Centroamérica, un paraíso del agua donde no todo el mundo la puede beber

A pesar de vivir en una región con abundantes recursos hídricos, los centroamericanos sufren una fuerte escasez de agua. El Corredor Seco, territorio que atraviesa toda la región, es una de las zonas del mundo más vulnerables al cambio climático. Agua, pobreza, corrupción y migración son conceptos que tienen una relación directa en el corazón del continente americano.
EconomíaAmérica Latina y el Caribe
Centroamérica, un paraíso del agua donde no todo el mundo la puede beber
Agricultor guatemalteco. Fuente: pxhere.

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“Morir de sed junto a la fuente”, cantaba el poeta cubano Nicolás Guillén; “sed de justicia y de agua”, le replicaba Roque Dalton, poeta salvadoreño. Estos dos poetas dibujaban con palabras lo que sería una de las paradojas más dolorosas de Centroamérica. A pesar de ser una región del mundo privilegiada, abundante en recursos hídricos, la escasez crónica de agua amenaza a millones de centroamericanos. Una grieta atraviesa el corazón de istmo, el llamado Corredor Seco centroamericano. Esta franja de territorio de 1.600 km de largo comienza en el sur de México, cruza Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y termina en el occidente de Panamá. Esta área concentra al 90% de la población centroamericana y es muy vulnerable a fenómenos climáticos extremos. Periodos cada vez más largos de sequías suceden a lluvias torrenciales, arruinando los cultivos en una zona donde el 60% de la población vive bajo el umbral de la pobreza y depende de la agricultura de subsistencia.
Localización del Corredor Seco centroamericano. Fuente: FAO
En los últimos meses una curiosa imagen se repite en las capitales del Triángulo Norte —nombre con el que se conoce la región que agrupa a Guatemala, El Salvador y Honduras— del istmo centroamericano. Una hilera de camiones cisterna recorre los barrios más pobres de las grandes urbes. Hace meses el agua solía llegar unas horas al día. En la época seca, los cortes empezaron a ser frecuentes. El agua comenzó a llegar en días alternos, luego, solo uno o dos días a la semana. Las precarias construcciones de las zonas marginales, apenas chabolas, no cuentan con cisternas que puedan almacenar el agua cuando llega. La gente tiene que pagar a empresas privadas para poder beber. Solo las casas de los barrios más ricos están preparadas para la escasez de agua. En la zona rural, el agua ya hace meses que dejó de llegar cuando debía. Mujeres y niños caminan horas para llevarla a sus casas. Es paradójico. Hay agua, pero no llega. Hay agua, pero...

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María Canora

Madrid, 1995. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Rey Juan Carlos con estancia en Estambul (ICU), máster en acción humanitaria y desarrollo. Anteriormente acompañante internacional de personas defensoras de derechos humanos en Honduras. Interesada en género, migraciones y movimientos sociales.