Geopolítica Oriente Próximo y Magreb

La insurgencia hutí en la guerra de Yemen

La insurgencia hutí en la guerra de Yemen
Concentración en Saná. Fuente: Sallam (Flickr)

El movimiento Ansarolá es la facción beligerante que planta cara a la coalición liderada por Arabia Saudí en la guerra de Yemen. Esta organización político-militar, de fuertes convicciones ideológicas, ha conseguido hacerse con el control de la capital yemení y establecer un sistema de gobierno autónomo.

Si la guerra de Yemen es un conflicto olvidado a pesar de su enorme relevancia en Oriente Próximo y del desastre humanitario que representa, aún menos se ha profundizado en las muchas aristas de las que se compone. Analizar el conflicto yemení requiere un esfuerzo por identificar sus muchas facciones, así como una mirada al pasado que ayude a entender lo que está sucediendo hoy. Este artículo se valdrá de uno de los actores claves para entender la guerra civil yemení: la organización político-militar hutí, actualmente al mando del Gobierno que disputa la autoridad del presidente reconocido internacionalmente, Al Hadi.

Sin duda, el carácter belicoso del país lleva a cuestionar diversos factores. ¿Qué motivos ha tenido el movimiento hutí para enfrentarse tantas veces al Ejército yemení? ¿Cuál es la naturaleza del conflicto y de los actores implicados? ¿Qué escenario ha configurado su escalada y a qué potencias internacionales ha atraído? Responder a estas preguntas requiere analizar con detalle esta guerra, que ya es tratada como la mayor crisis humanitaria mundial en la actualidad.

Para ampliar: “¿Impunidad para los crímenes internacionales?”, Pol Vila en El Orden Mundial, 2018

El paso a la organización

El movimiento hutí —que debe su nombre a su primer líder, Huseín Badredin al Hutí— o Ansarolá —‘partidarios de Dios’— está compuesto en su mayoría por miembros de una rama específica del islam que se encuentran fundamentalmente en la región noroeste de Yemen: los zaidíes. Esta minoría religiosa representa aproximadamente un 40% de la población yemení y su Historia no es para nada reciente: su presencia en la zona data de mediados del siglo VIII. La corriente religiosa con la que se identifican, el zaidismo, se ubica dentro de la doctrina chií, aunque también comparte rasgos propios del sunismo. En líneas generales, mientras que el chiismo entiende la figura del imán estrictamente como un elegido divino, en el zaidismo es aquel que posea mayor preparación —una figura secular— y está asociado a la lucha por la justicia —sharía— y a la defensa de la ética musulmana. Esta ideología, sumada a la posición de marginalidad a la que se vieron sometidos después de perder el poder en 1962 con la guerra de Yemen del Norte, conformará el sustrato que abonará el terreno en el que la ideología hutí crecerá más tarde.

Los hutíes serán entonces sometidos por el Gobierno de Alí Abdalá Salé, primer presidente del Yemen unificado a partir de 1990. Desde que en 2004 se levantaran en armas contra el Gobierno de Salé —asesinado por hutíes en 2017—, han entablado combate con las fuerzas gubernamentales hasta cinco veces entre 2006 y 2010 en el territorio hutí de Saada, al noroeste. El presidente Salé, en un esfuerzo por hacerse con el control de un país desmembrado, recibirá en 2009 el apoyo de Arabia Saudí, potencia regional en disputa con los hutíes por su proximidad a la frontera saudí, así como por diferencias religiosas fundamentales.

Para los hutíes, el hecho de que un país wahabí como Arabia Saudí estuviera presente y se entrometiera en los asuntos del país fue visto como una amenaza a la soberanía de la nación en general y a la suya como minoría en particular. Aparte, habrá dos figuras importantes que supondrán una amenaza directa para los hutíes por estar fuertemente influenciadas por Arabia Saudí y ser cercanas a los círculos de poder de Salé: el comandante y actual vicepresidente oficial, Alí Mosen al Ahmar, y el líder Abdalá ibn Husaín al Ahmar, ambos provenientes del partido salafista Al Islá y también vinculados a Arabia Saudí. Asimismo, los atentados del 11 de septiembre de 2001 serán también vistos por el líder del movimiento, Al Hutí, como un plan urdido por Estados Unidos e Israel para atacar el mundo árabe y así garantizar la seguridad de Israel y aumentar la influencia de Estados Unidos en Oriente Próximo.

Para ampliar: “El auge de los hutíes” (en inglés), Safa al Ahmad en BBC, 2015

Este cúmulo de acontecimientos provocará el estallido de la primera guerra de Saada en 2004, en la que Ansarolá combatirá desde su bastión en el norte a las fuerzas del Gobierno de Salé. De hecho, será Mosen quien liderará las campañas en las que se enfrentará a los hutíes. Los enfrentamientos se saldaron con la derrota militar del movimiento y la muerte de Al Hutí, cuyo cuerpo recuperará el ejército yemení para evitar la instauración de un altar —no sería hasta 2013, en un gesto de buena voluntad por parte de Salé, cuando devolverían el cuerpo—. Sin embargo, el Gobierno yemení estaba lejos de conseguir la derrota más importante: la derrota moral. Hasta en cinco ocasiones más, Mosen, en lo que algunos describen como un enfrentamiento motivado por diferencias religiosas e ideológicas —llegó a solicitar el apoyo de Arabia Saudí—, combatirá a los hutíes. Estos se harán cada vez más fuertes en torno a la figura del hermano menor de Al Hutí, Abdul Malik. La retórica antiimperialista y antisionista se reforzará hasta la actualidad, en la que identifica a Arabia Saudí como socio ejecutor de los planes de Estados Unidos e Israel en la zona.

