La Unión Europea (UE) posee una arquitectura económica a varios niveles. Todos sus Estados miembros forman parte de la unión económica y monetaria: coordinan sus políticas económicas y monetarias a través del Consejo Europeo y el Banco Central Europeo (BCE), respectivamente, para promover el crecimiento económico y la estabilidad de los precios de la UE en su conjunto. Algunos de estos países, la llamada eurozona, han dado un paso más al establecer el euro como su moneda común y transfiriendo la competencia exclusiva sobre política monetaria al BCE, que actúa con plena independencia del resto de instituciones y Estados miembros.
La eurozona no es una institución formal dentro de la UE, sino el mayor grado de integración de los países que forman parte de ella. El BCE formula e implementa la política monetaria y los países de la eurozona coordinan sus políticas económicas en el Eurogrupo, un foro compuesto por los ministros de Finanzas de la eurozona, el BCE y la Comisión. Este elevado nivel de integración permite a dichos países beneficiarse de financiación del BCE con tipos de interés comunes y a precios estables. Como contrapartida, sus Gobiernos renuncian a las competencias en política monetaria y reducen su margen de actuación en política económica. Así, por ejemplo, los países de la eurozona teóricamente deben limitar su déficit presupuestario al 3% y su deuda pública a un 60% del PIB.

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