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El dilema de Washington: ¿entrar en guerra con China si invade Taiwán?

El dilema de Washington: ¿entrar en guerra con China si invade Taiwán?
Fuente: elaboración propia.

La cuestión de Taiwán es una de las más tensas en la ya conflictiva relación entre China y Estados Unidos. Las “dos Chinas” mantienen un conflicto desde mediados del siglo XX, y el apoyo estadounidense a la isla agudiza la rivalidad con Pekín. El Gobierno taiwanés espera ahora que Biden le dé garantías de protección ante una posible agresión china.

Los movimientos militares de China y Estados Unidos en el estrecho de Taiwán han vuelto a elevar las tensiones del conflicto por la isla. Taiwán, oficialmente “República de China”, es un país con reconocimiento limitado surgido en 1949, al final de la guerra civil china, cuando el Gobierno nacionalista chino se exilió en la isla de Formosa, el nombre histórico de Taiwán. El territorio continental chino quedó bajo el gobierno del Partido Comunista, que proclamó la República Popular China ese mismo año. Las dos Chinas no se reconocen entre sí y reclaman mutuamente el territorio de la otra, por lo que Taiwán teme ser invadida desde hace más de siete décadas.

Estados Unidos es el socio principal de Taiwán, formando una alianza para contener a China ya desde la Guerra Fría. Eso no impidió que en 1979 Washington reconociera al régimen de Pekín y cortara lazos diplomáticos con Taiwán en virtud del principio de “una sola China”, según el cual solo una de las dos entidades puede representar al país. Desde entonces, Estados Unidos asume que el Gobierno chino reclama Taiwán como parte de su territorio, pero no hace explícito si comparte o no esa postura.

Sin embargo, Washington ha seguido apoyando comercial y militarmente a la isla de manera informal, tal y como se comprometió a hacer en su Ley de Relaciones con Taiwán de 1979. A primera vista, Taiwán no tendría muchas posibilidades de frenar un ataque chino, pero algunos expertos consideran que podría repelerlo debido a las complicaciones tácticas que afrontaría el ejército invasor. En todo caso, la isla resistiría mejor si Estados Unidos acudiera al rescate.

Taiwán es una pieza clave en las tensiones entre Estados Unidos y China, y no solo por el estatus y la posición geográfica de la isla. También juega un importante papel en la guerra tecnológica —es el mayor productor de semiconductores, componentes esenciales en los productos tecnológicos— y en la alianza que Biden pretende formar con otros países asiáticos para contrarrestar la influencia china. Sin embargo, su posición es incómoda, porque mantiene una alianza defensiva con Washington mientras comparte fuertes lazos comerciales con Pekín. 

Taiwán prefería que ganara Trump

Durante la presidencia de Donald Trump (2017-2021), la tensión entre Estados Unidos y China llegó a enfrentamientos diplomáticos y comerciales constantes. Estos choques fueron bien recibidos en Taiwán, donde sintieron que Trump les defendía con más firmeza que sus predecesores. En 2018, por ejemplo, el presidente aprobó la Ley de Viajes a Taiwán, que facilita los contactos diplomáticos entre líderes estadounidenses y taiwaneses, a pesar de las protestas de China. 

La Administración Trump también acordó en 2020 la venta a Taiwán de cien sistemas de defensa marítima Harpoon, cuatrocientos misiles y drones, y tanques y misiles Stinger, por más de 4.000 millones de dólares, a lo que China replicó con amenazas de sanciones. Poco antes de terminar el mandato de Trump en 2021, su secretario de Estado, Mike Pompeo, levantó todas las restricciones para la cooperación con Taiwán.

No extraña, por tanto, que la mayoría de taiwaneses quisieran que Trump ganara las elecciones de 2020. Taiwán era el único país de Asia-Pacífico donde la población prefería a Trump, pues le veían como el único capaz de contrarrestar el auge chino. Por el contrario, Joe Biden, el otro candidato, era percibido como alguien que aboga por el diálogo con China, y que podría no reaccionar a las provocaciones de Pekín con igual fuerza que Trump. 

Biden confirma su apoyo a Taiwán

Los temores taiwaneses sobre Biden no se han confirmado. El nuevo presidente ha hecho de la disputa con China una prioridad. Al inicio de su mandato ratificó su compromiso con Taiwán y aseguró que continuaría garantizando su capacidad de autodefensa. Y a pesar de que en su primera conversación con el presidente chino, Xi Jinping, sentaron las bases para mejorar la cooperación, Biden le pidió que dejara de someter a Taiwán a presiones militares, diplomáticas y económicas. 