Arabia Saudí es una de las tres potencias regionales principales en Oriente Próximo.

Los hutíes en la actual guerra de Yemen

Solo será con el estallido de la primavera árabe en 2011 cuando los hutíes experimentarán un cambio favorable radical. Esta oleada de protestas que comenzarán a brotar en varios países árabes tomará en Yemen una forma más organizada en comparación con las de Túnez o Egipto. En un principio, se podría establecer un denominador común en tanto que fueron principalmente civiles quienes ocuparon las plazas de las grandes ciudades yemeníes como símbolo de protesta contra la corrupción y la austeridad del Gobierno de Salé. Sin embargo, será más adelante cuando Mosen, que empieza a cultivar una creciente enemistad con el presidente —este quería desplazarlo del cargo para colocar a su hijo, hecho que finalmente evitó—, junto con el líder tribal Abdalá ibn Husaín, lidere una oposición para confrontar el Gobierno del presidente. Salé se ofrecerá a abandonar el cargo, en el que para entonces llevaba más de 30 años, pero las palabras se las llevó el viento y la oposición, intransigente ante la falta de compromiso del presidente, atacó la capital en lo que sería la batalla de Saná y el verdadero comienzo de la guerra civil yemení. El presidente, herido durante el ataque, será evacuado a Riad y reemplazado por su vicepresidente, Abdo Rabu Mansur Hadi, que intentará poner orden en el país y acordar la paz entre las partes implicadas.

Para ampliar: “Yemen: una historia de violencia”, Antonio Ponce en El Orden Mundial, 2016

Es en este momento, a finales de 2014, cuando los hutíes dan un golpe sobre la mesa y deciden dirigirse al sur para tomar Saná. Salé no había jugado su última carta todavía y ayudaría a los hutíes a confrontar a Al Hadi en un intento por recuperar el poder. Los hutíes no apoyaron los acuerdos de paz y se aliaron con el que fuera su mayor enemigo para tomar la capital. La Guardia Republicana, fuerza leal a Salé, supondrá un poderoso aliado para los hutíes y garantizará su paso hasta la capital. Al Hadi huiría entonces a Riad, desde donde dirige en la actualidad el territorio no ocupado por los hutíes. Estos, después de conquistar la capital, formarán un Comité Revolucionario mediante el cual dirigirán el país. Hasta la fecha han combatido a Al Qaeda –que ha luchado en ocasiones de la mano de la coalición saudí– y han desplegado un aparato paramilitar con el que intentan mantener el orden en las zonas bajo su control.

En un último giro de los acontecimientos, Salé volverá el rostro a la coalición saudí para intentar volver a hacerse con el control del país. Pensando que la casa Saúd sería mejor garante que Ansarolá y sabedor de su apoyo, lanzó un comunicado en la televisión en el que se desentendía de los hutíes y abría la puerta a negociar con Arabia Saudí. Los hutíes tomaron este acto como la última afrenta del líder yemení y en diciembre de 2017 atacaron la casa del presidente en Saná y acabaron con su vida.

Distribución territorial entre los dos bandos: fuerzas leales al Gobierno de Al Hadi —verde— y Ansarolá —amarillo—. Las regiones grises del interior corresponden a zonas de presencia de Al Qaeda y sus aliados. Fuente: Risk Intelligence

En su huida a Riad, Al Hadi pide la intervención del Gobierno saudí en Yemen. Mohamed bin Salmán, heredero de la casa Saúd, organiza una coalición de países suníes para lanzar en 2015 la Operación Tormenta Decisiva, un ataque aéreo sobre los principales enclaves controlados por los hutíes que se saldará con miles de muertos y la condena por parte de numerosas ONG presentes en la zona, así como de organismos internacionales. Este ataque se preveía como la ofensiva definitiva para luego hacerse con el control del país y lanzar una segunda operación, Restaurar la Esperanza, centrada más en el acercamiento diplomático. Nada más lejos de la realidad: la actividad bélica no cesó en ningún momento y el ataque de infantería proveniente de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Sudán se vio reforzado por el bloqueo naval que impide la entrada de ayuda humanitaria, entre otros elementos de primera necesidad, lo que sumirá al país en el infierno que se ha convertido en la actualidad.

