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¿Qué esperar de la nueva prórroga del brexit?

¿Qué esperar de la nueva prórroga del brexit?

No hubo brexit en la fecha inicial del 29 de marzo ni tampoco en la prolongada del 12 de abril. ¿Lo habrá el 31 de octubre? Más tiempo no significa necesariamente más probabilidad de éxito: no parece que la extensión vaya a ayudar a May a sacar adelante su acuerdo. Seis meses más llenos de dificultades para la primera ministra con un final incierto y poco halagüeño.

Después de sufrir la derrota más abultada de la Historia del parlamentarismo británico cuando 230 diputados —muchos de ellos de su propio partido— votaron en contra de su acuerdo el 15 de enero, May se vio obligada a optar entre dos caminos opuestos para atraer más votos: conseguir el apoyo del ala más radicalmente favorable al brexit dentro del Partido Conservador o tratar de acercarse a la oposición laborista negociando una salida más blanda. Como era previsible, May descartó en un primer momento negociar con los laboristas para evitar el peligro de enfrentarse a su propio partido: optó por intentar forzar a los conservadores críticos a aprobar su acuerdo presentándoselo como la mejor manera de evitar que el Reino Unido siga en la Unión Europea y consiguió algunos apoyos más. Pero siguió sin ser suficiente y Westminster volvió a rechazar el acuerdo con solo 149 y 58 votos en sucesivas votaciones.

Tras tres derrotas, sin garantías de que una cuarta votación fuera favorable y la nueva fecha de salida de nuevo cercana, May dio un rumbo inédito a su estrategia y por primera vez desde el referéndum de 2016 se sentó a negociar con el líder laborista, Jeremy Corbyn. Esas conversaciones han sido bien vistas en Bruselas y han contribuido a convencer a los 27 de que concedan una nueva prórroga hasta el 31 de octubre. Pero la prórroga no hace más sencillo que May apruebe su acuerdo, solo aplaza el problema seis meses: sigue sin haber ninguna certeza de que el Reino Unido vaya a salir de la Unión de forma ordenada. Y menos todavía de que la salida se haga a tiempo para evitar una participación británica en las elecciones europeas del 26 de mayo.

Y es que la negociación entre May y Corbyn difícilmente podría dar un resultado que permitiera sacar adelante el acuerdo. Ambos líderes están limitados por la división interna en sus partidos y por las líneas rojas que se han visto obligados a trazar. A cambio de su apoyo, Corbyn podría pedirle a la primera ministra un giro sustancial para que el Reino Unido permanezca en la unión aduanera, una opción que tendría suficiente apoyo parlamentario, pero que May ha descartado en repetidas ocasiones y que supondría su inmolación política. Otra opción, al menos en teoría, es que los laboristas apoyen el plan de May a cambio del compromiso de celebrar un referéndum confirmatorio, pero ni los laboristas pueden permitirse apoyar a May sin introducir cambios en su acuerdo ni May aceptar un segundo referéndum. Además, Corbyn tiene varias razones más para evitar entenderse con May: no tiene ninguna garantía de que el futuro reemplazo de May al frente de los conservadores vaya a sentirse comprometido por lo que negociara ella y las encuestas muestran un desgaste de los tories y una subida laborista, pero ese apoyo creciente podría desinflarse a favor de opciones contrarias al brexit si el electorado percibe que Corbyn se acerca mucho a May.

Para ampliar: “El Partido Laborista y su indefinición ante el brexit, Astrid Portero en El Orden Mundial, 2019

La extensión tampoco ayuda a que las posturas de los parlamentarios confluyan en torno al acuerdo propuesto por el Gobierno. Desde el punto de vista europeísta, cada prórroga es una victoria y hace más probable que el brexit nunca llegue a producirse; estos seis meses les servirán para continuar haciendo campaña por el segundo referéndum y tratar de rebajar el acuerdo de salida para conseguir una relación más cercana con la Unión si finalmente hay brexit. Para el sector conservador más favorable al brexit y crítico con May tampoco hay alicientes al compromiso: la opción de la salida sin acuerdo —que muchos prefieren al acuerdo de May— sigue sobre la mesa y ahora tienen seis meses más para dejar que la primera ministra se desgaste y, llegado el momento, reemplazarla con un líder más de su gusto. Las trincheras siguen dividiendo la Cámara de los Comunes.

Ante semejante bloqueo, ya hace algunas semanas que ha aparecido un actor más en escena: el propio Parlamento de Westminster. Paralelamente a las maniobras de May, los comunes han venido organizando votaciones no vinculantes sobre las distintas alternativas al plan de la primera ministra para encontrar la opción con más apoyos. Hasta ahora, ninguna de las propuestas —entre las que se incluyen desde permanecer en la Unión a una salida sin acuerdo, pasando por el mercado común— ha conseguido una mayoría suficiente, pero hay dos que han estado cerca: el referéndum y la unión aduanera. En los próximos meses, Westminster puede seguir celebrando estas votaciones y confirmar que es favorable a tomar alguno de esos dos caminos, claramente opuestos al plan de May. ¿Los apoyaría la primera ministra? Es difícil saberlo, pero, si lo hiciera, el Partido Conservador sufriría una crisis histórica. Por lo demás, Westminster está maniatado: no hay votos suficientes para lanzar una moción de censura contra May.

