Ucrania ha inaugurado la guerra naval del futuro

Ucrania atacó la base principal de la Flota del Mar Negro rusa usando drones navales kamikaze. La operación, exitosa, no cambió el curso de la guerra pero consolidó una innovación que Estados Unidos, Irán o China buscan desarrollar para los futuros combates navales.
GeopolíticaRusia y espacio postsoviético
Ucrania ha inaugurado la guerra naval del futuro
Fuente: elaboración propia

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Sebastopol, 29 de octubre de 2022. Una serie de embarcaciones extrañas, del tamaño de kayaks, navegan a toda velocidad en torno a la base de la Flota del Mar Negro rusa. Se lanzan contra objetivos en los alrededores y llegan incluso a penetrar las defensas de la base naval. Los militares rusos se apresuran a interceptar estas naves, identificadas como drones kamikaze, pero no pueden con todas. Varias explosiones culminan el ataque al puerto más importante de Crimea y marcan un hito de la guerra naval moderna.

Los precedentes de embarcaciones no tripuladas como arma de guerra se remontan hasta la Antigüedad. Pero Ucrania es el primer país que lleva a cabo un ataque coordinado de drones navales modernos contra buques tanto en movimiento como en puerto. La operación contó con el apoyo de drones aéreos, que el Ejército ucraniano ha usado de forma eficaz e innovadora, desde los Bayraktar hasta drones comerciales reconvertidos en bombarderos. El debut de los modelos navales en Sebastopol presiona aún más a la Armada rusa, e impulsará a otros países a estudiar las nuevas posibilidades de estas invenciones.

Objetivo: Sebastopol


Controlar Crimea es clave para tener ventaja en el mar Negro. Tras la anexión en 2014, Rusia reestableció el cuartel general de la Flota del Mar Negro en Sebastopol. Desde entonces buscó mantener el conflicto con Ucrania alejado de la península, pero el ataque al aeródromo de Saki el pasado agosto o la explosión del puente que une a Crimea con Rusia frustraron los planes. La incursión del 29 de octubre tuvo lugar en el puerto de Sebastopol, en teoría seguro y defendido. Siete drones navales apoyados por nueve aéreos entraron en el perímetro y se lanzaron a toda velocidad contra varios objetivos. Son drones kamikaze que detonan su carga explosiva al colisionar con el blanco. Fuentes ucranianas publicaron grabaciones del ataque, y en algunas se aprecian helicópteros rusos que intentaban interceptarlo.

Al menos tres buques rusos fueron alcanzados. Dentro del puerto, un carguero y el dragaminas Iván Golubéts. El tercer objetivo fue más importante: la fragata Almirante Makarov, buque insignia de la Flota del Mar Negro tras el hundimiento del crucero Moskva en abril, que se encontraba en aguas cercanas al puerto. Ningún buque de guerra resultó hundido, pero fue un golpe de efecto. Rusia acusó al Reino Unido de estar detrás del ataque y suspendió un acuerdo de exportación de grano con Ucrania, aunque lo retomó días después gracias a la mediación de Turquía.

A mediados de noviembre se produjo un segundo ataque de drones navales en Novorosíisk, algo más de trescientos kilómetros al este de Sebastopol. Esta es otra base importante donde buena parte de los submarinos rusos han sido reubicados al acercarse la guerra a Crimea. Aunque solo una terminal petrolera sufrió daños superficiales, el mensaje fue claro: “En ninguna de vuestras bases estáis seguros”.

¿La primera flota naval de drones del mundo?

Atacando a la Armada rusa en casa, Ucrania socava la ya deteriorada influencia de la Flota del Mar Negro, que desde el hundimiento del Moskva con misiles antibuque apenas se aventura más allá de Crimea. Sus buques de guerra son ahora escoltados por lanchas rápidas y han aumentado las defensas portuarias. Rusia ha perdido la iniciativa en el teatro naval, lo que podría poner en peligro operaciones terrestres que dependen cada vez más del reabastecimiento marítimo tras el ataque al puente de Crimea. Y todo contra un país que apenas tiene flota, pero que compensa con tácticas asimétricas como los drones navales.

