Ni China ni Rusia

Sólo Estados Unidos puede acabar con el orden internacional. Ya lo está haciendo y será un suicidio

Donald Trump está acelerando la caída de la hegemonía estadounidense con su autoritarismo interno y su volátil política exterior. Pero ya no es sólo que China recoja los frutos. Es que Washington pretende un nuevo equilibrio entre ambas potencias al que está llegando peor parado
GeopolíticaEstados Unidos
Sólo Estados Unidos puede acabar con el orden internacional. Ya lo está haciendo y será un suicidio
Donald Trump subiéndose al Air Force One en Pekín el pasado 15 de mayo de 2026. | DANIEL TOROK/Casa Blanca (Flickr)

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Al final de la Guerra Fría, en Estados Unidos se popularizó el término “Estado canalla”. Hacía referencia a países violentos, impredecibles y con retórica antiestadounidense. En ese contexto, la gran potencia global se había quedado sin su mayor enemigo y necesitaba identificar a otros cuya belicosidad pudiera amenazar el orden internacional basado en la hegemonía occidental. Corea del Norte, Irán, Siria, Irak, Afganistán o Rusia constituían un grupo cambiante del que Estados Unidos tenía que cuidarse para mantener su poder.
La paradoja actual es que el país que mejor encaja en la definición de Estado canalla es Estados Unidos. Con un Donald Trump impredecible, de retórica autoritaria y política exterior agresiva, Washington está destruyendo todo lo que construyó. Pese a las décadas calmando amenazas externas, desde los países del Eje del Mal hasta la competición con China, ahora está cavando la tumba del orden internacional liberal que lidera. Ahora bien, con su hegemonía en decadencia, Estados Unidos todavía tiene la capacidad de transformar el mundo. Algo que ni China ni Rusia consiguen, pero de lo que ya están recogiendo los frutos.
Estados Unidos: la autodestrucción de un hegemón
Cuando se analiza el fin de un orden internacional, se tiende a pensar que llega con la victoria de una potencia sobre otra. A la decadencia de imperios como el chino, el español o el británico, o de grandes potencias como la Unión Soviética, siempre les suceden otros Estados poderosos que ocupan el espacio y transforman el orden a su medida. El actual ciclo histórico se explica más por la decadencia interna de esos mismos actores que por una derrota clara contra sus adversarios. En muchas ocasiones, estas potencias ni siquiera desaparecen, sino que se transforman en nuevo actor: más débil, tal vez con otra denominación y menor alcance internacional, pero todavía capaz de influir en el rumbo de la historia. En los cambios de orden, los perdedores tienen tanto o más que decir como los v...

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Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.