Para ampliar: “El acuerdo del brexit y todas sus alternativas problemáticas”, Astrid Portero en El Orden Mundial, 2019

Para complicarle las cosas todavía más a May, Reino Unido afronta en mayo dos elecciones ante las que los conservadores parten de una situación muy desfavorable. La primera cita son las elecciones locales. La última vez que los británicos celebraron unas locales de esta magnitud fue en 2015, cuando el Partido Conservador —dirigido entonces por David Cameron— consiguió una victoria tan clara que provocó que Ed Miliband abandonara el liderazgo de los laboristas y fuera reemplazado por Corbyn. Ahora las encuestas muestran una caída en el apoyo a los conservadores, y la derrota podría palidecer en comparación con la anterior victoria: el partido no está en condiciones de defender esos distritos ganados en 2015.

Las otras elecciones son las europeas de finales de mayo. Ante esta cita, la tendencia se agudiza aún más: los votantes conservadores, molestos por la gestión del brexit, no tendrán tanto reparo en castigar a su partido votando a otras opciones favorables al brexit, como el nuevo Partido del Brexit de Nigel Farage; su anterior formación, el Partido de la Independencia del Reino Unido —ahora más escorado hacia la ultraderecha—; opciones más cercanas a la UE, como Change UK —antes conocido como Grupo Independiente, fruto de la escisión de una docena de laboristas y conservadores en Westminster—, o incluso el Partido Laborista.

Intención de voto en Reino Unido para las elecciones europeas. El Partido Laborista lidera mientras los conservadores están prácticamente empatados con el nuevo y el antiguo partido de Farage. Fuente: YouGov

A estas alturas será interesante ver qué camino escoge Corbyn. Aunque las encuestas le sean favorables, otras opciones —como Change UK o los verdes— podrían crecer mucho a su costa si el laborismo no tiene una postura clara en contra del acuerdo de May. Descartada la opción suicida de hacer campaña bajo la bandera de haber apoyado a la primera ministra por responsabilidad de Estado, el Partido Laborista puede ir a las elecciones prometiendo renegociar el acuerdo con Bruselas o un segundo referéndum. Esto último les daría gran rédito electoral, pero contravendría su postura de partido favorable al brexit que plasmaron en su manifiesto de 2017. La renegociación con Bruselas es directamente imposible, por lo que a la larga apostar por ello acabaría por generar frustración entre sus votantes.

Lo que es fácil de anticipar es la debacle del Partido Conservador en ambas elecciones. De aquí a principios de junio, May probablemente no habrá podido sacar adelante su acuerdo tres años después del referéndum y cargará con el peso de dos sonoras derrotas electorales: nunca habrá estado en situación más delicada. Además, la vía de escape que hasta ahora tenía de convocar elecciones generales se habrá disipado, desaconsejada tras dos nefastos encuentros con las urnas. Reino Unido habrá consumido buena parte de la prórroga concedida por los 27 y se habrá aproximado más al callejón sin salida. ¿Qué pasará entonces?

Derrotada en las urnas, con la oposición creciendo en las urnas y nuevos partidos pro-brexit creciendo a su costa, frustrada por su incapacidad para aprobar su acuerdo, May podría optar por gobernar la salida sin acuerdo. De hecho, si la derrota en las elecciones locales es especialmente grave, la primera ministra puede sufrir presiones desde su propio partido para que el Reino Unido no participe en las europeas y adelantar así la salida sin acuerdo al 1 de julio. Sin embargo, May es consciente del enorme impacto que tendría el no deal en la economía británica y de que incluso podría amenazar el futuro del Reino Unido provocando la escisión de Irlanda del Norte o Escocia.

Para ampliar: “Escocia y el reino desunido”, Abel Gil en El Orden Mundial, 2016

May también podría decidir que sus energías se han agotado y dimitir o verse obligada a irse por culpa de las presiones dentro de su propio partido. Las reglas internas de los conservadores impiden su reemplazo hasta diciembre, pero ya hay movimientos internos para reescribirlas —aunque una sucesión de dimisiones en cadena de ministros podría ser suficiente—. Otra opción más remota pasa por que los conservadores críticos y los laboristas se unan para lanzar una moción de censura y convocar elecciones. En cualquiera de los dos casos, se abriría una guerra por la sucesión en el Partido Conservador que enfrentaría a los pocos europeístas que quedan con la facción más radicalmente favorable al brexit, que probablemente saldría vencedora. El nuevo líder conservador sería alguien como Boris Johnson, Dominic Raab o Michael Gove, quienes podrían convocar elecciones generales haciendo campaña a favor del brexit, con o sin acuerdo, o incorporarse al Consejo Europeo con poca disposición al diálogo e incluso con intención de boicotear la Unión Europea.

Conociendo su carácter y su capacidad de resistencia, May intentará aguantar hasta octubre. Entonces las semanas previas al 29 de marzo se repetirán con la primera ministra tratando de forzar a los conservadores críticos a votar su acuerdo azuzando su miedo a que el brexit nunca se produzca. Si no tiene éxito —y, dado que descartar la salida sin acuerdo no depende solo de May, es probable que así sea—, el Reino Unido llegaría al final de la prórroga igual que llegó la última vez: May tendrá que pedir otro aplazamiento y negociar condiciones y plazo. La diferencia es que ahora los 27 habrán tenido más tiempo para prepararse para la salida sin acuerdo, el riesgo de división entre los países miembros —y en particular entre Francia y Alemania— habrá crecido y el hartazgo y la frustración que hay ya en las capitales europeas con el proceso será todavía mayor. Bruselas puede que conceda otra prórroga, pero también puede que no.

En cualquiera de los tres casos, la temida salida sin acuerdo parece el resultado más probable. Mientras, la mayoría de los frustrados ciudadanos británicos ya creen que no habrá brexit el 31 de octubre y muchos votarán opciones populistas como la de Farage o directamente ultraderechistas, como el Partido de la Independencia. Pase lo que pase en Halloween, para entonces el brexit ya habrá descompuesto la política británica.