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Los rohinyás son una comunidad étnica musulmana de 1,1 millones de personas procedentes de Birmania, cerca de la frontera con Bangladés. Sin derecho a ciudadanía desde 1982, han vivido históricamente situaciones de esclavitud y discriminación por parte de la mayoría budista del país surasiático y del ejército, lo que los ha llevado a ser considerados la minoría más perseguida del mundo. En 1991 250.000 rohinyás abandonaron sus hogares para buscar refugio en países vecinos. El ejército birmano sigue abusando de esta minoría y, lejos de lo que se esperaba con la supuesta democratización del país, el Gobierno de Aung San Suu Kyi no reconoce las atrocidades que lleva a cabo.
Para ampliar: “La apatridia y los rohinyás de Birmania”, Raquel Jorge Ricart en El Orden Mundial, 2015
A lo largo de estos años, las migraciones se han contado a millares, pero hasta el pasado año el éxodo de los rohinyás —que huían de una respuesta militar desproporcionada después de que un grupo rohinyá atacara unos puestos policiales en la frontera— no empezó a definirse como una crisis humanitaria. Más de 600.000 refugiados rohinyás llegaron a Bangladés tan solo entre agosto y noviembre de 2017. El campo de Kutupalong, el más grande, acoge a casi 800.000 personas, las cuales tienen que hacer frente a las dificultades de cualquier campo de refugiados: necesidades educativas y sanitarias, el cansancio del largo camino, las secuelas psicológicas del conflicto, acceso limitado a agua potable, inseguridad alimentaria, viviendas precarias e inseguridad, especialmente para las mujeres y niños.
Cronología del problema rohinyá hasta febrero de 2017. Datos del Parlamento británico
Por su situación, los campos bangladesís tienen que afrontar tres complicaciones más. Por un lado, el elevado flujo de personas en un período tan breve, lo que ha dificultado su asentamiento adecuado, el reparto de productos de primera necesidad o la construcción de letrinas y tiendas con unas condiciones mínimas. Por otro lado,...
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