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Bolsas con dinero, huida desde un hotel de Bruselas con una maleta cargada de billetes, una vicepresidenta del Parlamento Europeo detenida y como mínimo un país detrás de todo. Parece el argumento de una película, pero es la realidad que ha atropellado a la Unión Europea. El Qatargate es un caso de presuntos sobornos de la monarquía del Golfo para que las decisiones en Bruselas vayan a su favor, como la exención de visados a sus ciudadanos para entrar en la Unión. La legitimidad de la Eurocámara tambalea.
Este escándalo confirma que las instituciones europeas tienen un problema con las injerencias externas y los lobbies, grupos de presión que pretenden marcar la agenda. No solo implican países, sino también empresas o sectores clave. Y el Qatargate no es el único caso: en uno de los ejemplos más graves, en 1999, la Comisión Europea presidida por Jaques Santer tuvo que dimitir en bloque después de un informe demoledor sobre su falta de transparencia respecto a la lucha contra el fraude.
Rusia, Marruecos o Azerbaiyán
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