China y la carrera por la hegemonía de las monedas digitales

China ha anunciado la creación de su propia divisa virtual con la intención de enfrentarse a la moneda digital de Facebook, libra. Ambos modelos son centralizados y obtendrán datos de cada usuario: el primero con fines económicos y el segundo como herramienta de control social, integrando el dinero en el sistema de crédito social chino. Además, China también pretende aumentar su influencia geopolítica usando su moneda virtual para combatir la hegemonía internacional del dólar.
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China y la carrera por la hegemonía de las monedas digitales
Fuente: elaboración propia.

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“Es esencial que la tecnología blockchain juegue un papel más importante en la construcción de la fortaleza de China en el ciberespacio, el desarrollo de la economía digital y el avance del desarrollo económico y social”. El Gobierno chino prohibió en 2017 la emisión de monedas virtuales, pero este cambio de postura, anunciado por Xi Jinping el 25 de octubre de 2019, no es un hecho aislado: sigue los pasos anunciados en septiembre por el presidente del Banco Popular de China, el banco central chino, para implementar una nueva divisa digital en China. Pekín lleva trabajando desde 2014 en una moneda digital propia que conviva con su divisa, el renminbi, con el objetivo oficial de luchar contra el lavado de dinero. Aunque todavía no se ha lanzado una prueba piloto, esta divisa digital servirá para algo más: se convertirá en una herramienta de control político en manos del Gobierno chino. 

Un día después del discurso de Xi Jinping, el parlamento chino aprobó una modificación de la Ley de criptografía y gestión de contraseñas para crear la Agencia de Criptografía Central. Dicha agencia tiene el objetivo de armonizar directrices y políticas para el sector, permitiendo la creación de monedas digitales nacionales, aunque manteniendo la prohibición de crear criptomonedas a título privado vigente desde 2017. China argumenta que el proceso de financiar una nueva criptodivisa es un fraude que favorece el blanqueo de capitales. Este proceso se inicia con las llamadas ofertas iniciales de moneda o Initial Coin Offering (ICO, por sus siglas en inglés), que consisten en vender participaciones de la nueva moneda, llamadas tokens, a cambio de dinero de curso legal para financiar el lanzamiento de la criptomoneda. No obstante, esa prohibición no ha impedido que China invierta en tecnologías blockchain, una de las características principales de las criptomonedas. 

Para ampliar: “¿La banca siempre gana? Así funciona el sistema bancario”, Javier Gómez en El Orden Mundial, 2020

El blockchain es una base de datos descentralizada que no requiere de una autoridad central que la regule. Ello permite que las criptomonedas funcionen de forma descentralizada y sin la supervisión de un banco central, al contrario que las divisas nacionales corrientes. La tecnología blockchain también ofrece otras ventajas como seguridad, rapidez y reducción de costes en las transacciones o la nula necesidad de agentes financieros. Sin embargo, se puede desarrollar una moneda digital que aproveche los aspectos positivos del blockchain y las características de un banco central, que regula la demanda y oferta de la criptomoneda. Esto último es lo que pretende el Gobierno chino: crear un híbrido entre su moneda actual y una criptodivisa; una moneda digital basada en la tecnología de las criptomonedas pero regulada por su banco central. Esta nueva moneda no tendría valor intrínseco, a diferencia de criptomonedas como bitcoin, pero sí supondría una revolución porque China se convertiría en el primer país que integra la tecnología blockchain en su moneda de curso legal y la respalda con un banco central.

Pero las implicaciones de esta moneda virtual van más allá de poder pagar cómodamente a través de aplicaciones de mensajería instantanea como WeChat o plataformas de pago como AliPay, tan extendidas en China; esta nueva moneda también funciona como una herramienta de control social al servicio del Gobierno. China ya ha puesto en marcha un sistema de puntuación social, el llamado sistema de crédito social, por el cual se evalúa a los ciudadanos en función de su comportamiento cívico; los peor puntuados reciben sanciones como restricciones a viajar o mayores dificultades para escolarizar a sus hijos en los mejores colegios. Aunque los detalles sobre el funcionamiento de la moneda digital todavía no se han hecho públicos, integrarla en este sistema permitirá rastrear y conocer toda transacción hecha por un ciudadano chino de forma rápida y eficaz. China se convertiría así el primer país sin dinero físico, lo cual haría casi imposible cometer delitos como el fraude o el blanqueo de capitales, a la vez que se perdería el derecho a la privacidad, ya que todas las transacciones serían visibles para el banco central, que no es independiente del Gobierno.  

