La isla de Papúa, o Nueva Guinea, es la segunda mayor isla del mundo tras Groenlandia —Australia es considerada un continente en sí misma—, con un tamaño similar al de Turquía o Chile. La isla se encuentra geográficamente en Oceanía, aunque la geopolítica de Papúa se escora más bien hacia una división entre dos países: Indonesia y Papúa Nueva Guinea, o su equivalente en términos políticos, entre Asia y Oceanía.
Esta división de la isla en dos, casi en línea recta, es fruto de la colonización y resulta enormemente arbitraria. El resultado más directo es que divide tribus y territorios en un inmenso límite fronterizo imposible de controlar. La mitad occidental de Papúa fue colonizada por Países Bajos, y después fue anexionada por Indonesia. La parte oriental, colonizada por Alemania y Reino Unido, es un país independiente, formando con otras islas y archipiélagos cercanos Papúa Nueva Guinea.
Papúa no solo es inmensa, es inexpugnable. A la división política este-oeste se suma la división física norte-sur, con una abrupta cadena montañosa que parte Nueva Guinea en otras dos mitades. Una tupida selva desciende desde las montañas y llega hasta los manglares de la costa; entre medias quedan los pantanos, que penetran cientos de kilómetros hacia el interior. Solamente en el extremo sur hay una planicie de sabana de fácil acceso.
Así, Papúa, pese a ser uno de los orígenes de la agricultura, nunca desarrolló una gran civilización, como el resto de cunas de la agricultura. Hacia el 7.000 a. C. los papúes domesticaron el taro, la caña de azúcar o el plátano. No obstante, las sociedades papúes siguieron siendo tribales hasta la llegada de los europeos, y en gran medida lo siguen siendo.
Papúa es una de las últimas fronteras del planeta, un territorio que en gran medida sigue inexplorado y donde todavía se adentran misioneros para cristianizar a pueblos desconocidos. Existen una gran cantidad de tribus, muchas recientemente contactadas, y otras muchas sin contactar, dando como resultado el lugar con mayor diversidad lingüística del mundo —solamente en Papúa Nueva Guinea se hablan más de 800— .
Al igual que la vecina Australia, Papúa es un territorio rico en minerales estratégicos, especialmente en oro y cobre, aunque también tiene depósitos de níquel o plata. Estos yacimientos se distribuyen a lo largo de una gran inmensa diagonal que cruza la isla, coincidiendo con la cordillera central, y las tierras más altas, abruptas, templadas y pobladas.
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Acceder a estos recursos resulta complicado en un territorio montañoso, cubierto por densas selvas y pantanos. La mayoría de las comunicaciones deben realizarse por rutas marítimas o fluviales. En el lado indonesio se está construyendo la autopista Trans-Papúa para facilitar el acceso al interior —y a sus minas— y conectar las costas, pero también por otra razón: colonizar el territorio.
Indonesia está fomentando la llegada de población musulmana de otras regiones del país, especialmente de Java, a la zona occidental de Papúa para afianzar su control sobre una isla que en términos culturales, étnicos y geográficos es distante del resto del país. Esta colonización está creciendo rápidamente: si en 1971 los papúes representaban el 96% de la población de Papúa Occidental, en el 2000 ya solo eran el 68%, en el 2010 el 49% y en 2020 apenas un 30%.
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Esta colonización ha llevado a diversos conflictos por el uso de la tierra y el acceso a los recursos entre la población nativa y los nuevos habitantes, una situación de la que se ha valido el Movimiento Papúa Libre u OMP (por sus siglas en inglés) para justificar sus acciones terroristas en busca de la independencia.
Otro conflicto, esta vez en Papúa Nueva Guinea, ha sido la isla de Bougainville, que pertenece geográfica y culturalmente a las Islas Salomón, pero que como resultado de la colonización acabó formando parte de Papúa Nueva Guinea. El intento de independizarse por parte de Bougainville acabó resultando en una cruenta guerra. Sin embargo, en 2019 la isla logró aprobar en referéndum no vinculante su independencia, y se espera que acabe por separarse políticamente de Papúa, aunque queda por ver si lo hará como país independiente o como parte de las Islas Salomón.
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