Theresa May no lloró con las víctimas del escándalo Windrush de 2018. Tampoco se la vio especialmente afectada cuando el incendio de la torre Grenfell acabó con la vida de 71 personas en 2017. Y, sin embargo, sí se le quebró la voz cuando anunció que abandonaba el puesto más importante de su vida. Al recordar estos sucesos, el periodista británico Owen Jones explica por qué no siente ningún tipo de pena ante la que dentro de poco dejará el cargo político más importante de Reino Unido. Lo cierto es que la dimisión de May no ha dejado indiferente a nadie, para bien o para mal. Su discurso, que dura menos de diez minutos, pone de manifiesto el duro e incierto camino que ha recorrido el país desde que en 2016 decidiera, por un resultado ajustadísimo, abandonar la Unión Europea.
Pone de manifiesto también que la polarización en cuanto a opiniones no se encuentra solamente en la calle: se refleja también en el Parlamento británico, cuyas alternativas al acuerdo de salida no terminan de convencer a una mayoría en la cámara. La dimisión de May pone sobre la mesa un problema que, aparentemente, comienza a ser incontrolable: la propia pérdida de control y orden dentro del Partido Conservador. Tras la dimisión de David Cameron como primer ministro y líder del partido en junio de 2016, May asumió un cargo en el que nunca disfrutó de demasiada popularidad, ni dentro ni fuera de sus filas. Atrapada en la división interna de su partido por la imposibilidad de decidir qué tipo de brexit querían de forma unánime, la primera ministra ha sido incapaz —tras tres intentos fallidos— de lograr que se aprobara en el Parlamento británico el acuerdo pactado con Bruselas.
Para ampliar: “El acuerdo del brexit y todas sus alternativas problemáticas”, Astrid Portero en El Orden Mundial, 2019
Su dimisión no garantiza que cambie la aritmética del Parlamento, a priori el principal problema para aprobar cualquier tipo de acuerdo. Tampoco modifica las declaraciones hechas desde Bruselas tras la retirada de May: el acuerdo de salida es el que es y la negativa europea a volver a abrir las negociaciones no está relacionada en absoluto con quién esté al mando del Gobierno británico. Lo que sí promete la dimisión de May es una lucha encarnizada entre diversas facciones de tories —conservadores británicos— por hacerse con el liderazgo del partido y, en consecuencia, del Gobierno.
Tras el 7 de junio, fecha oficial de su dimisión al frente de los conservadores, May seguirá cumpliendo con sus obligaciones de primera ministra —al igual que hizo su antecesor— hasta que la reina le encargue formar Gobierno a su sucesor. Durante la semana del 10 de junio, todos aquellos que quieran postularse deberán hacerlo de forma oficial. Se espera que hacia finales de junio esté completada la primera fase del proceso: la reduccion de la lista a dos candidatos. Este descarte se irá produciendo con la eliminación de aquellos que logren menos votos por parte de los miembros conservadores del Parlamento y se repetirá tantas veces como sea necesario. Esto significa que, si bien no existe un número máximo oficial de candidatos, muchos pueden pensarse postularse si son conscientes de que no obtendrán los apoyos suficientes en esta fase.
A pesar de que, históricamente, este proceso siempre se ha reducido a dos candidatos, existen rumores de que, debido a lo extraordinario de la situación, en este contexto podría permitirse la concurrencia de cuatro candidatos. De cualquier forma, durante julio tendrá lugar la segunda fase del proceso, durante la cual los candidatos supervivientes tendrán oportunidad de promocionarse por todo el país y en distintos medios de comunicación. La decisión final la tiene la base electoral del partido y no los parlamentarios: los militantes son quienes votarán directamente a su candidato favorito en un proceso de primarias. Aquel que logre más de la mitad de los votos será el siguiente líder del Partido Conservador británico y primer ministro de Reino Unido, y el partido pretende que tome posesión de su cargo justo antes del receso parlamentario por las vacaciones de verano: el 24 de julio.
Con un período de tiempo tan ajustado —el aplazamiento concedido por Bruselas para el brexit expira el 31 de octubre—, el nuevo primer ministro supondrá una figura clave en el tipo de divorcio que termine habiendo con la Unión Europea, y tanto la ciudadanía como los miembros del Parlamento parecen ser conscientes de ello. Entre aquellos que promueven y apoyan el acuerdo de salida pactado con Bruselas y que han confirmado que se presentarán están los actuales ministros de Sanidad, Matt Hancock, y Medio Ambiente, Michael Gove. Los ministros de Vivienda, Kit Malthouse, y Exteriores, Jeremy Hunt, y el vicesecretario de Estado para la negociación del brexit, James Cleverly, se presentan al proceso de selección con la promesa de ser voces nuevas y buscar caminos alternativos en el proceso de salida de la Unión Europea. Con posturas más moderadas y remainers —contrarios al brexit— en lo personal, están los ministros de Interior, Sajid Javid, y de Desarrollo Internacional, Rory Stewart.
Otros candidatos se presentan precisamente tras dimitir por estar en contra del acuerdo de salida que ofrecía May o por la manera de llevar las negociaciones con Bruselas, como es el caso de los exministros Andrea Leadsom —encargada de la relación con la Cámara de los Comunes y cuya dimisión precipitó la de May—, Esther McVey —Trabajo y Pensiones—, Dominic Raab —negociación del brexit— y Boris Johnson —Exteriores, cara principal de la campaña por el brexit durante el referéndum de 2016 y principal crítico contra las políticas de May—.
Johnson comienza esta carrera con mucha ventaja, puesto que es el favorito para sustituir a May. La supuesta mano dura que siempre ha dicho que tendría con Bruselas de ser primer ministro vuelve en estos momentos sobre la mesa, cuando la idea de un brexit suave vuelve con fuerza. Su postura podría ayudar, además, a gestionar la amenaza que supone el nuevo partido de Nigel Farage, el Partido del Brexit, que arrasó en las elecciones europeas y amenaza con repetir en unas hipotéticas elecciones británicas. Sin embargo, todo parece indicar que Johnson tendrá dificultades para superar la primera parte del proceso: si bien es el favorito de los militantes conservadores, no es tan querido dentro de los miembros de su partido en Westminster, escenario donde le lleva ventaja Raab, segundo favorito para liderar el partido por su capacidad para gestionar cuestiones legales, algo que muchos ven muy necesario en los tiempos que se avecinan. La tradición también está en contra de Johnson: históricamente, el favorito no suele ser el elegido en las primarias conservadoras. Fue así con John Major —sucesor de Margaret Thatcher— y con la propia Theresa May, candidatos hasta entonces desconocidos que ganaron las primarias.

Once candidatos en total, pero hasta mediados de junio muchos otros pueden presentar su candidatura si consideran tener los apoyos necesarios dentro de sus filas en Westminster. Y, aunque el proceso de selección termina con un nuevo primer ministro para Reino Unido, en este momento crítico la sensación generalizada es la de tener que elegir al más preparado para finalizar el proceso de separación con la Unión Europea. El siguiente primer ministro tendrá que hacer frente al mismo problema que ya ha abatido a dos de sus antecesores en el cargo y que amenaza con desintegrar al propio partido. Mientras los actores principales cambian en ambos bandos —tras las elecciones europeas, también cambian la aritmética del Parlamento Europeo y el presidente de la Comisión—, las reglas del juego siguen siendo las mismas. ¿Será el Partido Conservador la primera víctima del brexit?
Para ampliar: “¿Qué esperar de la nueva prórroga del brexit?”, Blas Moreno en El Orden Mundial, 2019