Existen teorías sobre quién estuvo detrás del sabotaje a los gasoductos Nord Stream 1 y 2, pero no se ha confirmado la autoría. Los días 26, 27 y 29 de septiembre de 2022 se detectaron cuatro fugas en las tuberías submarinas de los gasoductos, en las aguas territoriales de Suecia y Dinamarca. Sismólogos suecos y daneses detectaron explosiones equivalentes a cien kilogramos de TNT y, semanas después, Suecia confirmó que había encontrado restos de explosivos en el lecho marino. Las acusaciones cruzadas sobre quién estaba detrás de los ataques no se hicieron esperar.
Rusia culpó a Occidente, empezando por el Reino Unido y Estados Unidos, mientras que Polonia y Ucrania han acusado a Rusia. La Unión Europea se mantiene cauta mientras se esclarecen los hechos. Estados Unidos tampoco se ha pronunciado oficialmente, pero su inteligencia tiene indicios de que el sabotaje fue obra de un grupo de ucranianos o rusos opositores al Kremlin, según desveló el New York Times el 7 de marzo.
Por ahora, las únicas certezas son que no fue un accidente y que una operación tan compleja sólo pudo realizarse con participación o apoyo de un actor estatal. Las tuberías están a más de ochenta metros de profundidad y se requería una gran cantidad de explosivos para destruirlos, algo que no está al alcance incluso de la mayoría de los Gobiernos. Hasta la fecha, el resto son especulaciones.
¿Estados Unidos saboteó el Nord Stream?
Estados Unidos ha estado en el punto de mira desde que se supo del sabotaje. El tuit del exministro polaco Radek Sikorski agradeciéndole tras conocer la noticia o el artículo del periodista Seymour Hersh que culpa a Washington y Noruega alimentan esta teoría. No obstante, Sikorski borró el tuit poco después de publicarlo, y el artículo de Hersh, que detalla una operación de la inteligencia estadounidense y motivos detrás, carece de pruebas y se sustenta sobre una sola fuente anónima. Medios estatales rusos como RT se han hecho eco de su contenido a pesar del descrédito del periodista, antes premiado con el Pulitzer pero que ha difundido conspiraciones. Por su parte, Estados Unidos y Noruega han negado las acusaciones.
Es cierto que Estados Unidos siempre se opuso al Nord Stream 2. En 2019, el Gobierno de Donald Trump sancionó a las empresas constructoras pidiendo que se paralizara el proyecto, después de advertir a Alemania del peligro de depender demasiado del gas ruso. Junto a Polonia y Ucrania, entendían que comprometían la seguridad energética europea y otorgaban un gran peso geopolítico a Moscú. Aunque la Administración de Joe Biden retiró las sanciones, él mismo dijo que pondría “fin al Nord Stream 2” si Rusia invadía Ucrania. Estados Unidos es la primera potencia militar del mundo y tiene capacidades para ejecutar la operación, pero no hay pruebas de que las haya desplegado. De hecho, ya se han desmentido supuestos indicios como la presencia de un helicóptero estadounidense en la zona los días del ataque.
Con el sabotaje, Washington se aseguraría un apoyo incondicional de Alemania en la guerra de Ucrania y se situaría en una posición privilegiada como exportador de gas. Ese segundo motivo podría haber llevado a Noruega a colaborar, ya que se ha convertido en el mayor exportador de gas a Europa. No obstante, un ataque así pondría en riesgo sus relaciones con Alemania cuando Occidente busca unirse frente a Rusia. De demostrarse, dispararía las tensiones en la OTAN. Por otro lado, Estados Unidos no se está beneficiando tanto de exportar gas: la alta demanda europea le ha restado influencia en Asia y ha encarecido los precios.
¿Fue más bien Rusia?
Rusia también está en el punto de mira, pero tampoco ha habido pruebas que la inculpen. Aunque distintos medios y analistas la señalan como culpable más probable, Estados Unidos y la mayoría de Estados europeos no quieren hacerlo sin motivo. Incluso la inteligencia estadounidense, que anunció la invasión rusa de Ucrania y que ha acusado a China de considerar enviar armas a Rusia, no se ha pronunciado sobre el Nord Stream. Pese a ello, expertos como el analista británico Mark Galeotti y el exdirector de la inteligencia alemana Gerard Schindler apuntan que existen más motivos en contra de Rusia.
