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Una carrera armamentista es una competición entre Estados por tener más y mejores armas. Consiste en aumentar el gasto en defensa para desarrollar un rearme constante que garantice la superioridad militar sobre otros. De esta forma, los Estados buscan mantener su seguridad y supervivencia en el escenario internacional, pero al fomentar el militarismo pueden provocar guerras. En las relaciones internacionales, la teoría realista lo explica con el dilema de seguridad: un Estado comienza a armarse, otros desconfían y empiezan a hacerlo al desconocer si los fines del primero son ofensivos o defensivos. Esta situación da pie a un círculo vicioso de tensiones que en el peor de los casos desemboca en conflictos.
Antesala de las guerras mundiales
La primera gran carrera armamentista se dio a finales del siglo XIX y principios del XX, durante la Segunda Revolución Industrial. El aumento del acero y la producción en serie permitieron desarrollar nuevas armas y tecnologías. En particular, el buque de guerra HMS Dreadnought puso en 1906 al Ejército británico a la vanguardia de las flotas navales. Su construcción lanzó al Reino Unido y al Imperio alemán a una carrera por formar grandes armadas. Pronto se sumaron Francia, Japón y Estados Unidos. Esta carrera contribuyó a la escalada rumbo a la Primera Guerra Mundial, en la que los Estados probaron su armamento.
En 1919 se firmó la paz con el Tratado de Versalles. Entre otras, este redujo el Ejército alemán y le prohibió fabricar material de guerra. Ante una incipiente carrera armamentista entre vencedores, Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Italia y Japón firmaron en 1922 el Tratado Naval de Washington para limitar su producción. Sin embargo, en los años treinta Japón no lo renovó, y la Alemania nazi pasó a rearmarse y militarizarse. Su rearme y expansionismo desembocó en 1939 en la Segunda Guerra Mundial, que se desarrolló con armamento de infantería, artillería naval y terrestre y aviones más avanzados.
La carrera armamentista nuclear
La segunda gran carrera armamentista fue la nuclear en la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Estados Unidos había marcado el fin de la Segunda Guerra Mundial detonando en 1945 dos bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Tras estos ataques, otros Estados aceleraron el desarrollo de esta tecnología. La URSS detonó su primera bomba atómica en 1949 y podía disputar la hegemonía mundial a Estados Unidos. Esto dio paso al concepto de destrucción mutua asegurada, que implicaba que si un bando usaba armas nucleares significaría la destrucción de ambos.
La carrera armamentista entre Estados Unidos y la URSS llegó a su pico con la crisis de los misiles en Cuba en 1962. Estados Unidos descubrió en octubre que había misiles soviéticos en el país caribeño, lo que desató una breve pero gran crisis por el miedo a una guerra nuclear. En 1968 se firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear, que limitaba la posesión de este tipo de armas a Estados Unidos, la URSS, Reino Unido, Francia y China, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.
Esta competición supuso un desgaste económico para Estados Unidos y la URSS. Para aliviarlo, ambas potencias firmaron en los años setenta los acuerdos SALT, que limitaban su producción de misiles balísticos intercontinentales. Sin embargo, tras la invasión soviética de Afganistán en 1979, Estados Unidos no ratificó el SALT II y aumentó el gasto militar. Washington y Moscú firmaron en 1987 el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, y en los años noventa los tratados START I y II para reducir las armas estratégicas. Por su parte, la ONU creó en 1998 la Oficina de Asuntos de Desarme para evitar la proliferación de armas nucleares, biológicas, químicas y convencionales. Sin embargo, las armas nucleares han seguido desarrollándose: hoy en día también las poseen Israel, India, Pakistán y Corea del Norte.
Rearme global e inteligencia artificial
Aunque hoy en día no hay una gran carrera armamentista abierta como las del siglo XX, la competición se refleja en dos frentes. Por un lado, en el aumento del gasto militar global, que está en máximos históricos. Algunos motivos son la presencia de China en el Pacífico y la invasión rusa de Ucrania, junto con las respuestas occidentales, o la rivalidad entre India y Pakistán. Por otro lado, distintas potencias están en carrera por el uso militar de la inteligencia artificial. Estados Unidos y China, entre otros países, están desarrollando vehículos terrestres y aéreos no tripulados para misiones de combate, algoritmos avanzados para procesar grandes volúmenes de datos en tiempo real o sistemas de vigilancia y reconocimiento facial.





