Desde que en 2008 se publicase el “Libro Blanco” que un año después dio origen al bictoin, se ha estado intentando poner en jaque el monopolio del dinero que ostentan los bancos centrales, sin todavía mucho éxito. Sin embargo, el pasado 18 de junio, Calibra —empresa subsidiaria de Facebook para servicios financieros— presentó la hoja de ruta de libra, su nueva criptodivisa. Facebook la ha impulsado junto a más de 27 empresas y organizaciones sin ánimo de lucro de todo tipo —desde PayPal, Mastercard, Spotify y Vodafone hasta fondos de capital de riesgo—, y esperan que en el segundo semestre de 2020 esa cifra haya llegado a 100 entidades que conformarán la Asociación Libra. Su objetivo es “ofrecer una moneda sencilla y global, y una infraestructura financiera que empodere a miles de millones de personas”, a través de tecnología blockchain, usando respaldo de una reserva de activos —en euros, dólares, yenes, etcétera— y regida por la Asociación Libra. Aunque hasta 2020 no se va a poner en práctica a nivel usuario, su anuncio ya ha generado gran expectación pública.
El objetivo de libra es ejercer como un nuevo intermediario entre el cliente y el vendedor al margen del actual sistema financiero. Libra busca implementar un nuevo sistema monetario que complemente al actual, para que sea posible comprar un coche, pagar el alquiler o enviar dinero usando aplicaciones tan comunes como WhatsApp o Messenger a cambio de una comisión menor de la que se cobra actualmente en la banca tradicional. Convertirse en el catalizador de todas las transacciones que se hacen a nivel global en un mundo en el que más de un tercio de la población no tiene acceso a una cuenta bancaria.
Para ampliar: “Hágase el dinero: cómo funciona el sistema monetario”, Javier Gómez en El Orden Mundial, 2019
En ese sentido, la nueva libra guarda muchas similitudes con bitcoin. Ambas usan tecnología blockchain, descentralizando toda la gestión en los usuarios —los llamados nodos de validación— y no en los intermediarios, con lo que ya no es necesario un notario que dé fe del cumplimiento de un contrato. Sin embargo, existen también grandes diferencias, empezando por la propia creación de la criptomoneda: bitcoin se crea a través del proceso de minado, por el cual cualquier usuario que quiera se puede encargar de verificar que se ha llevado a cabo una transacción y obtiene como recompensa cierta cantidad de bitcoin. Este minado implica que se está creando un activo, un bien real, aunque este sea digital. Con libra sigue habiendo usuarios que verifican si se ha hecho determinada transacción, pero estos no reciben nada a cambio. Eso implica que, al contrario que con bitcoin, la cantidad de libra que uno tenga no se basa en minar la moneda, sino en comprarla en dólares, euros, yenes, u otras divisas fiduciarias. Libra se sustenta en un compromiso de pago de los diferentes bancos centrales, y por tanto su futuro está anclado al devenir de esas instituciones.
La segunda diferencia reside en el usuario que verifica que se ha realizado una transacción. En bitcoin no se necesita permiso de nadie para poder validar, y cualquiera puede ser minero si cumple con los requisitos mínimos establecidos por la comunidad. Sin embargo, en libra es la Asociación Libra la que concede el permiso a aquellos desarrolladores que la entidad crea conveniente. Si bien es cierto que libra tiene intención de convertirse en una criptomoneda que no exija permisos para validar después de cinco años en funcionamiento, la similitud con el actual sistema monetario es bastante notable: existe un banco central —la Asociación— que se encarga de regular la moneda, el cual otorga a la banca privada —los usuarios con permiso para validar— el privilegio de acceder a crédito. En libra hay una institución encargada de decidir quién puede crear moneda, mientras que en bitcoin no.
Para ampliar: “Los bitcoin, la moneda de la cibereconomía”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2013
La última diferencia es la que explica la decisión de sus creadores de regular libra: la estabilidad. Debido a su filosofía completamente descentralizada, el mayor hándicap de bitcoin es que ninguna institución regula su valor, por lo que está solamente sometido a la ley de la oferta y la demanda, actuando como valor refugio. Ello provoca subidas y bajadas tan bruscas como inesperadas como la principios de 2018 —el bitcoin pasó de 19.000 dólares por bitcoin en diciembre de 2017 a 6.000 dólares en febrero 2018— e imposibilita su uso extensivo como método de pago, ya que muy poca gente estaría dispuesta a utilizar una moneda que no se mantenga más o menos estable en el tiempo. Por ese motivo, libra se considera como una stable coin, una criptomoneda respaldada por una reserva de activos reales minimizando así la volatilidad que poseen otras criptodivisas como el bitcoin.

