Ya fuera por su carácter insular o por falta de convencimiento, el Reino Unido no llegó a implicarse del todo en el proyecto de la entonces Comunidad Económica Europea. Antes había intentado liderar la alternativa de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), pero acabó solicitando la adhesión a la CEE visto su éxito. Tras el veto inicial de Francia, Londres consiguió el ingreso en 1973 bajo el Gobierno del conservador Edward Heath.
El romance con la CEE, no obstante, también empezó con trabas en el Reino Unido: el laborista Harold Wilson impulsó un referéndum sobre la permanencia solo dos años después. Aquella vez, la población británica votó a favor de la continuidad. En cambio, con el euroescepticismo al alza durante décadas, el electorado apostó por la salida de la Unión Europea en 2016. Pero la odisea no terminaba ahí: quedaba aprobar el Acuerdo de Retirada y ejecutar el brexit. El primer ministro Boris Johnson lo lograría el 31 de enero de 2020.
Una historia de desamor
El Reino Unido formó parte de la Unión Europea sin subirse al tren del todo. No se incorporó al Tratado Schengen o a la Unión Económica y Monetaria, pues mantuvo la libra esterlina. Ya desde el Gobierno de Margaret Thatcher en los años ochenta había cierto euroescepticismo en las relaciones del Reino Unido con las instituciones europeas.
Como respuesta a la integración de la UE y en particular al Tratado de Maastricht de 1992, se formó el partido UKIP para luchar por la independencia británica. En 1999 entró en el Parlamento Europeo y desde entonces comenzó un ascenso progresivo que le llevó a convertirse en el partido británico más votado en las elecciones europeas de 2014. Bajo la batuta de Nigel Farage, el UKIP atrajo el voto con un discurso anti-establishment y, presentándose como defensor de los intereses del pueblo, consiguió desplazar el debate político a su terreno: la oposición a la UE.
El conservador David Cameron era primer ministro desde 2010. Aunque de carácter europeísta, marcó distancias con Bruselas al rechazar el Pacto Fiscal Europeo, un acuerdo que pretendía avanzar en el equilibrio presupuestario de los Estados miembros. Decidido a neutralizar el auge de UKIP y el ala euroescéptica de su partido, Cameron prometió un referéndum sobre la pertenencia del Reino Unido a la UE, convencido de que tenía las mejores cartas de la partida.
El brexit: un all-in que salió mal
En el todo o nada, Cameron perdió. Los resultados del referéndum del 23 de junio de 2016 dieron la victoria a la opción del brexit con el 51,9% de los votos. Como consecuencia, Cameron dimitió y le sustituyó la hasta entonces ministra de Interior, Theresa May. May tuvo por delante el reto de aprobar un Acuerdo de Retirada con la Unión Europea que culminara el proceso del brexit. Para ello invocó en marzo de 2017 el artículo 50 del Tratado de la UE, que daba un plazo de dos años para una salida negociada.
Sin embargo, las divisiones en el Parlamento británico y en el seno del Partido Conservador impidieron aprobar el acuerdo hasta en tres ocasiones. Pese a las dos prórrogas concedidas por Bruselas, la aprobación siguió encallada. La nueva victoria del UKIP en las elecciones europeas de 2019 le dio la puntilla final al Gobierno de May, que poco después anunció su dimisión. Era la segunda primera ministra que dimitía a consecuencia del brexit.
Johnson y la vida después del brexit
Con el antiguo ministro de Exteriores, Boris Johnson, como sucesor de May, las posibilidades de un brexit sin acuerdo aumentaron. Aun así, obtuvo una tercera prórroga hasta el 31 de octubre de 2019. Al igual que May, Johnson convocó nuevas elecciones con el objetivo de reforzarse y conseguir una mayoría holgada en el Parlamento de una vez por todas. Pero, a diferencia de su antecesora, logró la mayoría, que le permitió aprobar el Acuerdo de Retirada.
El Parlamento Europeo finalmente aprobó el texto del brexit el 29 de enero siguiente y el Consejo de la UE lo ratificó un día después. Entrado en vigor el 31 de enero de 2020 a media noche, en el Reino Unido las noticias se recibieron en un ambiente festivo. Aun así, el brexit no había hecho más que empezar.
Se inició entonces un periodo transitorio hasta el 31 de diciembre para conseguir un brexit con acuerdo. A última hora se presentó el Acuerdo de Comercio y Cooperación, que establecía el marco de relaciones comerciales entre Londres y Bruselas. En la práctica, sin embargo, la salida del Reino Unido de la Unión Europea ha supuesto nuevas barreras al comercio de bienes, reabrió la cuestión irlandesa al mantener a Irlanda del Norte dentro del mercado único y ha generado fricciones en torno a la competencia leal y la pesca.



