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El primer ministro indio, Narendra Modi, le aseguró a Volodímir Zelenski en la pasada reunión del G7 que su país haría todo lo posible para ponerle fin a una guerra que es “un gran problema para el mundo”. India llevaba meses criticada por no seguir a Occidente en el aislamiento a Moscú por la invasión a Ucrania. Se abstuvo de condenarla en la Asamblea General de la ONU, multiplicó sus importaciones energéticas desde Rusia y no se sumó a las sanciones internacionales, igual que en 2014 tras la anexión rusa de Crimea.
La guerra en Ucrania es solo la última gran muestra de que India no está del todo alineada con Occidente. Sus reticencias a hacer del foro de seguridad Quad junto con Australia, Estados Unidos y Japón una alianza militar forzó en 2021 la creación del Aukus, una alianza sin India. Ese mismo año, los talibanes tomaron el control de Afganistán, y Nueva Delhi entabló relaciones pese al rechazo estadounidense. Los desplantes de India le han demostrado a la Casa Blanca que no comparte su estrategia. Esta semana Modi visita Washington en esa línea: quiere demostrar que su país no es neutral, sino que busca elegir sus amistades.
India no será un nuevo Japón para Estados Unidos
Para Estados Unidos, India es un aliado estratégico en su competición con China. Su apoyo a los intereses indios es una forma de contrarrestar la influencia de Pekín en Asia. La rivalidad entre las dos superpotencias divide el continente, pero India mantiene relaciones con ambas, renunciando a una lógica de bloques. Quiere tener una política exterior independiente, que no asuma las amistades o enemigos de otros Estados si no le reportan ningún rédito. Por eso sus asociaciones pueden parecer contradictorias: se basan en beneficios específicos y no en pertenecer a grandes coaliciones. Por ejemplo, India forma parte del Quad para frenar la influencia china en el Indo-Pacífico, pero también coopera con Pekín en espacios como la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), en actividades de contraterrorismo en Asia Central.
Por ello, Estados Unidos no encontrará un nuevo Japón en India. La política exterior japonesa lleva décadas alineada con la Casa Blanca. El actual Gobierno japonés confronta cada vez más con China, participa en ejercicios navales en el Pacífico y evita entrar en organizaciones creadas por Pekín, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (AIIB). El gigante asiático busca contrarrestar con ellas el peso de Washington en la región. A diferencia de Japón, India mantiene el equilibrio entre el resto de potencias según sus intereses. Forma parte del AIIB, pero rechazó ser parte del mayor acuerdo comercial de la región, el RCEP, primando una visión proteccionista que no perjudicase a sus mercados nacionales.
Lo mismo ocurre con Rusia. Pese a sus fricciones con Estados Unidos, India no ha renunciado a sus lazos con Moscú, en gran medida por su dependencia energética, agrícola y militar hacia el petróleo, el grano y los fertilizantes, y las armas, respectivamente. Sin embargo, India sigue buscando una posición autónoma para no depender del Kremlin, y ha diversificado su suministro de armas mediante acuerdos con Corea del Sur, Estados Unidos o Israel.
India siempre ha querido ser autónoma
Todo ello se explica por la visión de India sobre sí misma. Históricamente, los líderes indios han descrito al país como una potencia de primer orden, con aspiraciones de gran Estado. India reclama una región de influencia propia en el océano Índico, como Estados Unidos hizo en el Caribe o Rusia en el espacio postsoviético. En esa área actúa para preservar sus intereses regionales en sus relaciones con Pakistán, Sri Lanka o las Maldivas. Además, India lleva décadas reivindicando un asiento como miembro permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Así se igualaría a Rusia, a un Reino Unido al que superó en 2022 como quinta economía mundial, o a China, a la que ha desbancado como país más poblado del mundo.
Recién conseguida su independencia a comienzos de la Guerra Fría, el entonces primer ministro Jawaharlal Nehru sentó las bases de la política exterior india durante décadas. India pasó a ser uno de los principales integrantes del Movimiento de Países No Alineados, caracterizado por no adscribirse al bloque estadounidense o al soviético, que dividían el mundo. En su lugar, India construyó una política exterior independiente en torno a la no alineación.
Aquel germen sigue presente en la India de Modi. Su política exterior está demostrando ser autónoma y diferenciada de otras potencias, sin someterse a intereses de terceros. Es amiga de muchos, sin distinción, porque defiende un mundo multipolar para reivindicarse como uno de sus polos. Por ello, lejos de ser neutral tras la Guerra Fría, India abandonó la no alineación para buscar múltiples asociaciones y amistades.
Un mundo multipolar para tiempos de guerra
A partir de la guerra en Ucrania, India ha dedicado el último año a aplicar su visión particular del mundo. El Gobierno de Modi se ha distanciado de Occidente pese a las presiones constantes. Se ha abstenido de condenar la invasión, de sancionar a Rusia y de vetar a su ministro de Exteriores, al que ya ha recibido tras la invasión. Es más, India ha encontrado beneficios en estos cambios globales: ha favorecido la compra de gas y petróleo ruso y se ha convertido en un socio clave de Moscú para hacer frente a las sanciones. Con todo, Modi también ha presionado a Vladímir Putin para que finalice la invasión de Ucrania, mientras trata de eludir su dependencia hacia Rusia.
A su vez, India impulsa su liderazgo desde distintas organizaciones. Su calendario diplomático es el ejemplo perfecto de su estrategia multipolar. En 2022, se apuntó un tanto en la reunión del Quad en Tokio al evitar que la guerra saliera en agenda. Además, asistió a la decimocuarta cumbre de los BRICS, a las cumbres anuales del G7 y de la OCS, a la bienal de la Commonwealth y a la primera reunión de la recién inaugurada alianza I2U2, un homólogo del Quad con Estados Unidos, Israel y Emiratos Árabes Unidos. Modi también inauguró junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el Diálogo de Raisina, la conferencia multilateral que celebra India anualmente. En 2023 lo hizo junto a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, reforzando así sus vínculos con la Unión Europea.
Pero no ha sido el único gran encuentro en lo que va de año. En los últimos meses, India ha presidido el G20 y la OCS, y Modi se ha reunido con Putin, Zelenski y Joe Biden. Con este último, además, ha reforzado la cooperación tecnológica y militar mediante acuerdos para el suministro de microchips y armas. Esto demuestra que la política exterior india está lejos de ser ambigua y errática: refuerza su papel como nuevo centro de poder global siendo amigo de muchos, pero sin comprometerse del todo con nadie.

