La dolarización en América Latina: ¿adoptar el dólar para salvar la economía?

La dolarización en América Latina: ¿adoptar el dólar para salvar la economía?
Fuente: Gerd Altmann (Pixabay)

La dolarización se ha presentado a menudo como la solución a los males de economías emergentes como las latinoamericanas. La adopción del dólar como moneda oficial u oficiosa implica beneficios, pero también perjuicios. Tres países latinoamericanos han adoptado la divisa estadounidense de forma oficial por diferentes motivos: Panamá, Ecuador y El Salvador, aunque muchos otros la usan de manera informal, como Venezuela.

La dolarización como solución a los males sistémicos de una economía. Este es el dilema al que muchos países latinoamericanos se han enfrentado en más de una ocasión. Las crisis económicas, la inflación y las “décadas perdidas” han sido habituales durante décadas en la región, y aún hoy se dan en muchos países, afectando a las monedas locales. Esto ha popularizado el dólar estadounidense en los círculos económicos de muchos países latinoamericanos, que en algunos casos lo han convertido incluso en su moneda oficial. La fiabilidad del dólar, principal divisa de referencia internacional, explica el atractivo de abandonar la moneda local por una extranjera. 

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La dolarización consiste en adoptar el dólar estadounidense como moneda, sustituyendo a la moneda local a la hora de fijar precios o como método de pago. La dolarización puede ser formal, o integral, como sucede en tres países latinoamericanos: Panamá, Ecuador y El Salvador. Pero también puede ser informal, o parcial, cuando una parte significativa de las transacciones o pagos de un Estado se realiza en dólares. En este último caso el dólar no es oficial, pero la falta de confianza de los ciudadanos en su moneda local lleva a un uso extendido de la extranjera. Actualmente, el máximo representante de la dolarización informal en América Latina es Venezuela, donde se estima que, a causa de la hiperinflación del bolívar, más del 50% de las transacciones del país son en dólares.

Para ampliar: “¿Es la dolarización oficial una opción real para las economías emergentes?”, Alexis Cruz, 2005

Ventajas e inconvenientes de la dolarización

En el debate sobre la dolarización se enfrentan sus fieles defensores y quienes creen que es simplemente una solución fácil y beneficiosa a corto plazo, pero contraproducente a la larga. Las monedas latinoamericanas no destacan por su fortaleza, sino que son muy susceptibles a la depreciación. Ante la llegada de una crisis, los inversores retiran rápidamente su confianza en estas divisas para refugiarse en el dólar, causando estragos en las economías latinoamericanas; los precios cambian y los ahorros pierden valor rápidamente. Así ocurrió con la crisis del coronavirus: a principios de 2020, cinco de las ocho monedas más depreciadas del mundo frente al dólar eran latinoamericanas.

Frente a ese riesgo, una de las grandes ventajas de la dolarización es que evita la depreciación monetaria, lo que a su vez reduce la salida de capitales del país. Además, al eliminar el riesgo de devaluación de la moneda, decrece la prima de riesgo que paga el país, por lo que su tasa de interés se reduce. Todo ello favorece la llegada de inversión extranjera y el crecimiento económico. Por si fuera poco, la adopción del dólar liga inevitablemente la economía del país dolarizado a la de Estados Unidos, que sigue siendo la principal potencia económica, y facilita el acceso a los mercados financieros globales, como demuestra la estrecha integración entre los sistemas bancarios panameño y estadounidense.

En verde oscuro, países que tienen el dólar como moneda oficial; en América Latina son El Salvador, Panamá y Ecuador. En verde claro, países con economías fuertemente ligadas al dólar sin que esta moneda sea oficial. Dentro de la región destacan Venezuela y Cuba. Fuente: Wikimedia

Aunque las ventajas son notables, las desventajas de la dolarización también lo son. Un país dolarizado pierde su soberanía monetaria, es decir, su banco nacional ya no controla la moneda que circula en su territorio. Ese poder pasa a residir en Washington D. C., sede de la Reserva Federal —el banco central estadounidense—, pero Estados Unidos no tiene por qué mirar por los intereses del país dolarizado. Carecer de soberanía monetaria impide ajustar el tipo de cambio para estabilizar la economía en situaciones de desbalance, lo que genera desajustes en la balanza de pagos que disparan el endeudamiento externo. Ecuador, por ejemplo, ha necesitado ayuda del Fondo Monetario Internacional en varias ocasiones por este motivo. El problema se acentúa en países exportadores de materias primas, como son la mayoría de los países latinoamericanos, ante una caída de precios en el mercado internacional. 