Con estos gestos, Biden ha tratado de reconfortar a sus socios taiwaneses sobre su compromiso con la isla. El Ministerio de Exteriores de Taiwán no tardó en agradecerle “su sólido apoyo a los demócratas de Taiwán frente a la coerción en curso de Pekín”, enfatizando la necesidad de promover un contexto estable en el Indo-Pacífico. El clima en la relación bilateral ahora es de optimismo moderado. China, por su parte, ha advertido a Estados Unidos de que continuar con el apoyo a Taiwán de la anterior Administración sería cruzar una línea roja.

Por otro lado, aunque para Taiwán la alianza defensiva con Estados Unidos es “una cuestión de supervivencia”, en palabras de su embajadora en Washington, el Gobierno taiwanés también busca profundizar las relaciones económicas y convertirse en un socio comercial prioritario. Taipéi espera retomar las negociaciones para actualizar el Acuerdo Marco de Comercio e Inversión de 1994 (TIFA por sus siglas en inglés) entre ambos países, pues la última reunión fue en 2016, durante el mandato de Barack Obama. La Administración Biden anunció a principios de junio que reanudará “pronto” estas conversaciones.

China responde aumentando la presión

El Gobierno chino considera a Taiwán su vigesimotercera provincia, que se ha querido independizar de forma unilateral, por lo que podría intentar recuperarla por la fuerza. Hasta ahora Pekín no ha dado el paso por miedo a provocar una guerra contra Estados Unidos, pero la tensión crece y hasta en Washington se preguntan si China se prepara para la invasión. En octubre de 2020 Xi visitó una base naval en Guangdong, en el sur de China y no lejos de Taiwán, para supuestamente prevenir a los marinos de que se prepararan para la guerra.

Entretanto, China ha aumentado sus maniobras navales y aéreas en el estrecho de Taiwán. En abril de 2021 batió el récord de aviones de combate sobrevolando espacio aéreo taiwanés, veinticinco al mismo tiempo. Por su parte, la Marina de Estados Unidos envió en febrero de 2021 un buque destructor a través del estrecho, maniobras que Pekín condena y que los estadounidenses acostumbran a hacer para reivindicar la libre navegación en la zona. Taiwán también realizó pruebas de misiles en marzo de 2021 coincidiendo con ejercicios militares chinos. China además recurre al poder blando, con propaganda, promoción cultural o inversión, para atraer a Taiwán y para poner de su parte a los pocos aliados que le quedan a la isla.

China y Taiwán
China supera con mucho a Taiwán en capacidades militares, aunque ambos países están creciendo en este aspecto. Fuente: Statista

Aunque las maniobras militares intimidatorias se han reducido en las últimas semanas y un ataque directo es poco probable en el corto plazo, China continuará presionando a Taiwán. Su crecimiento militar es imparable: ya es la mayor fuerza naval del mundo en número de buques, con alrededor de 350 frente a los 293 de Estados Unidos, amenazando la influencia estadounidense en el mar de la China Meridional. Pekín incluso podría tener pronto la capacidad militar necesaria para vencer a Washington, que aún es la principal potencia bélica en la región.

¿Qué haría Biden si China invade Taiwán?

China reitera que recuperará Taiwán tarde o temprano, empleando la fuerza si es preciso. Xi podría intentarlo antes de dejar el poder, aunque no está claro cuándo abandonará el cargo, pues eliminó la limitación de mandatos en 2018. Si llegara a recuperar Taiwán pasaría a la historia como el líder que consiguió lo que no lograron ni Mao Zedong ni Deng Xiaoping, quien ofreció sin éxito implantar en la isla el sistema “un país, dos sistemas”, al estilo de Hong Kong. Washington insiste en que el fin de este conflicto debe pasar por una resolución pacífica. 

Pese a que sus acuerdos con Taiwán comprometen a Estados Unidos a defender la isla ante una invasión china, hay dudas sobre qué haría Washington si Taiwán declarase su independencia formal, una provocación a China que significaría la guerra. Como el Estado taiwanés ya es de facto independiente, el Gobierno no ha considerado necesario declarar su independencia y no hay consenso interno sobre dar el paso o no.

La guerra pondría a Biden ante un dilema. Si Estados Unidos mantiene su apoyo a Taiwán, puede enfrentarse a la única potencia militar que podría hacerle cierta sombra. Por el contrario, si no se interpone se arriesga a que China expanda su influencia por Asia. Mientras China y Taiwán no se reconozcan mutuamente como Estados ni normalicen sus relaciones, la tensión en la región persistirá. Así que mantener relaciones robustas con Washington ya no es para Taipéi solo una cuestión diplomática, sino existencial.