Una de las razones es que el ejército de la coalición no termina de cerrar la ofensiva, en parte porque el funcionamiento del ejército saudí deja mucho que desear. Debido a que los procedimientos de toma de decisiones se ven afectados por una excesiva verticalidad que los vuelve muy lentos, los hutíes cuentan con un amplio margen de maniobra para hacer daño utilizando tácticas de guerrilla que se tornan tremendamente eficaces. Además, la casa Saúd elige a sus altos mandos militares en función principalmente de su afinidad al régimen, no por su valía, por lo que, aunque cuente con un ejército muy superior al de Ansarolá, los soldados de la coalición carecen de la preparación necesaria y, por tanto, no pueden explotar al máximo el armamento. Eso sin contar que la heterogeneidad de la coalición dificulta el proceso de acatamiento y toma de decisiones: encontramos soldados saudíes en su mayoría, pero también sudaneses, senegaleses e incluso mercenarios a sueldo de empresas privadas. Los soldados de la coalición carecen de disciplina y motivación y, ante los ataques de los hutíes, abandonan sus vehículos para darse a la fuga o se dejan sorprender en numerosas emboscadas.

Para ampliar: “La guerra civil de Yemen”, Yago Rodríguez en Ejércitos, 2018

Los hutíes poseen un amplio conocimiento del territorio y aprovechan esta amenaza para cernirse sobre el enemigo. En las escarpadas montañas del noroeste yemení, encuentran grutas donde esconderse de los ataques aéreos de la coalición. Al mismo tiempo, estos puestos altos les sirven como nidos de pájaro desde los que atacar a los blindados de la coalición. Así, se valen de su experiencia en el campo de batalla y de su maestría a la hora de utilizar armamento algo rudimentario —normalmente proveniente de Irán, pero también misiles antitanque de procedencia soviética y estadounidense—.

La zona noroeste del país, más escarpada y montañosa, es la principal zona de influencia hutí. Fuente: Universidad de Texas

La guerra de Yemen en el panorama internacional

En varias ocasiones, tanto dentro de Yemen como en el exterior, se ha puesto especial énfasis en situar a los hutíes bajo la influencia del Gobierno de Irán. A primera vista, esta relación podría no resultar tan extraña: Irán ya ha apoyado en otras ocasiones a diversos actores cuyos intereses se alineaban con los suyos, como Hezbolá o las milicias iraquíes chiitas. Viendo la polarización en torno a los bloques que se están configurando en Oriente Próximo, todo invita a pensar que los hutíes serían un aliado estratégico muy valioso para Irán. Al igual que Irán, tienen en el punto de mira a Israel y Estados Unidos, enemigos doctrinarios, así como a Arabia Saudí, a los que confrontan directamente en la guerra. Tanto el fundador del movimiento como su hermano, que tomó el control de la organización después de la muerte de Al Hutí, pasaron parte de su vida en Qom (Irán), un período que los marcaría ideológicamente.

Viñeta satírica en la que se muestra al líder supremo de Irán, Alí Jameini, con diferentes máscaras con las caras del actual líder del movimiento Ansarolá, Abdul Malik al Hutí, y el de Hezbolá, Hasán Nasralá. Fuente: Mohammed Rayes

¿Se puede pensar entonces que el movimiento hutí es subsidiario de Irán? La respuesta no es tan sencilla y esta conjunción de intereses debe ser matizada. Si bien “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, Irán, hábilmente, no está dispuesta a decantarse abiertamente por el movimiento hutí, puesto que podría desencadenar un efecto totalmente adverso y aumentar las tensiones con los demás miembros de la región, con consecuencias nefastas al poder atraer incluso la atención de Estados Unidos. Sin embargo, un apoyo moderado puede generar el efecto deseado. El suministro de armas, al igual que el apoyo financiero y político, han sido constantes desde 2004, año en el que estalla el conflicto entre las fuerzas de Salé. A partir de 2014, con el inicio de la actual guerra, Irán aumentará la ayuda incrementando el suministro y creando una red de medios para entrenar soldados hutíes en Líbano y el mismo Irán, lo que hace de Hezbolá un actor clave en este entramado. Esta dinámica le permite ganar cierto control en la zona, así como erigirse como una suerte de protector de los oprimidos de la región, en oposición a Estados Unidos, Arabia Saudí e Israel.

Para ampliar: “Iran’s policy towards the Houthis in Yemen: A limited return on a modest investment”, Thomas Juneau, 2016

Un futuro nada esperanzador

El escenario que se vislumbra como posible para Yemen a corto y medio plazo es poco alentador. La herida que se abrió en el país está gravemente infectada y no parece que se vaya a cerrar pronto. El pasado diciembre se organizaba en la ciudad sueca de Rimbo un encuentro entre delegados del Gobierno de Al Hadi y representantes de Ansarolá donde se acordó liberar la ciudad portuaria de Hodeida para permitir la entrada de ayuda humanitaria y alimento. Esto abre una ventana de esperanza para el pueblo yemení, el principal damnificado de esta guerra. Otros gestos de buena voluntad entre las partes quedaron demostrados al acordar un intercambio de 16.063 prisioneros, unos 8.000 de cada bando. Desgraciadamente, los acuerdos de paz en torno al puerto de Hodeida no se han cumplido y el conflicto ya ha escalado más allá de la frontera yemení. Sentar a la mesa a todas las partes implicadas parece cada vez menos probable.

Comentarios