencias financieras de similar forma a lo que ya hace el FMI. Estas instituciones han consagrado un nuevo paradigma de gobernanza financiera global cuyas principales características son la equidad en los derechos de voto de sus participantes y una menor dependencia del dólar a favor de  divisas locales. Aunque esta apuesta no pasa por sustituir al FMI o el Banco Mundial —y, en efecto, eso no ha ocurrido—, sí supone, junto con otras iniciativas como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura impulsado por China, la institucionalización de una gobernanza económica liderada por países no occidentales y alternativa al sistema de Bretton Woods, bajo el que se crearon el Banco Mundial y el FMI.

Para ampliar: “¿Quién o cómo se gobiernan el FMI y el Banco Mundial?”, El Orden Mundial, 2019

No obstante, una de las principales características que resaltan de los BRICS es la falta de homogeneidad entre los países que lo conforman, más allá de que fueran cinco países periféricos que compartieran buenas perspectivas de crecimiento económico a principios de la década de los 2000. 

Mientras que China e India han seguido creciendo por encima del 5%, Rusia, Sudáfrica y Brasil han sufrido un retroceso en los últimos años. Fuente: elaboración propia del autor a partir de datos del Banco Mundial

Mientras que India, Brasil y Sudáfrica son democracias, China está gobernada por un sistema de partido único y Rusia es una autocracia. Los tres primeros países son vistos como más proccidentales, mientras que los otros dos cuestionan la hegemonía de Occidente y, además, son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU con derecho de veto. China e India, rivales estratégicos en Asia, tienen una población de más de 1,300 millones de personas, mientras que la suma de Brasil, Rusia y Sudáfrica ni siquiera llega a los 500 millones. Finalmente, las proyecciones de crecimiento económico, lo único que tenían en común los cinco países, han variado de forma desproporcionada a favor de China e India en los últimos años.

Para ampliar: “China, el nuevo banquero mundial”, Gemma Roquet El Orden Mundial, 2018

Una década de desencanto

Los años 2010 serán recordados como una década pésima para el crecimiento económico en las economías emergentes, especialmente tras haber experimentado un crecimiento económico envidiable en la década anterior. Este retroceso ha ido aparejada de crisis políticas internas e internacionales en los países que conforman el BRICS, modificando por completo el panorama en el que dichos países habían pusieron en marcha este foro.

A pesar de haber conseguido mantener su crecimiento en torno al 10% tras la gran recesión de 2008, China sufrió un conato de crisis económica con el hundimiento de sus bolsas en 2015 y 2016, momento en el que su crecimiento se ralentizó; hoy, su economía crece al menor ritmo en las últimas tres décadas. Asimismo, el país está experimentando profundos cambios tanto internos como externos bajo el liderazgo de Xi Jinping y se halla inmerso en una rivalidad estratégica con Estados Unidos. India es el único país de los que conforman el BRICS que puede hacer sombra a China, a quien considera también un rival estratégico por su ambición de dominar el continente asiático y por las disputas territoriales que ambos países todavía mantienen en el Himalaya y Cachemira. Por otro lado, India se encuentra en un clima de intensa polarización política y social por auge del nacionalismo hindú que ha caracterizado al Gobierno de Narendra Modi. 

India y China son rivales estratégicos en Asia.

Rusia fue el país del BRICS que más expuesto se vio a la crisis de 2008, a lo que hay que añadir el efecto de las sanciones de la Unión Europea y Estados Unidos por su participación en el conflicto en Ucrania, y de la caída de los precios del petróleo y del gas natural, que constituyen más del 50% de sus exportaciones. Con la vuelta de Vladímir Putin a la presidencia en 2012, Rusia ha adoptado una postura más agresiva y revisionista frente a Estados Unidos y la OTAN. 

Por último, además de sufrir una reducción de su crecimiento económico a partir de 2013, tanto Brasil como Sudáfrica se han visto envueltos en sendas crisis políticas internas: en Brasil, con el resultado de la llegada al poder del populista Jair Bolsonaro, que aboga por medidas económicas proteccionistas y por limitar la influencia de China a favor de mejores relaciones con Estados Unidos; en Sudáfrica, con el debilitamiento del Congreso Nacional Africano, el principal partido del país, que ha sufrido de casos de corrupción de forma endémica en los veinticinco años que lleva en el poder.

Este panorama, tan distinto a los años dorados del crecimiento económico, se completa con otras tendencias a nivel global que, si bien no permiten calificar como obsoleto al foro de los BRICS, sí que sugieren que su papel está llamado a ser más limitado. El escenario mundial en el que nació el foro, con la globalización dirigida por Estados Unidos y a pleno impulso, ha cambiado radicalmente: han vuelto las tensiones geopolíticas y la inestabilidad económica a nivel mundial, y han aterrizado nuevas tendencias políticas y, en particular, el populismo nacionalista. 

Por si fuera poco, los propios países del BRICS tienen un gran interés en la supervivencia del sistema que les ha permitido desarrollarse. Sin perjuicio de que Rusia, China o India deseen moldear el sistema internacional de acuerdo con sus propios intereses —un buen ejemplo son los llamados “derechos humanos con características chinas” —, lo cierto es que, de momento, los BRICS no están todavía en condiciones de articular por sí mismos una alternativa a dicho sistema, por lo que seguirán intentando que funcione para poder crecer a su sombra.

Para ampliar: “China ante su primera gran crisis económica”, Fernando Arancón El Orden Mundial, 2019

Perspectivas de futuro

Pese a que el BRICS se contempla para un sistema escenario y bajo unas condiciones económicas de sus países miembros esencialmente diferentes a las actuales, el foro conserva su razón de ser y solo ha visto limitado su propósito a raíz de las nuevas circunstancias. El NDB y CRA, así como el foro anual de líderes, que constituyen las vértebras institucionales de la organización, continúan funcionando con normalidad. El principal objetivo perseguido a través del BRICS, la articulación de un mayor protagonismo global de los países que lo conforman, continúa vigente. Otros objetivos igualmente importantes como la promoción del multilateralismo, la cooperación económico-financiera y el respaldo mutuo entre los países miembros también se mantienen intactos, como quedó patente con la Declaración de Brasilia de noviembre de 2019. Entre otros asuntos, la Declaración llamaba a fortalecer instituciones multilaterales como la ONU, la OMC o el FMI, y apoyaba el acuerdo militar entre Rusia y Turquía respecto a Siria

En suma, pese a las nueva coyuntura mundial, el BRICS aún no ha quedado obsoleto. Siguen existiendo intereses compartidos entre los países que lo conforman, tanto a nivel bilateral como a nivel multilateral, como prueban la alianza sino-rusa o la vigencia del NDB y del CRA, respectivamente. Es probable que la alianza no vaya más allá de su estatus actual, en parte por la situación económica de sus países y también por iniciativas paralelas como la Nueva Ruta de la Seda china; pero, en cualquier caso, el BRICS continuará subsistiendo principalmente como un foro de diálogo y cooperación limitada entre los países que lo conforman. 

Para ampliar:“Las nuevas economías emergentes (EAGLEs)”, El Orden Mundial, 2018