El dinero de esa reserva proviene de dos fuentes: por un lado, de los miembros fundadores —que componen la Asociación Libra—, que deben invertir 10 millones de dólares cada uno; y, por otro, de los propios usuarios de libra. Cada vez que se quieran crear nuevas libras, deberá de darse una compra equivalente con dinero fiduciario —ya sea en dólares, euros, o cualquier otra—, transfiriéndose a la reserva, con lo que para incrementar o disminuir el número de libras tendrá que incrementarse o disminuir la compra o venta de dinero fiduciario en la misma proporción. El valor de libra depende así de los diferentes tipos de cambio entre divisas, eliminando el problema de volatilidad de bitcoin y consiguiendo así un gran medio de cambio extensible y universal, pero provocando una dependencia de libra de los bancos centrales que regulan esas divisas. La reserva de divisas será almacenará por diferentes “guardianes” distribuidos en una red global y estratégicamente seleccionados entre todos los usuarios del sistema por la Asociación Libra.
Como institución encargada de controlar libra, la Asociación Libra es central a este proceso. Sus miembros —empresas, organizaciones sin ánimo de lucro e instituciones académicas— harán el papel de nodos, validando cada transferencia y administrando el valor de libra, creando o destruyendo moneda en función de la demanda y la cantidad de dinero fiduciario que haya en las reservas. El organismo de gobierno de la Asociación será el Consejo de la Asociación, pero Calibra se ha reservado mantener un rol de liderazgo durante 2019 hasta que se lance la red libra. Posteriormente se transitará hacia un sistema más descentralizado y menos dependiente de los miembros fundadores, facilitando la entrada de nuevos usuarios con permiso para validar las transacciones hasta llegar en algún momento a la validación sin permiso.
Todavía es pronto para poder anticipar las implicaciones de este nuevo sistema que trae libra. No es una criptomoneda al uso, y tampoco se la puede considerar dinero fiduciario tradicional como tal. Libra ha nacido para estar entre esos dos mundos, usando la tecnología del primero mientras que hereda la estabilidad que le proporciona el respaldo del segundo. Todo ello para conseguir un objetivo: canalizar todas las transacciones que se hagan a nivel mundial, favoreciendo el acceso a crédito en aquellos lugares donde es muy complicado conseguirlo debido a las comisiones abusivas, la falta de financiación o sencillamente la dificultad de acceder a un banco. En palabras de Mark Zuckerberg, libra trae consigo “el internet del dinero”: en adelante, comprar, vender y enviar dinero será tan sencillo como mandar una foto.
Para ampliar: “La revolución fintech”, Trajan Shipley en El Orden Mundial, 2018
Libra parte además con otra ventaja, y es que si una de las cualidades del dinero es su estandarización e implementación, qué mejor manera de hacerlo a través de una empresa que posee 2271 millones de usuarios activos en todo el mundo solo en Facebook, a los que hay que añadir los usuarios de Whatsapp y de Instagram. Libra permitirá a Facebook diversificar sus fuentes de ingresos, con lo que se acabó el depender exclusivamente de la publicidad: ahora podrá ganar dinero de las comisiones que obtenga por cada transacción hecha con libra. Si el banco Santander es el segundo mayor banco de Europa con 144 millones de clientes activos, el volumen de negocio de Calibra podría ser quince veces superior. Sin embargo, los claros oscuros también son evidentes: ¿es segura libra? ¿Puede el usuario fiarse de una empresa que ha tenido serias polémicas con el tratamiento de sus datos? La propia tecnología blockchain protege el anonimato del usuario y ofrece la seguridad de que se ha llevado a cabo la transacción, pero si la cartera donde se guardan nuestras libras es Calibra, ¿cómo tener la certeza que no se usarán nuestros datos para nada más? Todavía es pronto para contestar a esas preguntas, ya que solamente se ha lanzado la versión beta de libra; habrá que esperar hasta 2020, cuando Calibra presentará su política de privacidad, para saber cómo pretenden usar los datos de los usuarios.
Por otro lado, tal y como está diseñada, libra no es en realidad muy diferente a cualquier moneda fiduciaria: no tiene valor intrínseco, y cuenta con un “banco central” encarnado en la Asociación Libra y una “banca privada” que son los usuarios a los que se permite validar el proceso. Si bien este sistema se hace en aras de frenar la volatilidad que caracteriza a bitcoin, el precio a pagar es ligar el destino de libra a los bancos centrales. Con todo, siempre habrá una diferencia sustancial entre libra y las divisas fiduciarias: este es un proyecto privado en el que no estamos obligados a formar parte, pero que sin ninguna duda cambiará el modo en el que las personas de a pie se relacionan con las instituciones financieras. Libra aspira a universalizar el acceso a crédito, sobre todo en aquellos países en vías de desarrollo donde no existe estabilidad financiera. Queda por ver si es posible que una institución creada por una minoría de empresas de arriba hacia abajo llegue a democratizarse y que el sistema pase a funcionar de abajo a arriba.