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Un año después de la invasión rusa de Ucrania, Europa afronta el 2023 cargada de desafíos, tensiones internas y elecciones decisivas en Polonia, Grecia y España. El nuevo año vendrá marcado por la guerra y la crisis económica y energética, cuyas secuelas serán más pronunciadas que en 2022. El pulso con Hungría, la fractura del eje franco-alemán y el impacto del Qatargate amenazan con debilitar a una Unión Europea obligada a buscar mayor autonomía en el orden internacional. En el sur, Europa estará atenta a la escalada militar de Grecia y Turquía en el mar Egeo y a las disputas entre Serbia y Kosovo en los Balcanes.
El difícil reto de la autonomía estratégica
Europa deberá avanzar en 2023 hacia la autonomía estratégica. La invasión rusa de Ucrania ha convencido a los países europeos de que no pueden depender de potencias externas si quieren ser relevantes en la escena internacional. En este ámbito, la energía será determinante. Los Estados temen que será más difícil llenar sus reservas de gas para el invierno por dos razones: un cierre total del suministro ruso y la recuperación económica de China. El fin de la política de “cero covid” hará que Pekín incremente su demanda energética y absorba gran parte del gas natural licuado disponible en el mercado internacional.
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