Reino Unido vive un momento excepcional de su Historia. En cualquier otro contexto, el líder de un Gobierno que sufriera una derrota tan abultada en la Cámara de los Comunes como la que vivió Theresa May el pasado 15 de enero dejaría de inmediato el cargo. No solo porque sea la mayor derrota de la Historia democrática del país, por 230 votos de diferencia —el anterior récord, 166 votos, estaba vigente desde 1924—, sino porque demuestra que el proyecto político al que ha dedicado sus esfuerzos no tiene siquiera el apoyo de buena parte de su propio partido. Pero estos no son tiempos ordinarios y May parece determinada a demostrar que ella tampoco es una primera ministra cualquiera. Con su acuerdo derrotado y a falta de poco más de dos meses para la fecha de salida del Reino Unido de la Unión —29 de marzo—, ¿qué opciones le quedan a May? ¿Cuáles son los caminos más probables en el laberinto del brexit?
En primer lugar, conviene recordar que legalmente Reino Unido está abocado a salir de la Unión en la fecha prevista, haya acuerdo que regule su salida o no. Es decir, si simplemente dejáramos el reloj correr hasta el 29 de marzo, se ejecutaría el resultado por defecto: un brexit sin acuerdo. Un divorcio por las bravas es sin duda el peor escenario, ya que traería numerosas y gravísimas consecuencias para la Unión Europea, pero sobre todo para el Reino Unido. La fecha de salida puede aplazarse, pero el precipicio volvería a llegar antes o después. Las dos únicas formas de evitarlo son aprobar un acuerdo que regule la salida o que el Gobierno británico revoque el brexit. Por tanto, aunque hay una mayoría parlamentaria en los Comunes contraria a la salida sin acuerdo, paradójicamente, este no es un escenario que se pueda descartar por completo todavía y la probabilidad de que llegue aumenta con el fracaso del resto de las opciones.
A pesar de que May sufriera una derrota sin precedentes, parece seguro que por el momento seguirá en el cargo, ya que las dos vías para desplazarla del poder están descartadas. La oposición, liderada por el Partido Laborista, presentó una moción de censura que no tuvo éxito, lo que demostraba que, aunque los conservadores descontentos y el Partido Unionista Democrático (DUP en inglés) —el partido norirlandés que sostiene el Gobierno en minoría de May— votaran en contra del acuerdo, cosa muy distinta es que estén a favor de facilitar un Gobierno del laborista Jeremy Corbyn. Y, si bien Corbyn podría volver a presentar mociones, no cabe esperar que tenga más éxito. Por otro lado, los mecanismos internos del Partido Conservador para renovar su liderazgo también son una vía muerta: la facción rebelde del partido ya lanzó un órdago contra May hace unas semanas y no lo consiguió, y las reglas de la formación solo permiten una intentona al año, por lo que May también puede estar tranquila por ese flanco. Mientras ella no dimita —y no parece inclinada a hacerlo— y no haga nada que cambie los actuales equilibrios de poder, está en su mano continuar liderando el proceso.
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