A ello hay que sumar que el país dolarizado no puede controlar la cantidad de dinero físico que circula dentro de sus fronteras, sino que depende completamente de que el dinero entre desde el exterior, por ejemplo, a través de remesas o de exportaciones. Y al dejar de acuñar moneda propia, el banco central de un país dolarizado pierde el derecho de señoreaje: los beneficios de acuñar papel moneda por el simple hecho de producirlo, un método bastante habitual para financiar el gasto público en las economías latinoamericanas. Por último, dado que en ocasiones se opta por la dolarización tras haber pasado por una crisis que ha depreciado la moneda nacional, cuando esta se cambia por el dólar es posible que la tasa de cambio sea muy perjudicial para los habitantes del país, como sucedió con el abandono del sucre en Ecuador a finales del año 2000. 

Para ampliar: “¿Es conveniente una dolarización total en una economía parcialmente dolarizada?”, Carlos Pereyra y Zenon Quispe, 2002

Panamá, la primera dolarización latinoamericana  

La dolarización de Panamá está ligada a la formación de este territorio como Estado independiente en 1903, con su situación geográfica privilegiada y con su estrecha relación histórica con Estados Unidos, y por tanto es diferente a las de otros países de la región. La estratégica localización de Panamá entre los océanos Atlántico y Pacífico motivó que Estados Unidos reconociera su independencia de Colombia para después patrocinar la construcción del canal de Panamá, una infraestructura sin precedentes que conectó los dos océanos y sería vital para el comercio internacional. Estados Unidos también se aseguró un estrecho vínculo económico con el nuevo Estado, y en 1904  Panamá adoptó el dólar como moneda oficial junto al balboa, su moneda nacional. 

Los líderes panameños pretendían que Panamá tuviera un banco central con capacidad para acuñar moneda, pero Estados Unidos se negó y obligó al Gobierno panameño a establecer el patrón oro como referencia. Así, el Banco Nacional de Panamá en realidad es tan sólo un banco comercial y de desarrollo que no acuña moneda. Además, el balboa carece de independencia, ya que cotiza siempre al mismo valor que el dólar, únicamente puede encontrarse en forma de moneda, no en billetes, y solo se ha acuñado en momentos concretos y siempre con el beneplácito de Estados Unidos. 

Panamá es el país latinoamericano más beneficiado de la dolarización oficial. Hasta la crisis del coronavirus, la economía panameña crecía significativamente, con un promedio del 4,6% anual desde 2015. Durante esos años la pobreza se redujo notablemente, aunque las desigualdades siguen siendo muy graves. La deuda pública, en el 39,5% del PIB en 2018, está por debajo de la de otros países dolarizados, como Ecuador. Además, Panamá tiene un sector financiero fuerte en el que operan numerosos bancos internacionales y que se ha constituido, desde hace ya varias décadas, como uno de los paraísos fiscales más conocidos del mundo. No obstante, al igual que el de otras naciones latinoamericanas, su futuro económico sigue en el aire, ya que la reducción del comercio internacional durante el 2020 ha afectado al canal de Panamá, su principal motor económico. 

Para ampliar: “Raíces de la independencia de Panamá”, Ernesto J. Castillero, 1978

Veinte años del dólar en Ecuador

Un shock económico. En este contexto llegó el dólar a Ecuador el 9 de enero del 2000. La situación en Ecuador se había tornado insostenible desde 1995, y la dolarización se concibió como la última carta para salvar a una economía a la deriva. Este movimiento radical incluso le costó el puesto al entonces presidente, el conservador Jamil Mahuad. El Gobierno de Mahuad, muy criticado y apodado el “Gobierno de la banca”, fue derrocado en un golpe de Estado el 21 de enero del 2000, tras solo un año y medio de mandato. 

La crisis de Ecuador era sistémica. Si en 1995 la inflación estaba en torno al 22%, en el año 2000 llegó al 96%. A esto hay que añadirle una depreciación de la moneda nacional, el sucre, que en solo una semana pasó de cambiarse a 7.000 sucres por dólar a 19.000. La crisis financiera se convirtió en una bancaria, con una quiebra de quince bancos, dos financieras y una mutualista que se estimó en 4.000 millones de dólares, o lo que es lo mismo, el 20% de un PIB que entonces ya estaba seriamente mermado.  

