Consigue acceso a todos nuestros mapas y mucho más:

Mapa de la geopolítica de Tailandia

La geopolítica de Tailandia

La geopolítica de Tailandia está marcada por su inestabilidad, su punto central en el sudeste asiático y las rutas comerciales de la zona.
CartografíaGeopolíticaAsia-Pacífico

Esta funcionalidad está reservada a suscriptores, por solo 5€ al mes puedes suscribirte.Guardar mapa

Si por algo se ha caracterizado la historia reciente de Tailandia, desde que en 1932 dejara atrás la monarquía absoluta para pasar a una constitucional, ha sido por la inestabilidad política. Más de una quincena de golpes militares y diecinueve constituciones nacionales diferentes lo atestiguan. Y es que, tras los avances democráticos implementados en la década de los noventa, la entrada del nuevo siglo sumió al país en la confrontación más profunda, una división que aún está muy presente a lo largo y ancho de Tailandia.

Thaksin Shinawatra, un conocido empresario multimillonario, accedió democráticamente al poder en 2001 y cuatro años después consiguió revalidar su mandato, algo inédito en la política tailandesa. Thaksin llevó a cabo medidas redistributivas que le hicieron ganarse la confianza del electorado rural, sobre todo del norte y este tailandés, las zonas históricamente olvidadas por la rica Bangkok y con dinámicas comerciales —el gran río Mekong tiene mucho que ver—, culturales e ideológicas más próximas al vecino Laos. A pesar de ello, pronto el Gobierno de Thaksin se vio envuelto en escándalos de nepotismo y corrupción, y la dureza con la que reprimió las insurrecciones de musulmanes en el sur del país, así como su feroz lucha contra el tráfico de drogas, lo colocaron en el centro de la indignación popular.

Mekong, un río para seis países

Poco a poco, la oposición al thaksinismo fue aglutinando a las clases medias urbanas, poblaciones malayo-musulmanas, militares y aristócratas bajo un movimiento denominado camisas amarillas. Enfrente, los camisas rojas defendían la figura de Thaksin por encima de todo, y en ese clima de confrontación la violencia no tardó en llegar a las calles. Las protestas y disturbios eran cada vez más frecuentes, pero entonces el ejército tailandés decidió dar un golpe de Estado en 2006 para derrocar al primer ministro. Thaksin se vio obligado a exiliarse y la tensión entre los camisas rojas y amarillas no hizo sino aumentar en un periodo en el que ambos bandos boicotearon los mandatos del rival. Así, tras unos años de fuerte inestabilidad, en 2014 el ejército volvió a dar otro golpe de Estado.

No fue hasta marzo de 2019 cuando Tailandia volvió a acudir a las urnas. El bando thaksinista —representado por el partido Puea Thai— consiguió más escaños que sus rivales, pero una alianza liderada por los partidos afines al ejército aupó a Prayut Chan-o-cha —del partido Palang Pracharat, ganador de las elecciones en número de votos— al puesto de primer ministro.

Con todo, y a pesar de la tensa calma que se vive en Tailandia —donde, por si fuera poco, después de 70 años la corona ha cambiado de titular—, el país del sudeste asiático fue el noveno más visitado del mundo en 2019, con 38 millones de turistas internacionales. Desde las playas de las islas Phi Phi hasta los templos de Chiang Rai o los santuarios de elefantes, prácticamente todas las regiones de Tailandia tienen atractivos turísticos que han explotado como pocos a nivel internacional. Incluso, el Triángulo de Oro del opio que une Myanmar, Laos y Tailandia a través del Mekong forma parte de las rutas turísticas que las agencias de viajes ofrecen por el país.

https://elordenmundial.com/mapas/las-rutas-de-la-heroina-en-el-mundo/

Pero la dependencia de Tailandia del exterior no se da solo en el plano turístico. Si bien el músculo productivo de sus arrozales le garantizan la autosuficiencia alimentaria, Tailandia basa gran parte de su sistema energético en el gas natural. En este sentido, a pesar de contar con varios proyectos de extracción en el golfo de Tailandia e incluso un Área de Desarrollo Conjunto con Malasia, gran parte del suministro nacional proviene de Myanmar y Malasia.

A pesar de esa dependencia energética, Tailandia lleva décadas coqueteando con un megaproyecto que multiplicaría exponencialmente su valor geopolítico y la situaría en el centro del comercio mundial: el canal de Kra. De llevarse a cabo, la construcción uniría artificialmente los océanos Índico y Pacífico, una suerte de canal de Suez a la asiática, y con un estrecho de Malaca cada vez más densamente transitado, no cabe duda de que el proyecto sería revolucionario. Sin embargo, su planificación ha sido muy intermitente hasta la fecha y ni siquiera su realización está garantizada.

Tailandia, la democracia de los militares

© El Orden Mundial.
Todos los derechos reservados.