Geopolítica Asia-Pacífico

Aguas revueltas en el mar de la China Meridional

Aguas revueltas en el mar de la China Meridional
Barcos del grupo de choque George H. W. Bush realizan maniobras antes de su despliegue. Fuente: Justin Wolpert (Marina de EE. UU.)

El mar de la China Meridional es un espacio de relevancia fundamental para numerosos países de la región Asia-Pacífico. El tráfico de mercancías, así como su rico fondo marino, han generado una situación de disputa por su control en la que no cesan de aumentar las tensiones.

La contienda que se desarrolla en las aguas del sudeste asiático es uno de los escenarios geopolíticos más activos e intrincados del mundo. Incluso su nombre es motivo de conflicto entre algunos de los actores implicados: mientras que para los chinos es el mar Meridional, los vietnamitas lo denominan mar Oriental y los filipinos, mar Occidental de Filipinas. El nombre que utilizan para referirse a este importante espacio de tránsito, lejos de ser una mera referencia geográfica, es un esfuerzo por hacer suya esta área de influencia. A lo largo de este artículo se utilizará el hegemónico mar de la China Meridional; no en vano, es el gigante asiático el que más dominio presenta en estas aguas y pretende instaurarse como principal potencia hegemónica de la zona. Esto supondría hacerse con el control del tráfico marítimo de estas aguas, con los beneficios económicos que ello conlleva, particularmente la autonomía para explotar un fondo marino rico en crudo, gas natural y materias primas. Sus estrategias para hacerse con el control de la zona van desde la construcción de islas artificiales hasta organizar viajes turísticos a las islas Spratly y Paracelso —archipiélagos cuya soberanía está disputada por otros países— para presentarlas en el imaginario colectivo de su población como una parte más del territorio chino.

Buscando aumentar su influencia en la zona, están también involucrados los Estados de Malasia, Taiwán y el sultanato de Brunéi. Aunque estos países presentan un papel secundario en el conflicto, no se puede desestimar su potencial. La acumulación y tráfico de mercancías y materias ha atraído asimismo a otros actores extrarregionales, como Estados Unidos, que en los últimos años ha realizado una serie de acercamientos diplomáticos a los países en liza con China, así como aumentado su presencia militar en la zona. Cualquiera de los países ya nombrados teniendo a un poderoso aliado como Estados Unidos, podrían resultar decisivos para desestabilizar la hegemonía China en estas aguas.

Para ampliar: “Geopolítica en el mar de China”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2013

La riqueza del mar Meridional

El mar de la China Meridional ha sido y es un espacio en disputa multilateral constante. Los países que lo rodean no cesan de litigar por el control de sus aguas, pues aquí se pueden encontrar muchas de las principales rutas comerciales marítimas del Pacífico, así como una notable cantidad de recursos naturales y energéticos con potencial de ser explotados. Aunque las cifras varían la fuente, la Agencia de Información Energética de Estados Unidos calcula que en el fondo de este mar hay unos 11.000 millones de barriles de crudo y 190 billones de pies cúbicos de gas natural. Estos yacimientos no tienen parangón con las reservas de los gigantes del crudo, como Venezuela —301.000 millones de barriles— o Arabia Saudí —266.000 millones—, y se encuentran en las zonas económicas exclusivas de los países que rodean el mar, por lo que la disputa por sus derechos de explotación no se da tanto en este ámbito al estar sujeta a dicha legislación —aunque algunas de las reservas se solapan y sí que provocan enfrentamientos—. Sin embargo, las reservas de gas natural y la pesca —que representa el 12% del total mundial— son cuantiosas e incentivan en mayor medida intentar hacerse con el control de la zona y, con ello, la autonomía para explotar estos recursos.