Billete de cincuenta sucres ecuatorianos de 1988. La crisis económica que sufrió Ecuador durante el último lustro del siglo XX condenó a esta moneda a la desaparición. Fuente: Wikipedia

Ante esta situación, en marzo de 1999 se produjo en Ecuador un feriado bancario que en principio debía durar veinticuatro horas pero que acabó extendiéndose cinco días. El Gobierno de Mahuad también congeló los depósitos durante un año para evitar retiros masivos de dinero. Todo ello hizo impopular la adopción del dólar entre la población en un primer momento, aunque con el tiempo ha ido ganando adeptos gracias a la estabilidad que generó, reduciendo la inflación por debajo del 10%

Para ampliar: “La crisis financiera ecuatoriana de finales de siglo y la dolarización”, Roque Espinosa, 2000

Más allá de la estabilización de los precios, la dolarización trajo indudables beneficios a Ecuador. Desde entonces, el país solo ha sufrido recesión durante dos años, el poder adquisitivo ha aumentado y la fuga de capitales ha mermado sustancialmente. Sin embargo, el crecimiento de la economía del país no ha sido sostenido, ya que hubo algunos aspectos que no se tuvieron en cuenta durante el precipitado cambio de moneda, como la pérdida del derecho de señoreaje.

Otro de los problemas de la dolarización de Ecuador fue la brecha monetaria que abrió con otros países vecinos, como Perú y Colombia, cuyas monedas son más débiles que el dólar. Gracias a la divisa estadounidense, importar es muy barato para Ecuador, pero a cambio sus exportaciones son más caras. Ecuador sufrió una disminución considerable de sus exportaciones, más allá del petróleo, y un aumento de las importaciones, por lo que dejó de desarrollar su capacidad industrial al ser más fácil comprar fuera que producir dentro. Por otro lado, la deuda pública alcanzó el 45,8% del PIB en 2018, y los intentos del actual presidente, Lenín Moreno, de recortar el gasto fracasaron en 2019 a causa de las protestas ciudadanas. La crisis sanitaria generada por la pandemia de coronavirus ha supuesto otro duro golpe a la situación económica ecuatoriana.

Para ampliar: “El camino hacia la dolarización en Ecuador”, Axel Gastambide, 2010

El Salvador: una dolarización política más que económica

Al contrario que la de Ecuador, la dolarización de El Salvador no responde a una necesidad económica extrema. El dólar entró oficialmente a sustituir el colón salvadoreño el 1 de enero de 2001. No obstante, la economía salvadoreña se había mantenido estable desde 1992, con el final de la guerra civil que asolaba el país desde 1980 y la crisis económica que había provocado. 

Más que para responder a una crisis, la dolarización de El Salvador se presentó como una forma de evitar un estancamiento futuro y proteger el sistema financiero, que acababa de ser privatizado. En la decisión también pesaron las numerosas remesas que enviaban los emigrantes salvadoreños que trabajan en Estados Unidos. La Ley de Integración Monetaria, de diciembre del 2000, permitió la libre circulación del dólar por el país a un tipo de cambio fijo con el colón, lo que evitó hacer un cambio radical de moneda y provocó que gradualmente el colón quedara fuera de circulación.

Veinte años después, la entrada del dólar no ha tenido un efecto negativo, pero tampoco extremadamente positivo. Los problemas económicos no son los que más preocupan en El Salvador, un país lastrado por la violencia pandillera, la emigración, la crisis climática y el autoritarismo de su presidente, Nayib Bukele. Con todo, el crecimiento económico se ha estancado durante los últimos años: desde el 2000 solo ha superado el 3% durante dos años, con un promedio del 2,3%.

Las remesas, junto a las exportaciones, siguen siendo fundamentales para mantener la viabilidad del dólar en la economía salvadoreña. La inflación siempre se ha mantenido baja, y, aunque los problemas de desigualdad persisten, la pobreza se ha reducido moderadamente. Al igual que en Ecuador, el peor dato es el del endeudamiento externo: la deuda pública rondaba el 70% del PIB en 2018, y se prevé que la situación se agrave a causa de la crisis del coronavirus.  

La dolarización informal en Venezuela

De la mano de la crisis económica que vive Venezuela, la llegada de dólares al país está en auge, ya sean provenientes de los ahorros venezolanos en el exterior, las remesas o el contrabando. La moneda estadounidense coexiste con el bolívar, que no vale prácticamente nada debido a la desorbitada hiperinflación que sufre el país, del 9.585% en 2019. Sin embargo, no parece que la dolarización se vaya a oficializar mientras el chavismo siga en el poder, por el bloqueo de Estados Unidos y porque el Gobierno de Maduro sigue defendiendo la recuperación del bolívar, pese a que la moneda esté devaluada.

