La competición entre China y Estados Unidos seguirá marcando la geopolítica de Asia-Pacífico en 2023. Tanto Pekín como Washington aumentarán su actividad, cortejando a los países de la región para ensanchar su círculo de amistades y superar al otro. En este contexto, India, Japón y Corea del Sur impulsarán su ya activa política exterior, e Indonesia se reforzará en una región cada vez más polarizada presidiendo la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).
Los grandes focos del choque Pekín-Washington se mantendrán en Taiwán y el mar de la China Meridional. Pero el otro a nivel regional será Corea, donde la amenaza de una nueva prueba nuclear de Pionyang continúa latente. Toda esa inestabilidad impulsará la inversión en defensa en Asia-Pacífico y afianzará la presencia militar estadounidense.
Una región más polarizada
En 2023, Estados Unidos y China tratarán de reforzar su presencia en Asia-Pacífico, buscando sacar ventaja en sus relaciones con el otro. En el ámbito militar, Washington prevé estacionar aviones bombarderos en el norte de Australia y acelerar la implementación de un acuerdo de defensa con Filipinas. China también continuará estrechando lazos con maniobras militares junto a Singapur e Indonesia. La creciente actividad de ambas partes aumenta la volatilidad en el mar de la China Meridional, un foco de tensiones que se presta cada vez más para malentendidos o choques accidentales.
Frente a esa división, las potencias medias tratarán de labrar su propio camino. Estos incluyen programas de defensa propios, mantener un equilibrio entre ambas superpotencias y cooperar con otros países para diversificar su dependencia. Japón iniciará en 2023 un ambicioso programa de rearme con un aumento de su presupuesto de defensa. Corea del Sur se ha propuesto convertirse en un “país de importancia global”, para lo que también aumentará su inversión en defensa e impulsará su política exterior.
India ya ha superado al Reino Unido como quinta economía mundial, se prepara para desbancar a China como país más poblado del mundo y seguirá aumentando su relevancia diplomática. Tradicionalmente ha dado voz al Sur global, y usará su presidencia del G20 para impulsar el multilateralismo, asegurando atención a los problemas de las economías emergentes a raíz de la pandemia y la guerra de Ucrania. Además, India presidirá la Organización de Cooperación de Shanghái. Encabezar dos organizaciones con distintos miembros, objetivos e intereses será una oportunidad para demostrar su capacidad de liderazgo y de actuar como puente entre dos visiones de orden internacional.
La ASEAN también tratará de seguir posicionándose como un actor relevante e independiente, así como el motor de crecimiento económico bajo la presidencia de Indonesia, el país más grande y uno de los más influyentes dentro de la organización. En 2023, el bloque tendrá que dar con una hoja de ruta y criterios para la entrada de Timor Oriental, acordada en noviembre de 2022. China tiene una gran influencia en el país, lo que podría ahondar las divisiones de la ASEAN y hacerla más sensible a las disputas geopolíticas. Sin embargo, la admisión también podría ayudar al país a reducir su dependencia económica y estratégica de Pekín.
Myanmar, Tailandia o Pakistán: elecciones para coger con pinzas
Además de lidiar con las grandes potencias, el gran desafío de la presidencia de Indonesia será Myanmar. La crisis entra en su tercer año tras el golpe de Estado de 2021, que ha sumido al país en una oleada de represión y violencia. En 2023, Myanmar pretende celebrar unas elecciones con pocas garantías democráticas y que pretenden afianzar el poder de la junta militar. La influencia de la ASEAN es limitada por su adhesión al principio de no interferencia. Sin embargo, Indonesia ha maniobrado dentro de la organización para generar consenso y presionar a la Junta. Las posibles medidas podrían incluir ayuda humanitaria, intercambios oficiales con la oposición o más aislamiento de Myanmar hasta que cumpla con sus compromisos con la organización.
También habrá elecciones en otros tres miembros de la ASEAN: Singapur, Tailandia y Camboya. Singapur elegirá nuevo presidente antes de septiembre. En Tailandia, las elecciones de mayo serán las segundas desde la nueva Constitución y las primeras tras la ola de protestas de 2020. El clima político seguirá marcado por un electorado polarizado y la amenaza de otro golpe militar. En Camboya, Hun Sen podría abandonar el poder antes o después de las elecciones de julio, dejando al frente del país a su hijo, Hun Manet. Sin embargo, tras casi cuatro décadas al mando, conservaría una gran influencia.
Pakistán también celebrará elecciones en 2023, en un clima político polarizado. El ex primer ministro Imran Khan fue destituido tras una moción de censura en abril de 2022 y fue herido de bala durante un mitin en noviembre, un incidente del que ha acusado al actual primer ministro Shehbaz Sharif. Khan mantiene un amplio apoyo social y ha presionado al Gobierno para celebrar elecciones anticipadas, que confía en ganar pese a estar inhabilitado. La crispación política se suma a las tensiones con el ejército, fundamental en la política del país, a la crisis económica y a la amenaza terrorista, que podrían desencadenar más inestabilidad y oleadas de violencia.
Optimismo moderado en Taiwán
Mientras tanto, el encuentro entre Xi Jinping y Joe Biden durante la cumbre del G20 en noviembre de 2022 sirvió para aliviar las tensiones. La decisión de retomar diálogos dio un respiro a la oleada de tensiones sobre Taiwán y allanó el camino para restablecer un nivel básico de confianza entre las dos superpotencias en 2023.
Sin embargo, la comunicación entre China y Estados Unidos es frágil y la situación en la isla seguirá siendo volátil. La Ley de Resiliencia Mejorada de Taiwán por parte de Estados Unidos confirma el apoyo económico, diplomático y militar, que ha aumentado desde la presidencia de Donald Trump. Sus posiciones provocarán fricción diplomática y más oleadas de tensiones, pero un conflicto militar por Taiwán en 2023 es poco probable.
Más allá de su relación con las grandes potencias, la política taiwanesa estará marcada por la carrera presidencial hacia las elecciones de enero de 2024. La política exterior dominará la campaña, y la cita tendrá una gran repercusión sobre el futuro de este foco de tensión. El Partido Progresista Democrático (DPP), que gobierna desde 2016, es más combativo hacia China que el Kuomintang (KMT), más conciliador con el gigante asiático. La campaña empezó con la derrota del DPP en las municipales de noviembre de 2022. Si bien ese resultado no indica qué votarán los taiwaneses a nivel nacional, podría aumentar la moral del KMT y presionar al DPP, ajustando la carrera electoral.
Corea y la tensión nuclear
Por su parte, en 2022 Corea del Norte batió su récord con más de cincuenta lanzamientos de misiles y reiteró su intención de convertirse en la potencia nuclear más potente del mundo. Si bien sigue lejos de este objetivo, ha dejado clara una postura más combativa, y el siguiente paso podría ser su séptima prueba nuclear, la primera desde 2017.
Las tensiones nucleares ya han acelerado la cooperación defensiva entre Japón, Corea del Sur y Estados Unidos. Seúl ha advertido de una respuesta rotunda con sus aliados si Pionyang procede con la prueba nuclear. Una cuestión clave es si China puede mediar en las tensiones y convencer a su vecino para frenar otra escalada de tensiones. Sin embargo, Corea del Norte parece decidida a aprovecharse de la polarización global para adoptar una postura más beligerante, por lo que las tensiones en la península continuarán en 2023.