Las naves no tripuladas se han aprovechado con fines destructivos desde hace siglos. Los brulotes —barcos explosivos o incendiarios que se lanzaban contra otros buques— se usaron tanto en la China del siglo III como mil años después contra la Armada Invencible. De la Primera y la Segunda Guerra Mundial surgieron modelos de barcos explosivos en Alemania, Italia o Japón, aunque la mayoría requerían un piloto que saltase (o no) antes del impacto. Algunos grupos rebeldes o terroristas, como Al Qaeda, los Tigres Tamiles separatistas en Sri Lanka o los hutíes en Yemen también han usado barcos explosivos.

Ucrania, sin embargo, ha marcado la diferencia al ejecutar un ataque coordinado de drones navales explosivos, sofisticados y pilotados desde lejos con enlaces por satélite. Cuestan unos 250.000 dólares y están hechos con piezas de embarcaciones de recreo. Siguiendo su modelo de crowdfunding de armamento, Kiev recoge donaciones para crear la “primera flota naval de drones del mundo”. Así, hostigar o destruir objetivos de decenas o cientos de millones de dólares resulta rentable. La incursión en Sebastopol demuestra que los drones navales explosivos pueden tener un papel importante en la futura guerra naval.

Estados Unidos, Irán y China toman nota

Potencias navales como Estados Unidos y China cuentan con programas militares de drones navales experimentales de vigilancia, patrulla o desminado. Tareas más complejas requieren más inversión y sofisticación tecnológica. En un informe de 2022, la marina estadounidense fija el coste de un dron naval del tamaño de una corbeta en unos 315 millones de dólares. En el futuro, estos sistemas apuntan a tener una mayor presencia en misiones como la protección de infraestructuras marítimas clave, la lucha contra la piratería en zonas de conflicto o la guerra antisubmarina. Ahora, con la (re)entrada en escena de los drones navales explosivos se abren nuevas posibilidades y retos para las fuerzas navales del mundo.

Irán ha mostrado gran interés en los drones explosivos y le ha suministrado a Rusia aparatos suicidas para su campaña de bombardeo aéreo a ciudades ucranianas. Además, habría proporcionado a los rebeldes hutíes barcos bomba no tripulados utilizados en el ataque a la fragata saudí Al Madinah. Si Irán construye y despliega una flota de drones navales en el golfo Pérsico, por ejemplo, podría arrollar a las demás fuerzas presentes en esta región estratégica. Individualmente, los drones navales explosivos no presentan mucho riesgo, pero usados en tácticas de enjambre pueden ser muy peligrosos.

En el Pacífico, China es otro gran interesado en aprender del éxito ucraniano para una futura flota naval híbrida. Ya ha desarrollado naves dron con potencial para realizar múltiples acciones ofensivas. Ante una posible invasión a Taiwán, enjambres de drones aéreos, navales y submarinos podrían abrumar las defensas de la isla y dificultar o incapacitar los refuerzos navales estadounidenses. No es un escenario descabellado: en el controvertido juego de guerra estadounidense Millennium Challenge 2002 se demostró que el uso asimétrico de barcos suicidas puede abrumar y destruir fuerzas navales mal preparadas para repelerlos.

Ucrania ha demostrado que la práctica no está muy lejos de la teoría. La proliferación de estos drones “torpedo” iniciará el desarrollo de medidas y contramedidas, consolidando su rol en futuras operaciones navales. En Washington lo saben y hay quienes advierten que la Marina debe tomar nota de la hazaña ucraniana. El conflicto y la innovación van de la mano, y los que se queden atrás en esta nueva carrera armamentística pueden compartir destinos similares a los de Sebastopol.

Victor Gratacós

Málaga, 1993. Graduado en Derecho por la Universidad de Málaga y Máster en RRII por la Universitat Ramón Llull-Blanquerna, con diploma en gestión de conflictos internacionales por la Universiteit Utrecht. Experiencia en el campo de la observación de elecciones e interesado en temas de sociedad, geopolítica, derecho y seguridad internacional.