Para ampliar: “El sistema de crédito social chino”, Andrea Rodríguez en El Orden Mundial, 2019

Al otro lado del océano, el anuncio chino llegó el mismo año en el que Facebook ha decidido crear su propia moneda virtual, libra. No es casual que hayan coincidido en el tiempo: libra y la propuesta del gigante asiático son dos caras del mismo fenómeno. La diferencia principal está en quién las controla: la primera por un pequeño grupo de empresas y la segunda por un banco central, aunque libra  no deja de estar respaldada por un fondo de varias monedas fiduciarias ––euros, libras, yuanes y dólares–– en las que el dólar ocupará una posición predominante. Libra también tiene un trasfondo político: Facebook apuesta por universalizar el acceso al crédito en las zonas con más pobreza a través de su moneda, y su presidente, Mark Zuckerberg, defendió en una declaración ante el Senado estadounidense en octubre de 2019 que libra servirá para “ampliar el liderazgo financiero de Estados Unidos, así como nuestros valores democráticos y supervisión en todo el mundo”. Con todo, libra está sufriendo trabas gubernamentales que han lastrado su lanzamiento y están dando tiempo a China para posicionarse como el líder del nuevo sistema monetario digital, retando la hegemonía del dólar estadounidense en el mundo. 

Para ampliar: Libra, la revolución monetaria de Facebook”, Javier Gómez en El Orden Mundial, 2019

El sistema monetario son las venas y arterias que riegan el sistema financiero y comercial, por lo que el país que consiga imponer su moneda tendrá gran influencia a nivel comercial y geopolítico. Desde la Segunda Guerra Mundial, de la mano de la hegemonía económica y militar estadounidense, el dólar ha sido la moneda de reserva preferida en el mundo. De hecho, países como El Salvador, Ecuador y Panamá se han dolarizado; es decir, han renunciado a su soberanía monetaria y han adoptado el dólar como moneda de curso legal. Esta decisión les ofrece una ventaja competitiva en el ámbito comercial porque reduce costes de transacción, así como la estabilidad monetaria que quizá no consiguieron con sus propias divisas. Sin embargo, esta dependencia también otorga un gran poder a EE. UU., y los países anclados al dólar necesitan que EE. UU. siga teniendo una economía sólida para no poner en peligro la suya propia.

Esta red de influencia es la que quiere crear China lanzando su propia moneda digital. Pekín busca proporcionar a países con divisas frágiles una moneda robusta y cómoda, atrayendo así a su red comercial y geopolítica a países con economías más inestables, una renminbinización de esos países, con el poder que ello implica. Es más, al tratarse de una moneda digital, a diferencia del dólar, China podría supervisar cada transacción hecha con esa moneda también fuera de sus fronteras, y ya no solo obtendría información de sus ciudadanos, sino de los de todos aquellos países que hayan adoptado su moneda. Ante esta situación, también en Estados Unidos empiezan a oírse voces, como la del presidente de la Reserva Federal de Filadelfia, que abogan porque los bancos centrales, “incluida la Reserva Federal de EE. UU.”, comiencen a emitir moneda digital.

Para ampliar: “Hágase el dinero: cómo funciona el sistema monetario”, Javier Gómez en El Orden Mundial, 2019

Con todo, la batalla por ser una potencia monetaria digital es solo cosa de dos: la otra potencia económica mundial, la Unión Europea, se está quedando atrás. Bruselas primero criticó la implementación de libra por el riesgo que suponía a la soberanía monetaria y después siguió con recelo el anuncio del renminbi digital chino; ahora, el Banco Central Europeo ha anunciado que estudiará los beneficios y riesgos de crear su propia moneda digital. Los europeos no son los únicos que apuntan a este cambio de postura en el sistema monetario, que pasa por implementar divisas digitales nacionales para adelantar al sector privado: Irán ya teorizó sobre la creación de su propia moneda digital para evitar las sanciones de EE. UU., y Venezuela lanzó en febrero de 2018 petro, una divisa digital ligada al petróleo, del que Venezuela es productor. La intención del Gobierno venezolano era esquivar las sanciones y evitar la dolarización de su economía, pero su iniciativa no ha sido bien recibida por las serias sospechas de fraude. Hasta ahora, el único país que ha presentado una propuesta creíble ha sido Suecia con su moneda e-Krona, un proyecto piloto cuyo objetivo es complementar al dinero en efectivo y con fecha de lanzamiento en 2021. De momento, todas las propuestas parecen ir en una misma dirección: adelantarse a libra para evitar que el monopolio del dinero quede en manos privadas.

En definitiva, se está forjando un nuevo sistema monetario con varias batallas abiertas, empezando por dirimir si la iniciativa será pública o privada: ¿se permitirá crear una moneda a una empresa con una red de global de clientes que suman miles de millones, más población que la mayoría de los países? En otro plano, también se está librando una pugna por la hegemonía monetaria digital entre China y EE. UU., que también se manifiesta en otros sectores tecnológicos como el 5G o la inteligencia artificial. Y, por último, está la amenaza a la privacidad: libra y el renminbi digital comparten un sistema centralizado que será capaz de obtener datos personales de los usuarios; el primero lo utilizará con fines económicos y el segundo como herramienta de control social. Quedan muchas incógnitas por despejar todavía sobre una tecnología, la blockchain, que originalmente estaba destinada a descentralizar el poder del dinero.

Para ampliar: “La blockchain, ¿revolución o burbuja?”, Álvaro Conde en El Orden Mundial, 2019

Javier Gómez

Madrid, 1998. Graduando en Política, Economía y Derecho por IE Universidad. Interesado en economía financiera, blockchain y criptodivisas. Apasionado por la geopolítica y gobernanza europeas; defensor de la educación como medio para el progreso político, económico y social.