En el foco Política y Sociedad Asia-Pacífico

Cuando Taiwán se quede sin aliados

Cuando Taiwán se quede sin aliados
La presidenta de la República de China, Tsai Ing-wen. Fuente: Oficina Presidencial de Taiwán

Con cada vez menos aliados internacionales, Taiwán se enfrenta a la necesidad de anticipar lo que vendrá después del día cero. Dos escenarios se presentan como factibles: la intervención militar o la negociación directa.

La elección de Tsai Ing-wen como presidenta de la República de China —más conocida como Taiwán— tiró la primera pieza de la estrategia china para terminar con la existencia relativa de Taiwán en la escena internacional. El verano de 2018 no hizo sino confirmar una tendencia que ya pocos dejan de considerar un hecho: la alta probabilidad de que la República de China deje de existir muy pronto. ¿Qué sucederá cuando el último embajador abandone Taipéi?

Hacia una identidad taiwanesa

La mente y los corazones de los taiwaneses parecen haber sido el objetivo de la persuasión del Gobierno chino. Mediante generosas becas y programas de trabajo bien remunerados en el continente, China intenta suavizar la visión de los jóvenes hacia el continente. Esta estrategia es complementaria a una presión activa a la que somete a los pocos aliados de Taiwán en el extranjero —17 en septiembre de 2018—, con la que busca dejar al archipiélago nación en el limbo del Derecho internacional: perteneciente formalmente a China y, por tanto, pasible de cualquier acción china sobre las islas.

Para ampliar: “La diplomacia de la solidaridad de Taiwán”, Alfonso Pisabarro en El Orden Mundial, 2018

Perder todos los aliados internacionales —entendiendo aliados como países con los que mantiene relaciones diplomáticas de alto nivel— sería catastrófico para Taiwán. Debido al Consenso del 92, por el cual solo puede existir una China, los países que reconocen la República Popular China implícitamente reconocen Taiwán como parte de China. Si nadie reconoce la República de China, la República de China no existe.

Por otra parte, desde la apertura democrática en 1991, los sucesivos Gobiernos se han ido definiendo hacia la independencia apoyados por el devenir cronológico: las nuevas generaciones se sienten más taiwanesas y menos chinas. No sorprende, pues, la aparición del Partido Progresista Democrático y que sea este, formado por nativos, el que se encuentra en el poder ahora mismo. Tampoco sorprende que el tiempo y la redefinición identitaria de la población de Formosa se vayan acercando más hacia el ideal de la independencia; para Taiwán, China es casi tan foránea como Japón.

En 1996 las primeras elecciones presidenciales dieron la victoria a Lee Teng-hui, la primera figura importante que no había nacido en China. Desde entonces, la divergencia identitaria no para de crecer. Fuente: CFR

Alarmas sobre Taipéi

La idea de una anexión por la vía militar resulta poco probable. En primer lugar, China vale lo que valen sus inversiones en el extranjero. Mediante proyectos de cooperación nutre sus fábricas de los recursos naturales que necesita y mediante la Nueva Ruta de la Seda consolida las alianzas necesarias para sostener su posición en la jerarquía internacional.

En segundo lugar, a pesar de que la cultura político-militar china no es partidaria de la expansión territorial —se trata del “Imperio del Medio”— y que la posesión formal de Taiwán legitime una acción coordinada, ello repercutiría negativamente en su reputación exterior. China se presenta como mediador en multitud de conflictos, lo cual genera la percepción de alternativa a Estados Unidos y alimenta la idea del “ascenso pacífico”.

La superioridad militar de China respecto a Taiwán es notable y ayudaría a alimentar la idea de un Estado víctima de las acciones de Pekín, lo que acercaría la opinión pública a Taiwán, como si se tratara de un nuevo Tíbet. Es por todo ello por lo que China, a pesar de poseer todas las herramientas legales y militares, previsiblemente no optará por la anexión directa. Formosa, además, sería el fruto de un shock debido al cambio radical en cultura política y económica y ello exigiría un mayor control por parte de Pekín, que trata de eliminar la cara de Estado policía en su carta de presentación al mundo.

El planeta Taiwán

Que el mundo acabe girando en torno a Pekín y no Taipéi es una realidad innegable que se va haciendo cada vez más palpable conforme pasan los años. La apuesta por el statu quo por parte del Gobierno de la isla parece ir perdiendo fuerza a medida que más embajadas cierran en Formosa y la idea de declararse independiente solo provocaría la rabia de Pekín y aceleraría la pérdida de aliados por lo impredecible de las consecuencias. Por ello, antes de perder al último aliado, Taipéi puede plantearse sentarse en la mesa y negociar un modelo de anexión que pudiera suavizar el choque.

La primera razón para ello sería la relativa libertad que tendría Taipéi a la hora de negociar condiciones a pesar de que las básicas —lealtad a Pekín, a su visión del mundo y a sus interesas nacionales— sean dogmas indiscutibles. La salvación, pírrica, podría llegar tratando de mantener su sistema de derechos y libertades y su sistema económico. En segundo lugar, a pesar de que la fórmula “un país, dos sistemas” sea la base de las negociaciones, podría flexibilizarse en cuanto a tiempos. Cláusulas de cooperación económica y cultural podrían ayudar a que en un futuro lejano se pudiera volver a la China de antes de 1895.

Para ampliar: “Un país, dos sistemas: Hong Kong y la República Popular China”, Fernando Rey en El Orden Mundial, 2016

La imposible República de Taiwán

La diplomacia estadounidense exige a Pekín que se abstenga del uso de la fuerza sobre la base de la sección 2 del Acta de Relaciones con Taiwán de 1979 y recalca la necesidad de mantener la paz y la seguridad en el Pacífico, sobre todo en una zona tan vital para el comercio mundial como son el estrecho de Taiwán y sus alrededores y para los intereses de Estados Unidos ante el auge de China como rival político, económico y militar.

A pesar de jugar un papel muy importante en la supervivencia de Formosa, una intervención estadounidense sería imposible, pues constituiría una violación del Derecho internacional al entrometerse en los asuntos internos de China. Sin embargo, eso no elimina la variable Washington.

Las posibilidades de que Taiwán se quede sin aliados son altas, como lo son la negociación de una fórmula menos dañina para la población de Formosa para introducirse en el sistema chino. Las soluciones militares son poco probables, pero menos lo es una declaración de independencia desde Taipéi, así como la creación de una República de Taiwán. Taipéi puede tensar la cuerda, pero sin arriesgarse a romperla.