La contradicción noruega: financiar la transición verde exportando petróleo

Las recientes elecciones en Noruega y la posibilidad de que los verdes entraran al Gobierno puso sobre la mesa una gran contradicción: ser uno de los países más sostenibles del mundo mientras depende de la exportación de gas y petróleo. Pese a su gran inversión en industria sostenible, desprenderse del crudo supondría un giro para el que el país no parece preparado.
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La contradicción noruega: financiar la transición verde exportando petróleo

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La Navidad de 1969 fue especialmente festiva en Noruega: en diciembre se había confirmado que Ekofisk, un yacimiento de petróleo en el mar del Norte, era apto para extracciones petrolíferas. El país pasaría de ser apenas industrializado a un actor en el panorama internacional. Los noruegos relatan con orgullo la historia de cómo entonces decidieron tardar un poco más y formar a sus propios expertos e ingenieros para poder nacionalizar todo el beneficio.

A medida que Noruega entrelazó su futuro al éxito de las extracciones, se hizo cada vez más evidente que el petróleo le permitiría convertirse en lo que es hoy: uno de los países con mayor riqueza per cápita del mundo. El beneficio le permitió desarrollar su tejido industrial, en parte ligado a las necesidades derivadas del crudo, como la industria naviera o la de maquinarias. En la actualidad la extracción de petróleo representa un 14% del PIB noruego y supone un 45% de sus exportaciones. Además, es el tercer exportador mundial de gas y ocupa el duodécimo puesto en exportaciones de petróleo.

Sin embargo, allí se encuentra la gran contradicción noruega: el país alimenta el mayor fondo soberano del mundo con el beneficio que recibe de la extracción y exportación del petróleo; después invierte ese fondo en empresas e iniciativas sostenibles y desincentiva el consumo interno de combustibles fósiles y derivados del petróleo.

La contradicción climática llega a las elecciones

A medida que informes como los del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático avisan de una situación cada vez más delicada, el medioambiente, la sostenibilidad y las propuestas verdes han entrado cada vez más en los discursos políticos. Si bien no siempre se traduce en votos masivos hacia los partidos verdes, sí les dota de suficiente fuerza para introducir debates en la agenda pública. En el mejor de los casos, también para moldear iniciativas a cambio de facilitar la formación de Gobiernos, como en las últimas elecciones en Escocia.

Esa era la esperanza del Partido Verde noruego antes de las elecciones del pasado 13 de septiembre. Con el clima y el deseo de la población de una mayor inversión pública como temas centrales, las encuestas quitaban el liderazgo a los conservadores, que gobernaban el país en coalición desde 2013, y le pasaban el testigo a los laboristas. Sin embargo, la aritmética parlamentaria parecía no dar suficientes escaños a estos últimos y sus posibles socios, el Partido de Centro y la Izquierda Socialista. Así, la posibilidad de que el Partido Verde entrara en un Gobierno laborista protagonizó las últimas semanas de la campaña, en especial por una medida controvertida: condicionaban su apoyo a parar por completo el negocio del crudo en 2035.

Esa presión va en aumento. La ONU y la Agencia Internacional de Energía han advertido de la dependencia contraproducente de la economía noruega del crudo y sus derivados en la medida en que no garantiza una transición hacia una economía más verde. Sin embargo, y a pesar de la creciente preocupación por el cambio climático, entre un 60% y un 70% de la población noruega se muestra a favor de que la extracción, producción y exportación del petróleo continúe.

Podría parecer que a la sociedad noruega no le interesa el cambio climático fuera de sus fronteras, pero ese porcentaje se explica mejor con otro: en 2019, casi un 6% del empleo noruego se encontraba, de forma directa o indirecta, en la industria del gas y el petróleo. Acabar con esa parte de la economía en algo más de diez años apenas daría margen para reubicar a todas las personas que dependen de esta industria. Pese a que la demanda global de gas y petróleo irá cayendo a medida que se incentiven las energías renovables, Noruega no parece estar preparada para esa transición.

El país enfrenta el desafío de cambiar una estructura económica y un modo de vida que dependen de los beneficios de la exportación de gas y petróleo. Por ejemplo, ya lidera el uso de coches eléctricos, que ahora mismo suponen tres cuartas partes de las ventas nacionales; Oslo, su capital, pretende ser neutra en emisiones de carbono en una década, toda la energía nacional es limpia… Pero todo ello es posible gracias a la industria del crudo y sus derivados.

¿Gobernar “en verde” gracias al petróleo?

Si bien la izquierda y la derecha noruegas difieren en muchos aspectos, la postura sobre la industria del petróleo goza de un consenso amplio entre los partidos principales: no hay necesidad de parar la extracción. El país producirá en la medida en que la demanda global siga existiendo. En ese aspecto, los conservadores defienden que el problema no es la producción, si no el consumo. Del mismo modo, los laboristas y sus potenciales socios de gobierno están de acuerdo en que no es necesario parar de extraer antes de 2050, aunque también resaltan la urgencia de cambiar la relación del país con esta industria.

Los laboristas prometen una transición verde más rápida que la que ofrecían los conservadores, con una mayor inversión en un tejido industrial que diversifique la economía noruega y la haga menos dependiente de la exportación de gas y petróleo. Sin embargo, su líder, Jonas Gahr Støre, está convencido de que esta misma industria financiará la transición hacia una realidad que la hará estar desfasada. Sin un partido en la formación de Gobierno que pulse el acelerador, la transición energética puede seguir dependiendo del petróleo más allá de 2050.

Las elecciones del 13 de septiembre dieron la victoria a los laboristas, que se hicieron con un 26,3% de los votos y 49 escaños de 169. Todo indica que los laboristas podrían formar un Gobierno con el Partido de Centro y la Izquierda Socialista, lo que les daría una mayoría holgada en el Parlamento, pero no sin unas negociaciones que se avecinan largas y complejas. La Izquierda Socialista, por ejemplo, ha anunciado que su línea roja es acabar con las exploraciones para encontrar más petróleo. Mientras, el Partido de Centro no desea cambios a ese respecto, aunque también pretende presionar para que la transición energética sea un tema central en la agenda del Gobierno a corto plazo.

Si las negociaciones son exitosas, la coalición dejaría fuera al Partido Verde. A pesar de que la presión de los verdes noruegos para cortar la relación con el petróleo en 2035 no era impopular, y de su impulso en las últimas semanas de campaña, apenas lograron tres escaños. Es su mejor resultado electoral hasta el momento, pero no suficiente para tener peso en la toma de decisiones. Esto podría deberse, en parte, a que la formación no ha liderado en solitario el debate sobre el clima: ha sido un tema central en la agenda de la mayoría de los partidos, con un consenso generalizado sobre la necesidad de seguir trabajando en construir una Noruega más sostenible.

Parte de las presiones que recibe el país para dejar de depender del petróleo parten de que otras economías parecidas ya lo han logrado. Es el caso de la vecina Dinamarca, que ha desarrollado una industria alternativa que permitirá eliminar la industria del gas y petróleo para 2050. Sin embargo, los noruegos no parecen inquietos por vivir en esta contradicción energética y climática. Si el crudo es la industria que les permite ser un país líder sostenible y les facilitará la transición, gobernar “en verde” justifica los medios.

Astrid Portero

Gran Canaria, 1988. Licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración, especializada en Relaciones Internacionales y Análisis Político. Cursando el Máster de Política y Democracia de la UNED. Interesada en geopolítica, conflictos territoriales y Unión Europea.