Cartografía Política y Sociedad Europa

La cronología del brexit

Descripción del mapa

La historia entre la Unión Europea y el Reino Unido ha sido más complicada que con ningún otro Estado miembro. Tal es así que esta relación ha acabado en el brexit. Un par de intentos de entrada, otro par de salida y una gran reticencia a incrementar el grado de integración europea por parte británica, que resultó en una integración asimétrica con los otros 27 miembros de la UE, han marcado estas décadas de amor y desamor.

La creación de la Comunidad Económica Europea —antecesora de la Unión Europea— en 1957 levantó el miedo en el Reino Unido de quedarse aislado del continente europeo pese a la tradición aislacionista de Londres. Por ello tres años después Reino Unido se convertía en uno de los miembros fundadores de la AELC —más conocida como EFTA, en inglés— que intentaba ser una alternativa a la CEE. No obstante, el éxito de la CEE frente a la EFTA hizo que el Reino Unido solicitase la adhesión a la comunidad europea en 1961.

Cuando el Reino Unido buscó la integración en la CEE, esta comunidad apenas se componía de los miembros fundadores.

Así, el conservador Macmillan, el mismo primer ministro que había visto surgir la CEE y que había fundado la EFTA como opción alternativa bajo paraguas británico, solicitaba también la entrada en el club comunitario. Con todo, al otro lado del canal de la Mancha, De Gaulle temía que la entrada del Reino Unido redujese el poder francés en la CEE y supusiera dejar entrar un caballo de Troya estadounidense que saboteara los intereses europeos. Por ello vetó la entrada de Reino Unido en 1963 y 1967.

No será hasta final de la década cuando la victoria de Pompidou en Francia permitiría a Londres volver a intentar la entrada al club comunitario. Además el sector empresarial británico había estrechado lazos con el continente, mucho más rentable que las antiguas colonias de la Commonwealth, que carecían del poder adquisitivo de la sociedad de consumo que cuajaba en Europa, lo que despertó un mayor interés social en la adhesión. El laborista Wilson solicitó la incorporación de Reino Unido en 1969 y finalmente el conservador Heath firmó el acta de adhesión en 1972.

Harold Wilson volvió a presentarse a las elecciones contra Heath, y, pese a haber sido el primer ministro que solicitó la entrada en la CEE, se vio obligado a hacer esta campaña presionado por el ala más izquierdista de su partido, que reclamaba de salir de la CEE; por ello hizo con una campaña a favor de renegociar su relación con la CEE y de un referéndum para abandonar el club comunitario. Su victoria llevó a un primer referéndum de brexit en 1975, donde ganó la permanencia con un 67% de los votos. Curiosamente los resultados fueron opuestos a los del referéndum de 2016: Escocia e Irlanda del Norte en contra de la futura UE e Inglaterra y Gales a favor.

El resultado del referéndum del brexit en 2016 fue claro: Inglaterra empujó al Reino Unido hacia la salida.

Tras la dimisión de Wilson por motivos de salud, le sucedió como primer ministro James Callaghan, con el que se iniciará la integración asimétrica del Reino Unido y el resto de estados de la ahora Unión Europea, rechazándose bajo su gobierno entrar en en el Sistema Monetario Europeo y el Mecanismo Europeo de Cambio.

En las siguientes legislativas los laboristas hicieron campaña apoyando una salida sin acuerdo de la CEE, elecciones que perdió contra Margaret Thatcher. Durante el gobierno de Thatcher el Reino Unido logra, en 1984, el “cheque británico”, por el que la UE compensa al Reino Unido parte del presupuesto que este aporta; sin embargo en 1985 firmaba el Acta Única Europea —con la cual la CEE se transforma en la UE— y en 1990 se une al Mecanismo Europeo de Cambio. Un momento clave del euroescepticismo británico se producirá en 1988, cuando Thatcher pronuncia su famoso discurso de Brujas.

