Pocos eventos han transformado el mundo como la guerra de Ucrania. A la altura de la caída del Muro de Berlín o de los atentados terroristas del 11S, la agresión rusa ha marcado un punto de inflexión en la política internacional. Si en unos años Estados Unidos y China se enfrentan en Asia-Pacífico, India es una potencia global, Japón y Alemania surgen como poderes militares, y Corea del Sur tiene armas nucleares, será en parte por la guerra de Ucrania.
El conflicto ha demostrado los límites de la globalización: la interdependencia económica no ha impedido que Rusia invada Ucrania. Los Estados han tomado conciencia de que la invasión territorial todavía es posible en un mundo interconectado, de manera que se han tensionado las relaciones internacionales. Desde la guerra de Ucrania, Estados Unidos y China han aumentado su competición geoestratégica, las potencias medias han evitado alinearse con uno u otro bando para ganar influencia regional y la política internacional se ha militarizado. En 2023 el número de cabezas nucleares que hay en el mundo puede aumentar por primera vez desde la Guerra Fría.
El baile de las superpotencias
La guerra de Ucrania ha alterado el juego geoestratégico de las grandes potencias. Rusia tiene menos influencia internacional que hace un año. La invasión ha sido un fracaso militar y estratégico: Moscú no solo se ha encontrado con la resistencia ucraniana, sino que la OTAN se ha ampliado y reforzado. Además, Rusia ha perdido peso en el Cáucaso y Asia Central porque la guerra demanda toda su atención. A esto se suma que las sanciones occidentales están dañando su economía, y el Kremlin está aumentando su dependencia económica y diplomática de China para salvarla.
El verdadero problema de Rusia es China, no Occidente
La Unión Europea, en cambio, se ha fortalecido. La guerra le ha obligado a adoptar una política exterior más dura y unánime. Como afirma el alto representante europeo para Asuntos Exteriores, Josep B...