De otra parte, el alto volumen de barcos cargueros de petróleo y gas natural licuado hace del mar de la China Meridional un enclave fundamental para entender los intereses de los diversos actores nacionales envueltos en este entramado geopolítico. A través del estrecho de Malaca, pasando por Singapur, circula cada año casi un tercio del petróleo y la mitad del gas natural que se consume a nivel mundial. Si se suman a estas materias todas las importaciones y exportaciones que se realizan a través de este mar, fundamentales para las economías de los países que lo rodean, queda una cifra de 3,4 billones de dólares estadounidenses, el 20% del flujo de capital relacionado con el comercio internacional —fuentes más optimistas han llegado a situar este valor en 5,3 billones, un 36% del capital—.

Rutas de tránsito del comercio de crudo en el mar de la China Meridional. Fuente: Agencia de Información Energética de Estados Unidos

Controlar el tránsito marítimo de la zona permitiría a los países litigantes garantizar el suministro continuo de materias primas y recursos energéticos, así como generar ganancias con ellos. Para ello, el dominio de los archipiélagos Paracelso y Spratly ha sido un objetivo clave de los países que rodean el mar. En caso de una crisis, el control de este conjunto de arrecifes, bancos e islas sería de gran utilidad para cualquiera de los actores involucrados, por lo que el aumento de su presencia y militarización está siendo la tendencia predominante.

Arbitraje internacional

Muchos son los factores que hacen del arbitraje un procedimiento complejo en el mar de la China Meridional. La legalidad internacional, como en otros muchos escenarios, no siempre es respetada y no acaba llegando más lejos de donde acaba la buena fe de los actores. La multilateralidad brilla por su ausencia en la agenda política de la mayoría de los países asiáticos; solo los acuerdos bilaterales parecen tener mayor garantía de futuro. China es el país que lleva la batuta, pero sus demandas no están reconocidas ni por el resto de los países limítrofes del mar ni por el Derecho internacional, pues el dominio de prácticamente la totalidad del espacio marítimo se atribuye en virtud de una ley histórica conocida como la “línea de los nueve puntos​​”, trazada por la propia República Popular China para delimitar el territorio que reclama como suyo.

Territorios disputados en Asia-Pacífico. La línea discontinua sigue el trazado de la línea de los nueve puntos.

La Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar concede a los países soberanía sobre las aguas que están no más allá de 200 millas de sus costas. El resto se consideran aguas internacionales, donde los barcos pueden navegar libremente. Es por esto por lo que los países envueltos en este conflicto tienen tanto interés en apoderarse de los dos grandes archipiélagos —a los que se hizo renunciar a Japón después de la Segunda Guerra Mundial—, centro neurálgico de estas aguas. Ningún Estado puede hacerse con el control del territorio marítimo —no así del terrestre—, por lo que, al estar ambos archipiélagos dentro de la línea de los nueve puntos, China teóricamente tiene el control de estas islas y derecho a gobernar 200 millas mar adentro a partir de sus orillas.

Para ampliar: “Las cicatrices de Asia-Pacífico”, Diego Mourelle en El Orden Mundial, 2018

Como se puede esperar, los países que lindan con las aguas meridionales se niegan a respetar esta ley histórica. El primero en presentar un recurso legal ante la convención fue Filipinas en 2013. Tres años más tarde, el litigio se resolvió a favor del Gobierno de Manila bajo el argumento de que la línea de los nueve puntos no era una garantía legal suficiente para conceder soberanía a China sobre las islas en disputa, en concreto algunas de las Spratly. No obstante, China se plantó ante la convención y dijo que no respetaría el fallo del tribunal, y Taiwán se situó estratégicamente a su lado —no en vano, la línea de los nueve puntos también lo incluiría—. Vietnam, por su parte, se situó en el bando de Filipinas durante la demanda alegando que China —en concreto su petrolera nacionalhabía instalado una plataforma petrolífera en aguas de las Paracelso de forma violenta (decenas de muertos y centenares de heridos) totalmente unilateral y sin tener soberanía. Meses más tarde, la estatal china encontró reservas de gas natural en el fondo marítimo.

