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El oro venezolano, la última carta de Maduro

El oro venezolano, la última carta de Maduro
Reunión del Consejo de Ministros del Banco del Sur en Caracas, 2013. Fuente: Wikimedia.

Aunque a menudo se cite el petróleo como el gran activo de Venezuela, el oro es un recurso que tiene un valor similar. Se ha convertido en uno de los últimos sostenes económicos del país y un mineral fundamental para las lealtades del oficialismo. Sin embargo, todo el proceso que le rodea, desde su extracción a la venta, es una gigantesca red de corrupción y crimen organizado que no hace sino sangrar aún más al país.

Aruba es la típica isla caribeña que cumple uno por uno los tópicos que se le podrían adjudicar: pequeña, con playas de arena blanca y agua cristalina y señalada durante años como un paraíso fiscal de ultramar al amparo del Reino de los Países Bajos —aunque la Unión Europea decidió retirar tal estatus hace apenas unos meses—. Sin embargo, en la isla neerlandesa ocurren cosas extrañas. Aunque sus minas de oro se agotaron a principios del siglo XX, el territorio continúa exportando este mineral —en pequeñas cantidades—. Y esa paradoja es la diminuta punta de un gigantesco iceberg que se extiende hasta Venezuela y mezcla minería ilegal con crimen organizado e ingentes cantidades de geopolítica.

Hace años la OCDE alertaba del papel de los territorios neerlandeses en el Caribe como puntos clave del tráfico de oro extraído en Colombia. Sin embargo, de un tiempo a esta parte el foco se ha desplazado a Venezuela y su cada vez más precaria situación política y económica. Buena parte del oro que transita por Aruba —a menudo de forma ilegal— tiene como origen el país venezolano, y es el resultado de un expolio a gran escala de las riquezas naturales del país. Esto tiene un impacto elevado...

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