Japón quiere volver a ser una potencia militar

La guerra de Ucrania ha convencido a Japón de rearmarse. No es solo que la relación con Rusia se haya roto tras años de cooperación económica. Lo que más preocupa al Gobierno japonés son las tensiones con China y Corea del Norte y no estar preparado para un conflicto regional.
GeopolíticaAsia-Pacífico
Japón quiere volver a ser una potencia militar
Fuente: elaboración propia/PNGwing

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La invasión rusa de Ucrania le ha venido en el momento oportuno al Gobierno japonés. El sector más nacionalista ha aprovechado para vender la necesidad de que el país se rearme ante un vecindario cada vez más hostil, y ha convencido a una sociedad tradicionalmente reacia a la guerra. No es el único país donde ha ocurrido: este conflicto también ha incitado que Alemania ponga fin a su cercanía con Rusia y aumente su gasto en defensa, o que países de tradición neutral como Finlandia y Suecia pidan su adhesión a la OTAN.

En el caso de Japón, la guerra se suma a la escalada de tensiones con China y Corea del Norte. Para hacerle frente, Tokio propone doblar el gasto en defensa y hacer cambios en su Constitución para poder participar en conflictos de forma activa. Igual que en Alemania, la guerra ha terminado con la diplomacia conciliadora nipona hacia Moscú, que se mantuvo incluso tras la invasión de Crimea en 2014. El Gobierno japonés ha sancionado a Rusia, pese a que ello ha puesto en jaque su seguridad energética, y ha frustrado las negociaciones sobre la soberanía de las islas Kuriles, una disputa territorial vigente desde la Segunda Guerra Mundial.

Rodeado por un vecindario hostil

Japón está cada vez más preocupado por el ascenso de China en la región. Pekín posee uno de los ejércitos más grandes del mundo, con 3,4 millones de militares, frente a los 303.000 de las Fuerzas de Autodefensa japonesas. Las incursiones navales chinas en aguas cercanas a las islas Senkaku, disputadas entre ambos países, también preocupan en Japón, ya que China, la armada más numerosa del mundo, le acecha con cada vez más frecuencia. El gigante asiático, además, demostró en 2021 su pujante tecnología militar con el lanzamiento de un misil hipersónico, que cogió desprevenido incluso a Estados Unidos.

Pero China no es el único vecino con el que Japón tiene problemas: las relaciones con las dos Coreas tampoco pasan por su mejor momento. Pyongyang ha recuperado su programa armamentístico tras el fracaso de las negociaciones con Estados Unidos y ha lanzado 31 misiles balísticos intercontinentales de prueba al mar de Japón en lo que va de año. Aunque Seúl y Tokio sean aliados estratégicos de Washington, las atrocidades que Japón cometió en Corea del Sur durante la primera mitad del siglo pasado entorpecen la cooperación entre ambos e incluso ha contribuido a que estén en guerra comercial.

Ante las tensiones con sus vecinos, Japón priorizó mantener una buena relación con Rusia pese a haber sancionado la anexión de Crimea en 2014. El entonces primer ministro japonés, Shinzo Abe, vio necesario fortalecer lazos con el Kremlin para resolver el conflicto de las islas Kuriles y evitar una alianza China-Rusia. Sin embargo, la estrategia fracasó y enquistó el conflicto: en 2020 Moscú prohibió la cesión de territorios rusos a otros países, con lo que bloqueó las negociaciones sobre las Kuriles, y Tokio volvió a referirse a las islas como territorio ocupado. Cuando Japón impuso las sanciones actuales, Rusia respondió suspendiendo las negociaciones de paz e iniciando operaciones militares en el archipiélago.

Japón quiere armarse como sus aliados

Las tensiones regionales y la amenaza de que un conflicto como el de Ucrania se traslade a su vecindario han reabierto el debate sobre las carencias defensivas en Japón. La Constitución le obliga a renunciar a la guerra y solo le permite contar con las Fuerzas de Autodefensa. Y aunque sea el noveno país que más gasta en este ámbito, su presupuesto está limitado al 1% del PIB. El Ejecutivo ha llevado a cabo campañas para modificar estas leyes desde 2013, pero no ha contado con el apoyo popular ni de sus socios de gobierno. Sin embargo, esta vez los votantes a favor de modificar la Constitución y aumentar el gasto en defensa han alcanzado hasta el 64%, y la mayoría de partidos estarían abiertos a negociar un aumento del presupuesto.

Doblar el gasto en defensa en los próximos cinco años le supondría a Japón invertir 86.000 millones de dólares. Tal aumento pondría en un aprieto a su endeudada economía, que aún se recupera de los efectos de la pandemia. Pero el sector más conservador, con el ex primer ministro Shinzo Abe a la cabeza, desoye estas advertencias. Quieren que el país tenga el mismo nivel de gasto que sus socios del Quad —la alianza militar con Estados Unidos, India y Australia— y los miembros de la OTAN. Abe incluso ha sugerido acoger bombas nucleares estadounidenses en Japón, insinuando que la invasión de Ucrania ha sido factible porque Kiev se deshizo de las suyas a cambio de garantías de seguridad inocuas.

Otro factor que ha llevado a Tokio a priorizar sus lazos estratégicos con la Unión Europea, Estados Unidos, Australia e India es el anuncio de la colaboración “sin límites” entre Rusia y China. Japón ha celebrado el compromiso estadounidense con la seguridad de Taiwán, la revitalización del Quad —que se ha reunido cuatro veces en el último año—, su invitación a la cumbre de la OTAN en Madrid y la creación del Marco Económico del Indo-Pacífico, un foro de cooperación comercial que no incluye a China. Con la balanza geopolítica cada vez más inclinada hacia Asia, Tokio quiere reafirmarse como referente de la democracia liberal en la región y ganar apoyo en las disputas territoriales que tiene con Rusia y China.

¿Un Japón militarista?

Lo que más preocupa en Japón a corto plazo son las repercusiones energéticas. El país depende en exceso de las importaciones, y aun así eliminará gradualmente las importaciones energéticas rusas, que suponen el 4% del crudo, el 8% del gas natural licuado y el 12% del carbón. Sin embargo, no abandonará los proyectos de petróleo y gas natural licuado en la isla rusa de Sajalín, en los que recae buena parte de su seguridad energética. Tres de sus accionistas principales son los conglomerados japoneses Mitsui y Mitsubishi, y la petrolera Sodeco, vinculada al Ministerio de Economía, Comercio e Industria nipón. Estas empresas han anunciado que seguirán en Rusia para evitar ser reemplazadas por empresas chinas.

Con todo, la guerra en Ucrania ha marcado un antes y un después para la política exterior japonesa. Ante la creciente hostilidad regional y la alianza ruso-china, Tokio ha dejado atrás su tono conciliador para reivindicar un mayor peso internacional. China y Rusia ya han respondido: mostraron su descontento ante la cumbre del Quad en Tokio en mayo con el vuelo coordinado de bombarderos en el mar de Japón. Pero el discurso militarista japonés cuenta con más defensores y apoyo popular que nunca dentro y fuera del país, incluido Estados Unidos. Japón está decidido a ponerse al nivel de sus socios en materia de defensa y convertirse así en el líder regional que siempre ha querido ser.

Marta Nuevo

Barcelona, 1994. Investigadora en el International Institute for Global Strategic Analysis (IIGSA). Graduada en Traducción e Interpretación (inglés y japonés) por la UAB. Máster en Relaciones Internacionales por la Universitat Ramón Llull-Blanquerna y diploma en Conflictos Internacionales por la Utrecht University. Interesada en política exterior, conflictos y sociedad en Asia-Pacífico.