¿Cómo lo haces, Turquía? Así domina Erdoğan el baile de las grandes potencias

Turquía se está erigiendo como una potencia capaz de mediar y lo ha confirmado con el acuerdo del grano entre Rusia y Ucrania. Aunque la política exterior de Erdoğan responde a una crisis interna, junto con su industria militar le reportan recursos e influencia en Europa, África u Oriente Próximo.
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¿Cómo lo haces, Turquía? Así domina Erdoğan el baile de las grandes potencias
El presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, en su visita a Ucrania en febrero de 2022. Fuente: foto original de la Presidencia de Ucrania (Wikimedia Commons)

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Debajo del juego de grandes potencias hay países que saben moverse por el tablero y ganar influencia. Turquía, uno de ellos desde hace años, ahora destaca con la guerra en Ucrania. El pasado julio, los turcos consiguieron que Rusia y Ucrania firmaran un acuerdo para desbloquear el transporte de grano, creando un corredor de suministro en el mar Negro monitorizado por Naciones Unidas. El pacto alivia la crisis alimentaria mundial desencadenada por la guerra, ya que Ucrania y Rusia son los productores principales de este recurso fundamental, y Turquía aprovecha para posicionarse como mediador en el conflicto.
Esto es posible gracias al equilibrio que el Gobierno turco ha mantenido entre su alianza con la OTAN y sus intereses nacionales y regionales. Mientras le vende drones de guerra a Ucrania, ha evitado sancionar a Rusia, con la que mantiene importantes lazos comerciales y energéticos. De este modo se posiciona en una equidistancia favorable, desde la que además puede presionar a sus socios. El presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, ha sabido leer el contexto actual, y gana poder dentro y fuera del país.
Occidente necesita a Turquía
Turquía lleva décadas reforzando su poder geopolítico. Lo ha hecho con ayuda de la OTAN y de la Unión Europea, para quienes se ha convertido en un socio incómodo pero necesario. Un claro ejemplo es el pacto migratorio con la UE. Junto con Marruecos y Libia, el país es uno de los principales destinos de la externalización de fronteras europea. Es decir, frena la llegada de miles de migrantes y refugiados al continente a cambio de fondos y de un impulso al comercio bilateral. Con él, Turquía no solo obtiene beneficios económicos, sino también poder de presión sobre los países europeos. En sus manos, la migración se vuelve un arma arrojadiza contra Europa de cara a disputas como las que mantiene con Grecia y Chipre por la soberanía del Mediterráneo oriental. A falta de una política migratoria común, la UE hipoteca su autonomía estratégica ...

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Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.