Desde que poco más de la mitad de los británicos decidieran el 23 de junio de 2016 que no querían seguir formando parte de la Unión Europea, el brexit ha acabado con el crédito y la reputación de al menos dos líderes políticos británicos. Primero David Cameron, quien, sabiéndose incapaz de gestionar una tarea tan difícil —y sorprendido por el resultado—, prefirió delegar la responsabilidad en otro primer ministro. Y después Theresa May, su sucesora, que tras intentar aprobar sin éxito hasta en tres ocasiones el acuerdo de salida con la UE, anunciaba su dimisión a finales del pasado mayo. Tras haber tenido que lidiar con el caos del brexit y un Parlamento completamente dividido, ella también dejaba la responsabilidad a otra persona, que habría de ser elegida en primarias por el Partido Conservador. Y esa persona es Boris Johnson.
Boris Johnson ya intentó en 2016 alcanzar el liderazgo en las mismas primarias que darían la victoria a Theresa May, pero se retiró. En aquel entonces, el que acaba de ser elegido como nuevo primer ministro británico no contaba con los apoyos suficientes dentro de su partido y tampoco contaba con una reputación demasiado buena: entre sus colegas, Boris Johnson era visto más bien como un personaje mediático y no como un político serio que pudiera llevar a cabo la tarea más importante del país. No es que su imagen haya cambiado demasiado desde entonces, pero lo que sí ha cambiado es el contexto político y la polarización: el brexit enfrenta ahora de forma más clara a una sociedad que lleva dividida desde 2016.
El nuevo primer ministro levanta pasiones a ambos lados del espectro de opinión política. Periodista de profesión, Johnson se ha hecho famoso por su abuso de la mentira y la desinformación. A lo largo de toda su carrera periodística y, posteriormente, política, Boris Johnson se ha hecho con una larga lista de enemigos por las falsedades que ha propagado para progresar y alimentar sus campañas: como becario en The Times, como columnista y corresponsal de The Telegraph en Bruselas —donde, mirándolo con perspectiva, parece haber empezado su campaña personal de desprestigio a la Unión Europea—, como alcalde de Londres y, por último, como ministro de Exteriores del Gobierno de Theresa May. Y, a pesar de todo esto, repitió cargo político en la alcaldía de Londres y una mayoría de los militantes del Partido Conservador ha decidido que es el mejor preparado de la larga lista de candidatos para ocupar el puesto de primer ministro.
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