Birmania, o Myanmar, es una pieza geopolítica clave en el mapa de China e India. Ubicado estratégicamente entre las dos potencias de la región, es un lugar de enorme importancia donde muchas de sus dinámicas se encuentran.
El río Irawadi es a Myanmar lo que el Nilo a Egipto, la columna vertebral del país en torno a la que se explica su historia, sociedad y política. El valle de este río, completamente birmano, está cerrado por el Himalaya al norte, las montes Naga, Chin y Arakán al oeste y la meseta de Shan el este. En el centro de este valle se extiende una amplia llanura que las montañas resguardan del clima lluvioso de su entorno, un lugar más o menos homogéneo perfecto para la agricultura donde se instaló y próspero el pueblo bamar.
Desde este valle los bamar se extendieron al sur, al pantanoso delta del Irawadi y a las selvas costeras colindantes antes de prosperar por la costa. Sin embargo, en estas regiones tuvieron que compartir el territorio con pueblos como los mon. Alrededor del centro del valle quedaban los territorios de otras etnias sobre los que extendieron su poder político, formando la actual Birmania. En algunas zonas este fenómeno se produjo de forma muy reciente, ya que fueron los británicos quienes integraron estas etnias dentro de su colonia de Birmania. Así, en las selvas, mesetas y montañas de su entrono habitan los mon, karen, kayan, shan, kachín, chin, rohinyás o arakaneses, entre otros.
Aunque Birmania ha pasado a llamarse oficialmente Myanmar como forma simbólica de dejar de ser el país de los bamar —o birmanos— y pasar a ser un país plurinacional, lo cierto es que Birmania y Myanmar derivan de la misma palabra en birmano, el idioma de los bamar. Y es que los bamar siguen ejerciendo el poder y articulando el país. El mapa de la geopolítica interna de Myanmar se divide en regiones, que poseen mayoría bamar, y estados, con minorías étnicas significativas. Estos últimos se concibieron como un modo de reducir la tensión con los grupos minoritarios tras décadas de conflictos armados al aceptar parte de sus demandas históricas.
Los conflictos con los pueblos minoritarios hacen de Myanmar el país que más tiempo lleva inmerso en un conflicto armado, desde 1948. El Gobierno lucha contra una veintena de grupos insurgentes que van desde guerrillas opositoras, nacionalistas, autonomistas e independentistas a mafias. Esto se produce especialmente en la periferia del país, ya que los grupos se financian mediante el cultivo de opio o el tráfico de fauna y flora, y que tienen en el Triángulo Dorado, la triple frontera entre Birmania, Laos y Tailandia y muy cerca de China, uno de sus epicentros mundiales.
Exceptuando a los arakaneses, habitantes de Rakáin, el Gobierno birmano tiene frentes abiertos con todas las etnias suficientemente numerosas para tener un estado. Los arakaneses se mantienen fieles a Birmania, y es que, pese al aislamiento geográfico de la región y largos periodos históricos separados, los arakaneses y los bamar comparten un origen común, y sus lenguas funcionan de forma dialectal, siendo mutuamente inteligibles. Sin embargo, su estado no se libra del conflicto, ya que al norte del mismo habitan los rohinyás.
La persecución contra los rohinyás ha sido elevada hasta el nivel de genocidio por parte de las Fuerzas Armadas de Myanmar —Tatmadaw—, y es el conflicto más conocido del país, con cientos de miles de refugiados. Sin embargo, las décadas de lucha en la periferia del país han desplazado a miles de personas de otras etnias a campos de refugiados en India y, sobre todo, Tailandia.
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Los rohinyás son un pueblo mayoritariamente musulmán en un país budista. Y si bien el nacionalismo birmano ha renunciado parcialmente a la identidad bamar, no ha hecho lo mismo con el budismo, nueva identidad nacional del Estado. Esta tendencia se ha dado especialmente tras la revolución azafrán de 2007 y el apoyo de los monjes a la líder de la oposición Aung San Suu Kyi, que llevó a replantear el Gobierno y el Estado.
No obstante, no se limitó el poder de los militares en la vida política, ya que ellos redactaron la nueva Constitución, garantizándose buena parte de los asientos del Parlamento tras la liberación de Aung San Suu Kyi y su nombramiento como presidenta de facto de Myanmar, y es que tras más de siete décadas de conflictos armados y con uno de los gastos militares más elevados de Asia, los militares ejercen mucho poder en Myanmar. Tanto, que tras perder las elecciones de 2020 dieron un golpe de Estado y retomaron el poder.
Birmania fue uno de los primeros lugares donde se instaló la industria petrolera, a mediados del siglo XIX, y sigue poseyendo importantes reservas de gas y petróleo, las cuales representan un 30% del valor de sus exportaciones. No obstante, décadas de aislamiento y sanciones han impedido el desarrollo de una industria extractiva moderna y han privado al país de una fuente aún mayor de ingresos.
Myanmar es un país clave para las estrategias geopolíticas de China e India, que sobre el mapa han planteado grandes infraestructuras sobre Birmania para servir a sus intereses estratégicos. China, dentro de la Nueva Ruta de la Seda, ve en Myanmar un atajo al océano Índico sin pasar por el estrecho de Malaca, además de una fuente de hidrocarburos y una oportunidad para estrechar el cerco a India.
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China también ha levantado en el país un par de bases marítimas dentro de su collar de perlas y que no solo completan el atajo al Índico, sino que también permiten controlar la salida del estrecho de Malaca y competir con las islas indias de Andamán y Nicobar.
Por su parte, India ve en Myanmar la oportunidad de romper el cerco chino accediendo a Indochina, a la vez que un atajo desde Calcuta al valle del Brahmaputra y la región de Asam, que solo está unido al resto de India por un estrecho paso muy cerca de la frontera china.
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