John Major sucedió a Thatcher como primer ministro y líder el Partido Conservador. Bajo su liderazgo, a principios de 1992, Londres rechaza implantar el euro y las políticas sociales del Tratado de Maastricht, y el 16 de septiembre de ese mismo año la libra sufre un ataque especulativo que causa que esta divisa pierda valor —conocido como el “Miércoles negro”— provocando la salida del Reino Unido del Mecanismo Europeo de Cambio.

Tony Blair asumirá el Gobierno del Reino Unido en 1997, justo a tiempo para firmar el capítulo social de Maastricht —que Major había rechazado— pero rehusando unirse al sistema Schengen, incluido en el nuevo Tratado de Ámsterdam. También bajo su mandato Londres limitará la aplicación del Tratado de Lisboa en suelo británico.

Entre los Tratados de Ámsterdam y Lisboa, que marcaron la era Blair, se produjo el auge del UKIP (Partido de la Independencia de Reino Unido, por sus siglas en inglés), que en 1999 entró en el Parlamento Europeo y en las elecciones de 2004 consiguió ser la tercera fuerza política con un 15,6% de los apoyos. En las siguientes elecciones europeas, en 2009, el UKIP logró ser la segunda fuerza política del Reino Unido.

El UKIP ha sido uno de los principales partidos euroescépticos que han cobrado protagonismo en Europa en los últimos años. Aunque en las elecciones británicas no han cosechado un gran impacto, sí lo han hecho en las europeas.

El conservador proeuropeo David Cameron será el primer ministro que deba enfrentarse a este auge del partido euroescéptico. En 2012 Reino Unido rechazó pasar a formar parte del Pacto Fiscal Europeo, y ante el éxito del UKIP en las elecciones europeas de 2014 —justo antes de las elecciones británicas—, Cameron subió la apuesta y propuso un referéndum de salida de la UE. Cameron ganó las elecciones con esta promesa y convocó el referéndum de salida, pero hizo campaña a favor de la permanencia en la UE, así que al ganar la opción del brexit en el referendum del 23 de junio de 2016 dimitió y dejó como sucesora a la también proeuropea Theresa May.

May tuvo que enfrentarse a la negociación con la UE de un acuerdo de salida, pero las incongruencias de la campaña fueron saliendo a la luz y dificultando la firma de un acuerdo ante el choque entre las expectativas y la realidad. Así, May, tras invocar el artículo 50 del Tratado de la UE, iniciaba las negociaciones y un plazo de dos años para la salida en un atmósfera hostil; con una sociedad y un partido conservador divididos; proeuropeos dispuestos a dar marcha atrás e impedir la salida y euroescépticos con expectativas negociadoras poco realistas y que ignoraban los problemas territoriales de la votación en Reino Unido.

May convocó unas elecciones anticipadas con la idea de reforzar su poder y poder llevar mejor las negociaciones, pero perdió poder en el Parlamento y se vió obligada a gobernar en minoría con el apoyo externo del DUP —unionistas norirlandeses—, poco o nada dispuestos a buscar una solución pragmática al problema que la salida de la UE origina en la frontera irlandesa. Tras varios intentos fracasados de aprobar el acuerdo de salida que se había logrado consensuar con la Unión Europea y dos prórrogas sobre la fecha inicial de salida, el UKIP ganó las elecciones europeas y May presentó su dimisión.

Boris Johnson, un acérrimo euroescéptico, se convirtió en el nuevo primer ministro. Ante la imposibilidad de lograr aprobar el acuerdo de salida, y tras varias amenazas de un brexit sin acuerdo, logra una tercera prórroga de la salida y convoca unas nuevas elecciones con la misma esperanza de May de salir reforzado. Pero, a diferencia de su antecesora, consigue una holgada mayoría y la desaparición parlamentaria del UKIP, que se había renombrado como el Partido del Brexit. Tras ello aprueba finalmente un acuerdo de brexit en la Cámara de los Comunes y la salida final del Reino Unido de la Unión Europea el 31 de enero de 2020.

Comentarios