China, un gigante con los pies de barro

Esta metáfora, utilizada en varias ocasiones, sirve para describir la situación en la que se encuentra China actualmente. Mientras que en los últimos años ha mostrado un ritmo acelerado de crecimiento de su PIB, su economía, basada en la exportación y en su potencial demográfico, se ha visto frenada: de un 12% anual el crecimiento ha pasado a la mitad aproximadamente, propio de un país que parece que se está centrando en el consumo familiar y el auge del sector servicios. Este cambio económico estructural indica que China ya no se está comportando tanto como un gran exportador, sino como un consumidor más parecido a un país desarrollado.

Para ampliar: “China: El gigante imparable”, Visión Geopolítica en Tendencias21, 2016

Sin embargo, su situación dista de ser la de un país del primer mundo. A medida que ha crecido el PIB chino, también lo han hecho las desigualdades y la corrupción dentro del Partido Comunista. El éxodo rural a las grandes ciudades que viene dándose desde inicio de la década de 1990 ha traído graves problemas medioambientales en los mayores núcleos urbanos. El sistema sanitario es precario y las familias se endeudan e incluso pueden llegar a arruinarse en caso de que algún miembro contraiga una enfermedad grave.

Por estas y otras muchas razones, el equilibrio chino no es tan sólido como puede aparentar desde el exterior y su seguridad económica está fuertemente ligada al mar de la China Meridional. El control de la pesca en la zona es una pieza clave para su correcto desarrollo al tener poca tierra cultivable debido al gran problema de la contaminación —solo un 8% del total cultivable— en relación con la población nacional a la que debe abastecer. La lucha por estos recursos se debe tener en cuenta, pues, debido a la sobrepesca en ciertas zonas, los pescadores se extralimitan de las aguas donde pueden faenar y son muchos los altercados en altamar, lo que resulta peligroso al tratarse de zonas fuertemente militarizadas. Al mismo tiempo, al Gobierno chino le interesa que todo el tráfico de mercancías, recursos energéticos y materias primas permanezca estable en la zona: China es el principal exportador a través del mar Meridional —un 28% del total, equivalente a 874.000 millones de dólares—, seguido de lejos por Corea del Sur —7%—. El valor de las importaciones chinas a través del mar Meridional también se sitúa en el primer lugar, ya que no posee demasiadas reservas de recursos energéticos y necesita cantidades enormes para abastecerse.

¿Cómo alivia China la presión que genera esta situación? Desde hace varios años, ha optado por la militarización estratégica de la zona. Aparte de aumentar la presencia de navíos de guerra en la zona y haciendo caso omiso a los dictámenes de los organismos internacionales, China se ha dedicado a establecer en las islas Spratly bases militares con capacidad para albergar aviones de combate para dar soporte logístico. Aunque esta práctica ha sido llevada a cabo por otros países, como Taiwán, Filipinas o Vietnam, China fue todavía un poco más lejos al construir islas artificiales para luego asentar en ellas sus bases. El procedimiento es simple, pero no deja de sorprender: barcos chinos navegan por encima de bancos de arena o arrecifes ligeramente sumergidos y descargan arena y rocas hasta que la superficie emerge por encima del nivel del mar. Aunque esta práctica es ilegal, China ya ha hecho uso de ella al menos en seis ocasiones; el caso del arrecife Fiery Cross, con capacidad para albergar bombarderos y armado con sistemas de misiles, es la pieza clave de estos asentamientos militares.

Para ampliar: “Las Spratly, el problemático capricho de Asia-Pacífico”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2015

Evolución de Fiery Cross de un arrecife en agosto de 2014 a una isla artificial en septiembre de 2015. Fuente: GeoGarage

China contra Estados Unidos: ¿política de contención?