El chavismo se ha opuesto durante años a que el dólar entrase en la economía de Venezuela debido a su rivalidad política con Estados Unidos. En la campaña para las elecciones presidenciales de 2018, el presidente Nicolás Maduro llegó a calificar de “inconstitucional” la propuesta de dolarización del candidato opositor Henri Falcón. Pese a ello, a causa de la crisis económica, social y política que vive el país Maduro ha dado un cambio radical en su posición respecto al dólar, pasando de considerarlo un enemigo a ser ahora un alivio para su maltrecha economía.

Durante años, el Gobierno venezolano financió su elevado déficit público emitiendo moneda masivamente, algo que restó crédito tanto al bolívar venezolano como al propio Estado. La crisis económica se ha agravado con la caída en las exportaciones de su principal fuente de ingresos, el petróleo, debido a la mala gestión de la petrolera pública Pdvsa y el mal estado de sus plataformas de extracción, que están obsoletas. La capacidad productiva de Pdvsa en 2019 cayó a niveles de 1950. A esto se suma la bajada global del precio del crudo y el bloqueo económico y las sanciones impuestas por Estados Unidos, que hacen que la situación de Venezuela sea insostenible

El dólar es la más común entre las varias monedas que se usan en Venezuela: supone el 55% de las transacciones totales, y su uso está incluso mucho más extendido en ciudades como Maracaibo. En determinadas zonas de la capital, Caracas, también se pueden ver euros, y en áreas fronterizas circulan pesos colombianos y reales brasileños. La dolarización ha acentuado las diferencias sociales ya existentes entre los venezolanos: quienes tienen dólares gozan de un nivel de consumo significativo, mientras que quienes solo cuentan con unas pocas divisas estadounidenses viven con lo básico. Por último, hay un porcentaje importante de clase trabajadora que todavía subsiste con bolívares y que sufre la hiperinflación más que el resto.

El Gobierno venezolano no ha oficializado el dólar, pero en 2018 lanzó el petro, una criptomoneda que inicialmente buscaba sortear el bloqueo financiero. Desde entonces, se han ampliado las funciones de esta divisa, con la que ya se pueden pagar impuestos, importar bienes o hasta pagar en hoteles. No obstante, existen grandes dudas en torno al petro y su valor real: pese a que el Gobierno paga las pensiones y se abren cuentas de ahorro en Venezuela con esta criptomoneda, ninguna de las grandes casas de cambio internacionales la reconoce.

Para ampliar: “La dolarización como opción política monetaria en Venezuela”, Oscar Torrealba, 2015

Dólar, ¿sí o no?

La dolarización de las economías latinoamericanas es un fenómeno con claroscuros, más cuando los tres países que adoptaron el dólar oficialmente lo hicieron en contextos muy distintos. Las ventajas de la dolarización son indudables: elimina el riesgo de depreciación de la moneda y atrae inversión extranjera; pero también tiene desventajas, en especial a medio plazo, pues los países dolarizados acumulan deuda externa y pierden el control sobre la moneda que circula por su territorio. En cualquier caso, una vez que se emprende el proceso de dolarizar la economía es muy difícil volver atrás. 

La valoración es distinta en un país como el de Venezuela, con una dolarización informal consecuencia del mal estado de la moneda local. Detrás de una dolarización informal hay siempre una crisis económica grave, como la de Venezuela o la de Ecuador a finales de los noventa. En este caso, la dolarización no es fruto de un plan del Gobierno, que ha perdido el control de la política monetaria, sino que la informalidad se convierte en la única salida de la población para subsistir.

1 comentario

  1. Un error importante del artículo es no considerar a la Argentina en los años 90, durante la administración de Menem, como un caso de dolarización de la economía. El hecho de que nunca desapareciera el peso argentino no significa que no haya existido dolarización, pues el mecanismo económico financiero incorporado fue idéntico al narrado para otros ejemplos; convertibilidad fija y directa de un peso argentino por un dólar estadounidense. Por su envergadura, es el caso más importante y el que arroja lecciones más valiosas. Permite también el análisis de la dolarización en un país grande y económicamente importante, al contrario de Ecuador o Panamá.