Uno de los principales argumentos para dudar de que haya sido Rusia es que al Kremlin no le interesa atacar su propia infraestructura, ya que afectaría a sus ventas de gas a Alemania. Sin embargo, ninguno de los gasoductos estaba en activo en septiembre. Moscú cerró el flujo del Nord Stream 1 en agosto alegando problemas técnicos, y el Nord Stream 2 nunca llegó a estrenarse. De todas formas, las reparaciones no llevarían más de un año en condiciones normales, y todavía hay una tubería sin dañar. En un escenario de reconciliación, podría seguir bombeando gas a Alemania.
De estar detrás del ataque, Rusia lanzaría el mensaje de que está dispuesta a atacar gasoductos u otras infraestructuras occidentales, como cables submarinos. Ya existen precedentes con Georgia en 2006, dos años antes de la guerra ruso-georgiana, cuando se cree que los rusos sabotearon los gasoductos y líneas de electricidad que proveían de energía a su vecino. Con el Nord Stream podrían haber seguido una estrategia similar: atacar sus propias infraestructuras para que no se entienda como un ataque a otro país. Además, esto último podría llevarle a una confrontación directa con la OTAN. Por otro lado, la CIA ya había advertido a Europa del riesgo de que Moscú sabotease gasoductos antes de las fugas del Nord Stream.
Otras opciones: Ucrania, Polonia o el Reino Unido
Analistas como el estadounidense Ian Bremmer apuestan más bien por Ucrania. Kiev también criticó en su momento el acuerdo del Nord Stream 2, por el peso que perdía frente a Rusia en el control de los gasoductos, y hoy puede ser quien más se beneficie del ataque. Con el flujo de gas paralizado, Ucrania se aseguraría el apoyo incondicional de Alemania en la guerra y frenaría la influencia rusa. No obstante, las limitaciones militares y geográficas de Ucrania dificultan que esté detrás del ataque. De haberlo hecho, lo más probable es que contase con la ayuda de otro país, como Estados Unidos, el Reino Unido o Polonia.
Londres y Varsovia han sido los principales aliados de Ucrania en Europa, sumando más de 10.000 millones de euros en apoyo financiero, humanitario y militar. El Kremlin afirmó que tenía pruebas de que especialistas militares británicos habían coordinado la operación, algo que el Reino Unido niega. Por su parte, Polonia ha sido uno de los países más críticos con el proyecto Nord Stream 2 y con Rusia. Al igual que Ucrania, percibe a Moscú como una amenaza existencial. No cuenta con capacidades militares tan potentes como las británicas o las estadounidenses, pero Bremmer no descarta que las fuerzas polacas sean capaces de un sabotaje así. Sin embargo, tampoco hay pruebas que inculpen a polacos o británicos.
La inteligencia estadounidense tiene indicios que apuntan a otro responsable: un grupo de ucranianos o rusos simpatizantes de la causa de Ucrania y opositores a Putin. La información fue desvelada por el New York Times el 7 de marzo. Esta fuente dice no tener pruebas de que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, su Gobierno u otros actores estatales participaran en la operación, y Kiev ha negado tener nada que ver con ella. Tampoco de que hubiera ciudadanos británicos o estadounidenses en el grupo ni que ninguno de sus integrantes fueran militares o agentes de inteligencia en activo. Con todo, el Gobierno estadounidense reconoce que aún faltan muchas cosas por saber sobre el sabotaje.








Es curioso que el periodista que acusa a EEUU y Noruega sea desacreditado por usar una única fuente anónima cuando el NYT hace exactamente lo mismo y además apuntando a un grupo privado sin apoyo estatal, poco probable. Muy interesante la posibilidad de una operación conjunta entre RU, Polonia y Ucrania. Sin embargo parace poco probable que Rusia lo haya llevado a cabo, yo al menos no veo qué gana realmente dañando su propia infraestructura y más cuando es un elemento de presión tan potente contra Europa. Simplemente necesitaba decir que había problemas técnicos para presionar a Europa, no necesitaba dañar su infraestructura teniendo en cuenta los altos costes de repararla. Y en cuanto a mostrar que puede atacar infraestructuras occidentales, eso solo puede ir en perjuicio de la propia Rusia haciendo que la UE se involucre más en el apoyo a Ucrania, mientras que el chantaje con el gas es mucho más fuerte que el uso de la violencia y el sabotaje. Yo no le veo el sentido a esa posibilidad.