Este enfrentamiento de intereses tan intrincado ha llevado a los países con menos poder a conjurar alianzas oportunistas con Estados Unidos, la potencia hegemónica mundial, que no pierde de vista todo lo que sucede en las aguas del mar de China. La Administración Obama ya garantizaba en 2011 que la presencia y las misiones en el escenario de Asia-Pacífico se convertirían en una de sus prioridades fundamentales y que el gasto dedicado a este escenario no se vería afectado por ningún recorte. En 2013 la franquicia de videojuegos Battlefield lanzaba en su última versión hasta la fecha, Battlefield 4, una misión ambientada en el mar de la China Meridional, en la que el jugador recibe fuego real por parte del ejército chino.

Aunque se trata de una dramatización de la situación que viven las dos superpotencias, la escalada de tensión no hace más que ir en aumento en estas aguas. Respaldado por el principio de libre navegación en aguas internacionales, EE. UU. ha mandado en numerosas ocasiones a su flota a patrullar estas aguas —como ocurre en Battlefield 4—. De hecho, la Séptima Flota de la marina estadounidense es la principal potencia de la zona, sin olvidar que, independientemente de la potencia de fuego del ejército chino, los marines estadounidenses son todavía muy superiores a los chinos en cuanto armamento y desarrollo.

Actualmente se calcula que China se aproxima a EE. UU. en número de buques de guerra. Sin embargo, sus sistemas armamentísticos aún se encuentran lejos del nivel estadounidense y sus tropas, pilotos y marinos tienen menos experiencia y formación. Fuente: Bloomberg

China entiende estas acciones como una provocación y una tergiversación del derecho de libre circulación. Pero EE. UU. no solo hace oídos sordos, sino que, especialmente desde la llegada al poder de Donald Trump, está dispuesto a tensar aún más la goma. Trump ya ha declarado que solamente está dispuesto a mantener la política de “Una sola China” —aquella por la cual los países no reconocen Taiwán como un Estado soberano— si los chinos están dispuestos a ofrecer algo a cambio. En su gira por Asia, el presidente estadounidense ha restablecido las relaciones con el Gobierno de Rodrigo Duterte en Filipinas, rotas durante el mandato de Obama. En su visita a Manila, ambos dedicaron más tiempo a criticar al expresidente de EE. UU. que a hablar de las acusaciones de violaciones de derechos humanos que pesan sobre el presidente filipino por su política de actuación contra el narcotráfico. Además, en marzo de 2018 la marina estadounidense llevó hasta las costas de Vietnam el USS Carl Vinson, uno de los diez portaaviones nucleares de su ejército, de entre los más grandes del mundo, y el buque estadounidense más grande en llegar a Vietnam desde el final de la guerra en 1975.

Por qué no perder de vista el mar Meridional

Está claro que para valorar el poderío de China se deben tener en cuenta numerosos factores que juegan en su favor y en su contra. Incluso después de ponerlos todos en una balanza, no es seguro cuál sería el resultado final. Los problemas internos, así como su creciente número de enemigos en el exterior, auguran un futuro complicado. Sin embargo, su apuesta es firme en lo que respecta al conflicto del mar de la China Meridional, donde no cede terreno. Los otros países que disputan la soberanía de estas aguas saben de la determinación del gigante asiático, por lo que buscan el apoyo de EE. UU., que no va a dejar nada al azar en este escenario crucial para el corto y medio plazo de la agenda internacional. El mar de la China Meridional es uno de los espacios geopolíticos decisivos para EE. UU. en los que debe mantenerse fuerte si quiere conservar su estatus como potencia hegemónica, ya que las alianzas entre China y Rusia podrían seguir avanzando al tiempo que la primera continúa con el proyecto de su Nueva Ruta de la Seda.

Para ampliar: “La Nueva Ruta de la Seda: iniciativa económica, ofensiva diplomática”, Sandra Ramos en El Orden Mundial, 2016

1 comentario

  1. muy bueno!!! su informacion